«Despreciar la poesía de raíz cristiana es como querer tapar el sol con un dedo»

Alfredo Pérez Alencart. /J.A.
Alfredo Pérez Alencart. / J.A.

El autor presenta el nuevo Premio Rey David de Poesía Bíblica Iberoamericana, nacido en Salamanca

BORJA DOMÍNGUEZSALAMANCA

Tiene razón el periodista y poeta Jesús Fonseca: Mucho es lo que debe la cultura de Salamanca al poeta Alfredo Pérez Alencart, quien además de su notable obra literaria, traducida a numerosos idiomas, realiza desde hace tres décadas una labor promotora innegable. También ahora aquellos que se estiman cristianos podrán sentirse orgullosos de esta nueva iniciativa que ha gestado desde Salamanca, el Premio Rey David de Poesía Bíblica Iberoamericana, cuyas bases pueden consultarse en la página web de 'Tiberíades': http://tiberiades.org/.

– Muy original esta propuesta. No existe otro galardón de semejantes características en Iberoamérica.

– Si original es volver a los orígenes, nuestra propuesta sigue esa estela, aquella que busca reivindicar que buena parte de la mejor poesía de todos los tiempos está contenida en la Biblia. Desconozco de otro premio que remarque esta impronta, y no solo dentro del marco iberoamericano. El plazo se abre hoy y termina el 1 de junio.

– ¿Podría ser porque la poesía con raíz cristiana había caído en desgracia, considerada como de poca calidad o muy sesgada y con moralina?

– Posiblemente sea debido a lo que apunta, pero esos desdenes se deben a un excesivo desconocimiento o una voluntariedad de querer tapar el sol con un dedo. San Juan de la Cruz es el máximo poeta en nuestra lengua y nadie puede ni quiere cuestionar su anclaje cristiano y sus cánticos a lo divino. La fuente poética está en la Biblia, también para Juan de Yepes. David, Salomón, el llamado Job, Isaías, Juan en Patmos, el escriba de los Proverbios…, la lista es extensa, porque desde Génesis hasta Apocalipsis el lenguaje poético vivifica la Historia que recomienza con el Amado galileo, magno poeta a través de sus parábolas y de su ejemplo en favor de los demás, sean malhechores o excluidos. Poetas admirables los de la Biblia, empezando por David. Y no nos adentremos en el 'Cantar de los Cantares', máxima creación sobre el amor carnal, pues Dios nos entregó el Eros. Sería extenso, aunque placentero, seguir. Pero hoy nos convoca un premio.

– ¿Qué nos dice sobre la gestación del mismo?

– Es algo que venía dando vueltas desde hace dos lustros, al menos. Cuando en mi madurez leí la Biblia, pues soy creyente tardío, los salmos de David calaron en mi corazón y en mi entendimiento. Luego, tras escuchar o leer algunos improperios o descalificaciones hacia él, surgidas de propios cristianos sesgados o un tanto ignaros, comprendí que era este el momento para hacer encomio de los salmos y de la figura de ese magno rey que pidió perdón por sus errores y que fue un hombre digno de ser admirado y no objeto de tantas envidias y inquinas, entonces y ahora, y casi siempre por castas eclesiales que se proclaman perfectas. Como poeta y como creyente imperfecto, el alentar este premio era de necesidad extrema para con el autor del salmo que leí a mi padre en su lecho de hospital, días antes de su muerte: 'Jehová es mi pastor; nada me faltará... /En lugares de delicados pastos me hará descansar;/ Junto a aguas de reposo me pastoreará.// Confortará mi alma;/ Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre./ Aunque ande en valle de sombra de muerte,/ No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;/ Tu vara y tu cayado me infundirán aliento…'. Ver la alegría en el rostro y en los ojos de mi padre se lo debo a David, y no me avergüenzo de ello, como tampoco lo hizo Cristo: 'Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana'.

– ¿Y qué hay del apoyo de otras entidades o personas que han hecho posible sacar adelante el premio?

– Digo que es un auténtico privilegio trabajar con el filólogo y traductor Juan Carlos Martín, hermano y amigo, ahora secretario general de 'Tiberíades', pues su labor es invaluable en todas las facetas, no solo en el premio sino en la magnífica página web que gestiona. 'Tiberíades' es una red de poetas y críticos cristianos que hemos creado desde Salamanca y es la principal entidad impulsora del premio, a la que se han sumado la Sociedad Bíblica de España, que editará el libro ganador, y la Fundación RZ para el diálogo entre Fe y Cultura, quien aportará la dotación económica del mismo. Grande es mi gratitud hacia sus responsables, Luis Fajardo y Andy Wickham, de quienes he tenido un total apoyo y confianza. Lo mismo puedo decir del equipo directivo de Tiberíades y de sus consejos asesores, tanto de España como de Iberoamérica. Precisamente, y como complemento a las bases del premio, hemos publicados dos ensayos interesantes: 'El lenguaje bíblico en la poesía de José Emilio Pacheco', por el mexicano Leopoldo Cervantes Ortiz, y 'Sobre el premio Rey David', por Stuart Park, ambos miembros del consejo asesor.

– ¿Se puede considerar estos trabajos como una suerte de brújula para orientarse en la temática del premio?

– Ya en las bases reconocemos el valor insoslayable de la palabra poética en el Libro de los Libros. Con el premio quisiéramos alentar su lectura sin estigmas o anteojeras, lo que podría generar la escritura de nuevos libros de alto voltaje lírico y ético, especialmente necesarios ahora. En tal sentido también citamos algunos versos de Gabriela Mistral o frases de José Ángel Valente y de León Felipe, para así demostrar que en tiempos más próximos ha habido grandes poetas próximos al anclaje bíblico.

– De auténtico lujo se puede considerar el jurado…

– Es verdad. Indelebles gratitudes debo a este selecto jurado iberoamericano integrado por Colinas, Nejar, Carrillo, Salvado, Noguerol, Mujica, Massone, Blum, Martínez, Rivera-Pagán, Pavón, Fajardo y Martín Cobano. Un privilegio para mí, como presidente del mismo, pero también para quien resulte ganador del premio.

– En esta cita tampoco falta el pintor Miguel Elías...

– Es el pintor de los poetas y siempre acompaña mis empresas. Ahora aporta un magnífico cuadro en torno al Rey David. La deuda con él sólo la puedo ir saldando con mi hermandad.