Castilla y León es el problema, urge una profunda transformación

Proyección de la población en Castilla y León. /ICAL
Proyección de la población en Castilla y León. / ICAL

Revitalizar el territorio del mañana no puede hacerse sobre las estructuras administrativas de hace casi doscientos años

JOSÉ LUIS ALONSO SANTOSSALAMANCA

La situación que presenta la región a día de hoy es más que preocupante. Bien es verdad que desde que asumiera sus competencias como Comunidad Autónoma (CC.AA.), Castilla y León (CyL) ha caminado con paso firme hacia la insignificancia económica, de población y política en la España de las autonomías. Finalizó el siglo XX con pérdida de peso en el conjunto nacional de sus indicadores económicos y demográficos, tendencia que se ha mantenido hasta el presente. A mediados de los años 80 del siglo pasado su economía representaba el 6,1% de la nacional, se reduce al 5,5 por ciento en 2000 y la tendencia regresiva se proyecta al presente (2018) en que su PIB ha caído al 4,9% del español. Sencillamente, ha sido constante el menor crecimiento de la economía de CyL respecto de la nacional. Ni en la mal llamada década prodigiosa (en la que cualquier españolito podía entrar en una sucursal bancaria y salir con la cartera llena de euros baratos amortizables a muy largo plazo) CyL creció al ritmo que lo hacia la economía de España: tasa interanual de España del 3,3% frente apenas el 2,3% CyL. En el quinquenio de recuperación económica iniciado en 2014 asistimos a la misma dinámica con tasa de crecimiento interanual de España del 2,8 por ciento frente al 2,0 por ciento CyL. Estamos ante una situación permanente y no coyuntural, por tanto, muy grave y de carácter estructural.

También negativo es el balance del músculo empresarial que ofrece el Directorio Central de Empresas (DIRCE): en 2001 el 5,6 por ciento de las empresas de España estaban radicadas en CyL, en 2008 habían bajado al 5,1 por ciento, quedando reducidas al 4,9 por ciento en 2018. De nuevo, la recuperación tras los años de crisis económica es inferior a la nacional ya que el pasado año había en España un 2,5 por ciento de empresas menos que en enero-2008 mientras que en CyL el desfase era del 6,5 por ciento. En los años 2015-2018 de recuperación económica se crearon 218.336 nuevas empresas en el solar nacional pero únicamente el 1,2 por ciento de ellas lo hacen en suelo de CyL (2.513) ¡y lo que nos han bombardeado con el emprendimiento!.

La persistente debilidad económica de la región se traduce en limitadas o nulas oportunidades laborales para los jóvenes lo que ha alimentado la cultura de tierra sin futuro a la vez que la capacidad de atracción de inmigrantes es muy limitada (apenas el 2,7 por ciento de los dos millones largos de trabajadores extranjeros afiliados a la Seguridad Social en marzo -2019 corresponden a CyL). En suma, población adulta joven en disminución y débil atracción de inmigrantes desembocan en dos graves hechos que caracterizan a CyL: la regresión demográfica con fuerte envejecimiento humano y la intensa despoblación del mundo rural. Es cierto que ambos hechos presentan amplia geografía en la España rural desde los años 60 de la pasada centuria pero en CyL han adquirido especial virulencia. Tratándose de procesos de larga trayectoria en el tiempo no resulta convincente el revuelo reciente en torno al mundo rural y su despoblación resumido de forma afortunada por los medios de comunicación como la «España vacía/vaciada». De pronto, todo el mundo político ama al campo, al mundo rural, a sus desperdigados habitantes. Para revertir la situación cortando la hemorragia emigratoria de los jóvenes y generar mayor potencial de atracción de inmigrantes, tendría que producirse por años en la economía regional el milagro de un crecimiento bastante superior a la media nacional. Por tanto, en los próximos años la población de CyL seguirá envejeciendo y disminuyendo ya que el índice de crecimiento natural es muy negativo. Mientras España en el último cuarto de siglo mantiene un paupérrimo crecimiento vegetativo positivo, desde 1988 está desaparecido de CyL y tampoco se le espera ya que su tasa actual es negativa en 5,5 puntos (segunda peor del país) que se concretan en la pérdida de 13.470 personas en 2017 como diferencia entre nacimientos y óbitos (una sangría humana tremenda año tras año).

La persistente debilidad económica de la región se traduce en limitadas o nulas oportunidades laborales para los jóvenes

Es en el medio rural, en sus pueblos, donde la regresión humana se muestra devastadora pero, cuidado, porque cada día está más presente en los núcleos semiurbanos comarcales e incluso las pequeñas ciudades (hasta 50.000 habitantes) están siendo afectadas. Fenómeno de escala universal, la pérdida de protagonismo del hábitat rural continuará en los próximos años aunque también hay que decir con rotundidad que seguirá gozando de buena salud (potenciando incluso opciones de residencia temporal) en aquellos municipios en los que se ha sabido -o podido- implantar sobre las existentes, algunas de las actividades y actitudes insertas en las corrientes dinamizadoras de la sociedad abierta avanzada.

La situación en la que nos encontramos se ha labrado al amparo de la actitud de autocomplacencia y conformismo que en el tiempo han mostrado los actores con capacidad de decisión y/o presión política (partidos políticos que han gobernado, asociaciones empresariales y sindicales, medios de comunicación, universidades) así como la ciudadanía en general, conservadora y ensimismada. Urge romper con las actitudes conformistas y la inacción pues la peor de las opciones es seguir de brazos cruzados ante los problemas de gestión política y económica que han cuajado en desastre demográfico. Los actores políticos de la región y sus asesores no pueden seguir soslayando la necesidad de identificar y potenciar los sectores y ramas de actividad con proyección de futuro ¿sectores estratégicos? así como «lugares» bien dotados de infraestructuras físicas, de comunicación e información eficientes a escala local y global.

La organización política y administrativa del territorio y su gestión así como la naturaleza y fortaleza de la base económica son pilares fundamentales de la cohesión social y el desarrollo del territorio pero también anclaje de la cultura cívica e identitaria ciudadana con el espacio que habita. Castilla y León arrastra serios desajustes de organización y gestión que reclaman la toma de medidas de calado.

Gestión política y estructura territorial

Los residentes actuales de CyL no llegamos a 2,4 millones (5,1% nacional), sin embargo, si tirásemos del humor negro, deberíamos considerarnos afortunados si se entiende que a más políticos por habitante corresponde mejor gestión y administración del territorio. Sumados los parlamentarios nacionales, europeos, regionales, los diputados de las nueve diputaciones y la comarca del Bierzo así como los alcaldes de los 2.248 municipios (concejales excluidos) tocamos a más políticos per cápita que a kilómetros cuadrados vacíos. Tantos niveles de administración remiten a gestión ineficiente y cara además de ser un obstáculo para tejer consensos. En otras palabras, tenemos exceso de políticos a la vez que estamos faltos de políticas de regeneración social y democrática de la comunidad.

Revitalizar el territorio del mañana no puede hacerse sobre las estructuras administrativas de hace casi doscientos años. Ni la normativa nacional ni la autonómica se oponen a la fusión-agrupación-concentración de municipios y son varias las CC.AA. que han dado pasos en esa dirección mientras en CyL no se ha pasado de marear la perdiz. El cacareado municipalismo por algunos invocado como instrumento de modernización territorial no puede asentarse en la actual proliferación de municipios (2.248 algo más del 27% de los existentes en el país) entre los que sobresale una pléyade de micromunicipios lastrados por pobres presupuestos e incapacitados para prestar los servicios más elementales a sus habitantes. Las propias diputaciones o dejan de ser o sus gestores políticos han de ser de elección directa. España tiene1.360 municipios que no superan los cien habitantes y algo más de la mitad (50,7%) están en CyL; son 2.627 los que tienen entre 101-500 residentes, de los que 1.103 corresponden a CyL. Si atendemos a la población residente en estos pequeños municipios, apenas el 1,6 por ciento de los españoles reside en los que no superan 500 habitantes mientras que ascienden al 12,4 por ciento de la población en CyL. Cabe preguntarse en qué grado en el hábitat de CyL perviven sólidos rasgos o singularidades de su poblamiento histórico y en qué grado estamos ante la inadecuada modernización de la sociedad regional. Lo cierto es que la actual organización municipal potencia la despoblación.

A su vez, el menor grado de urbanización y de dinamismo de la economía urbana que caracteriza a CyL en el conjunto del país es rémora muy grave derivada del inadecuado proceso de industrialización y modernización económica del siglo XX.

Debilidad crónica de la economía urbana como agente difusor de vitalidad

En el siglo XXI las fuerzas que crean, introducen y difunden las innovaciones técnicas, de organización y gestión económica así como transmiten la información y el conocimiento, modernizando la sociedad y propiciando las actividades y el empleo, fluyen entre y desde nodos globales (grandes ciudades y áreas urbanas) tejiendo redes a las que han de engancharse con éxito dispar los nodos secundarios nacionales/regionales. En paralelo, los «espacios en sombra» o perdedores se amplían a medida que se distancian de los nodos centrales. Las ciudades de CyL son pocas y pequeñas, con base económica más convencional que innovadora y dinámica hasta el punto de no estar siendo actores relevantes en la recuperación económica de los últimos años. En 2018 los residentes en ciudades con más de 100.000 habitantes ascienden al 40,0 por ciento de los españoles mientras en CyL se quedan en el 30,9 por ciento. Pero si contemplamos la localización de los trabajadores afiliados a la Seguridad Social, el porcentaje en las ciudades de CyL vuelve más bajo que el nacional. En efecto, el reciente mes de marzo concluyó con 172 centros urbanos (capitales de provincia y municipios con más de 40.000 habitantes) en los que residen el 51,1 por ciento de los españoles y albergan el 63,3 por ciento de los trabajadores afiliados a la SS. Los mismos indicadores en CyL se reducen a las nueve capitales de provincia y la ciudad de Ponferrada, en las que apenas reside el 45,6 por ciento de los castellanoleoneses y el 56,6 por ciento de los afiliados a la SS.

La debilidad del sistema urbano funcional se revela aún más grave al observar de 2008 -inicio de la crisis económica- al presente la evolución laboral de las diez ciudades incluidos los municipios del alfoz (aquellos colindantes con la ciudad) de las cuatro que superan los 100.000 habitantes. Ninguna ha recuperado el número de trabajadores con los cierran 2007. Por supuesto, el balance es más negativo en las cinco pequeñas ciudades de 20.001-50.000 habitantes. En CyL pervive aún una situación felizmente superada tanto por la economía nacional (abril) como por el conjunto de los centros urbanos. En resumen, el reducido tamaño del sistema urbano y su falta de vitalidad económica están en el centro de los problemas que arrastra la comunidad. Gripado el corazón sistema que concentra el 69,5 por ciento de los trabajadores y el 51,5 por ciento de la población, resulta perfectamente comprensible que el resto del territorio en grados de intensidad diferente sufra el estancamiento económico, la regresión demográfica y la despoblación. Cierra el texto el título que lo abría.

* J.L. Alonso es geógrafo