Homenaje a Luis Santos, un humanista de los siglos XX y XXI en Salamanca

Los cuatro hijos de Luis Santos presentes en la inauguración, junto al vicerrector Enrique Cabero, y Luis Barrio. /MANUEL LAYA
Los cuatro hijos de Luis Santos presentes en la inauguración, junto al vicerrector Enrique Cabero, y Luis Barrio. / MANUEL LAYA

Una exposición recuerda al médico, inventor, artista y profesor de la Universidad de Salamanca durante más de 40 años

CHEMA SÁNCHEZSALAMANCA

Once años después del fatal accidente que le costó la vida a Luis Santos y Carmina Unamuno, la Universidad de Salamanca rinde un homenaje a su exprofesor emérito, en forma de una exposición, que tiene como escenario la Sala de la Columna, en la que solo es posible acoger una breve muestra del inmenso caudal expositivo que generó el ilustre docente y poliédrico personaje.

A iniciativa de sus hijos y de un grupo de amigos, la Universidad ha hecho realidad un proyecto que es al mismo tiempo un acto de justicia y la manifestación de cómo es posible, en los siglos XX y XXI, la existencia de un humanista paseando por la ciudad –siempre al lado de Carmina- como un ciudadano de a pie, sin hacer publica ostentación de su categoría humana y profesional.

La exposición 'Formalmente informal: los mundos de Luis Santos', que organiza por la Universidad de Salamanca, y fue inaugurada ayer por Enrique Cabero, Luis Barrio y los hijos del homenajeado Carmen, Luismi, Mercedes y Enrique Santos Unamuno, nos va a permitir a unos recordar y a otros descubrir la grandeza de Luis Santos. Su biografía es un monumento al estudio y al trabajo. Es cierto que fue en relación con la Medicina donde más destacaron sus éxitos profesionales, ejerciendo como médico, cirujano, internista y profesor, especialmente en esta última faceta. Después de más de 40 años de una docencia original y nada convencional, nunca alcanzo la condición de catedrático, cosa que sí lograron algunos de sus alumnos. Él se rebeló, una y otra vez, contra el sistema de provisión de cátedras y el turnismo, contra la endogamia y el guadalajarismo universitario, y aunque nunca fue catedrático si fue reconocido como profesor emérito y como director de numerosas tesis doctorales de Medicina y Bellas Artes. Eso sí, propuso diferentes y renovadas formas de para el nombramiento catedráticos que nunca fueron aceptadas.

La exposición recién inaugurada nos permite conocer en buena medida la capacidad del médico, cirujano, internista, investigador y profesor que compagino sus conocimientos científicos con su versión de artista, artesano, inventor, arreglatodo, articulista, traductor, ilustrador, grafómano, unamuniano, coleccionista, mecenas… Sus valiosas donaciones a la Universidad de Salamanca y el depósito de 320 espléndidos dibujos de anatomía en la Biblioteca Universitaria ponen de manifiesto la generosidad de un genio.

Filólogo, articulista, chamarilero

A un filólogo empedernido como Luis Santos, respetuoso y pulcro con el idioma, en ocasiones le gustaba arreglar el universo. A veces lo intentaba desde sus artículos y colaboraciones periodística, de ciudadano comprometido, en El Adelanto, La Gaceta y Tribuna de Salamanca. Sus 'Destellos' eran esperados semanalmente con expectación por sus lectores. Una buena representación de inspiradísimos artículos de «un bromista cartesiano, formalmente informal» –como el mismo se definía– fue recopilada en dos publicaciones 'De todo los invisible y los visible' (2004) y 'De todo lo habido y por haber' (2007).

A Luis le gustaba «santar» (verbo que acabo de inventar), que nada tiene que ver con la condición canónica y religiosa del sustantivo, sino con la realización de «santadas». Las santadas eran un invento muy personal (de L. Santos) que consistía en demostrar que la materia –igual que la energía- ni se crea ni se destruye si no que se transforma.

La capacidad de transformación es infinita, un tubo de Utabón puede convertirse en la clavija hembra de un útil alargador. Una lata de aceite vacía es la base para hacer una caja recogechismes de infinitas aplicaciones y un soporte de radiografías puede tirarse, o enmarcar las creaciones más sublimes.

Así, «bordar» sería el acto de hacer un bodrio. ¿Y qué es un bodrio? Etimológicamente vendría de la raíz germánica brod que significa caldo, sopa boba o sopa hecha con sobras. Entre las acepciones de la RAE bodrio significa cosa mal hecha, desordenada o de mal gusto. También objeto de poca calidad.

Está claro que Luis intentaba bañar de humildad a sus creaciones a las que llamaba bodrios y por ello las consideraba de poca calidad. Incluso sería una pieza hecha con sobras o materiales de deshecho.

Luis Santos era un arréglalotodo, una especie de bálsamo de fierabrás, capaz de «chaperonear» cualquier desventura doméstica. La soleta de presión de un grifo era fácilmente sustituible, una arandela solucionaba el roce por arrastre de una puerta, un tirafondos unía para siempre dos listones rebeldes que amagaban separarse y una banda de lona devolvía la tensión al asiento de un sillón. A veces necesitaba ayuda. Como cuando acudía al taller de fontanería de Ángel del Collado. Allí llegaba y le contaba al titular un problema que tenía con un grifo. Tras explicarle la dificultad, cogía un folio, le dibujaba el grifo a escala, con detalle de todas las piezas y, finalmente, sacaba el grifo averiado de la cartera. Sin dejar de explicarse se hacía con una llave inglesa, desmontaba el grifo, le pedía una soleta nueva y una arandelal, y procedía de nuevo a montar el artilugio ante la paciente mirada del bueno de Ángel, quien finalmente tomaba el dibujo que Luis dejó en la mesa y con unas chinchetas lo clavaba en el corcho de los avisos y encargos.

En fin, chaperones que obligaban a un hombre continuamente ocupado, como Luis Santos, a inventarse días de veinticinco horas para poder atender los infinitos frentes de una mente inquieta que no tenía límites.