La escultura de Ignacio Villar llena La Salina

Una de las piezas de la exposición en el patio de La Salina. /C. SÁNCHEZ
Una de las piezas de la exposición en el patio de La Salina. / C. SÁNCHEZ

Bronce, hierro, madera, piedra y gres son los soportes de una interesante muestra de arte contemporáneo de raíz salmantina

CHEMA SÁNCHEZSALAMANCA

De casta le viene al galgo es el pensamiento que acude a la mente del espectador cuando se acerca a la doble exposición de la Salina -sala y patio- a la búsqueda de los volúmenes que se anuncian en dichos espacios.

Allí se exhiben las obras de Ignacio Villar, hijo de Damián Villar al que le tenían miedo las truchas y los barbos del Tormes y del que decía el bueno de Venancio Blanco (alumno suyo) que le gustaba más la pesca que el taller. La iconografía de Damián Villar es bien conocida tanto a nivel institucional como particular y él fue el autor de la imagen de la Esperanza que se ubica en San Esteban y que fue objeto de una polémica restauración, que acabó con sentencia judicial condenando al restaurador que convirtió la pieza del artista salmantino en una virgen sevillana. Fue Ignacio Villar, en nombre de la familia, el demandante al que el juez dio la razón

Hace años adquirí una pieza del hijo de Damián Villar y posteriormente lo conocí como alumno del título de Grado de Historia del Arte en una visita a la Escuela de Arte y Superior de Restauración de la Avenida de Filiberto Villalobos. Ahora nos encontramos su obra en la sala de exposiciones de la Diputación y en el Patio de la Salina y nos permiten observar una muestra que pone de manifiesto la madurez del escultor pese a tratarse de un artista relativamente joven.

Del patio a la sala

En el patio del Palacio de la Salina pueden verse una serie de obras de hierro, de formas abstractas, en las que uno tiene la sensación de que a través de esa cátedra primitiva que fueron la fragua y la forja ha buscado concretar sus inquietudes artísticas de forma en la que ha dado rienda suelta a su inspiración. Se trata de formas sobrias, firmes, sólidas muy en relación con la tierra que la ha visto nacer y con el aire de la escultura contemporánea acorde con la época en la que han visto la luz, Se trata de piezas de corte muy personal en las que se nota el contacto directo de la mano del artista que hasta el último momento le ha dado un toque propio sin la ayuda de terceros o colaboradores. La geometría preside este espacio creativo en el que esferas, semiesferas, planos y ejes constituyen el lenguaje con el que Ignacio Villar concreta sus piezas.

Más de medio centenar de obras de bronce, hierro, madera, piedra y gres, jalonan el recorrido de la sala de exposiciones de La Salina. Ignacio Villar muestra un imaginario de formas predominantemente abstractas, rotas por los escarceos figurativos de la serie de palomas.

Tal y como hemos apuntado, Ignacio Villar experimenta con todos los soportes y técnicas, aunque entendemos que donde alcanza su maestría es en los trabajos en bronce, quizás como consecuencia del perfeccionamiento que ha alcanzado desde su condición de profesor de fundición y en sus investigaciones y estudios en relación con el trabajo del bronce a la cera perdida.

El conjunto de la exposición se encuadra dentro de lo que desde comienzos del siglo XX se ha conocido como escultura contemporánea en sus diferentes manifestaciones y proclamas. Creo que la inspiración del artista salmantino no es ajena a la educación que mamó en su propio domicilio, a ciertas influencias de Venancio Blanco, Pablo Serrano y José Luis Sánchez. Las palomas recuerdan el trato alado que da al bronce el uruguayo Enrique Broglia, y el mundo de las esferas tiene alguna reminiscencia de Ginmarino Grassi, Kioshi Takahashi, Augusto Arana y Faustino Aizkorbe.

Una exposición realmente interesante dentro de los parámetros de la escultura del siglo pasado y del actual.

 

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