«Lo más duro del alzheimer es saber que no hay solución y cada vez va a más»

Silvano Juanes junto a su mujer, Carmen Méndez, en una zona de AFA Salamanca. /LAYA
Silvano Juanes junto a su mujer, Carmen Méndez, en una zona de AFA Salamanca. / LAYA

Carmen Méndez pone rostro a una enfermedad que padece su marido desde hace tres años, una lucha diaria contra el olvido

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

Los miércoles y viernes, Carmen y su marido van a jugar a la partida de remi con sus amigos de siempre. El único cambio en los últimos tres años es que Silvano Juanes juega con más torpeza y se toma su tiempo para poner su carta sobre la mesa. En 2013, cuando tenía 68 años, recibió el diagnóstico que nunca se espera:«Deterioro cognitivo leve con posibilidad de alzheimer», recuerda su esposa.

En la actualidad, con 72 años, este salmantino está en una fase inicial de la enfermedad y acude cada día al servicio de promoción de la autonomía personal de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Salamanca (AFA).

En el Día Mundial de esta enfermedad, que se celebra hoy, Carmen Méndez pone rostro al alzheimer, porque el cuidador sufre por dos: «Para mí lo más duro es que sabes que no hay solución, no hay curación, y cada vez va a más, lo piensas continuamente», relata.

La primera señal de alarma en Silvano fue algo parecido a una depresión, con un cambio de comportamiento que notó enseguida su mujer. «Fuimos al médico y nos derivó enseguida al neurólogo, donde lo hicieron un SPECT para ver su actividad cerebral», recuerda Carmen. En ese momento ya recibió el diagnóstico que cambiará sus vidas y aquellos planes que tenían de viajes con su jubilación, tras una vida sacrificada dedicada al campo y la ganadería. Durante seis meses estuvo en el CRE Alzheimer de Salamanca, pero Carmen notaba como Silvano se comportaba de nuevo de forma extraña.

«Él salía mucho a pasear y un día se perdió. Tuvimos la suerte de que le vio un conocido al que comentó que no sabía volver a su casa», apunta. Fue en ese momento cuando se acercó a AFA Salamanca para que Silvano recibiera estimulación cognitiva, y a donde acude desde hace justo un año.

Carmen se siente aliviada porque a su marido le ve feliz, «viene contento y está deseando que llegue el lunes para volver al cole, como dice él». Como cuidadora principal reconoce que su marido la tiene absorbida, «como una esponja», ya que Silvano es dependiente de ella, y solo con ella se siente seguro:«De otra forma se siente perdido y siempre está agarradito de la mano, así vamos siempre», subraya. Carmen intenta dar cierta autonomía a Silvano:«Le dejo que vaya a buscar el pan, que está al lado de casa, y los domingos a misa, son los dos sitios a los que va él solo». Además, realiza algunas pequeñas tareas del hogar, como poner la mesa, abrir la ventana de la habitación, deshacer la cama, etc.

Otro de los rituales de esta pareja es ir a bailar los domingos, algo que mantienen por encima de la llegada del alzheimer a sus vidas. «A Silvano le encantan los pasodobles, a veces se pierde, pero le vuelvo a guiar y seguimos bailando», apunta Carmen. Ella valora como nadie contar a su alrededor con amigos y familia que les apoyan de forma incondicional:«Nos ayudan muchísimo».

El alzheimer no es nuevo para Carmen, su madre padece esta enfermedad desde hace unos años, pero como precisa, no es lo mismo vivirlo en su pareja:«Son las 24 horas del día pendiente de todo». Ella acepta la enfermedad, «le ha tocado a él pero también me podía haber tocado a mí, u otra enfermedad, como un cáncer».

Asimismo, argumenta que el alzheimer es muy duro, «porque son personas que tienen mucha vitalidad y duran mucho tiempo, y al final, queman a la persona que está a su lado». Carmen asimiló la enfermedad de Silvano e intenta ser realista:«Intentas hacer todo lo que humanamente se pueda». Hoy se acercará a la Plaza Mayor, a suelta de globos de AFA, y como siempre, de la mano de Silvano.

 

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