La Casa Consistorial y el teatro de La Alberca se pulen por primera vez por el Corpus

Tanto la Casa Consistorial como el teatro lucían ayer en sus fachadas colchas y paños con bordados serranos. /M. LAYA
Tanto la Casa Consistorial como el teatro lucían ayer en sus fachadas colchas y paños con bordados serranos. / M. LAYA

La Plaza Mayor se llena de paños bordados para recibir al Santísimo Sacramento bajo palio, que realiza paradas en otros cinco altares

M. JESÚS GUTIÉRREZ / WORDLA ALBERCA

El protocolo, la autenticidad y la rigidez volvieron a ser, un año más, protagonistas durante la celebración del Corpus Christi ayer en La Alberca, si bien este año se podría decir que ha habido alguna novedad respecto a ediciones anteriores. Y es que, por primera vez, la Casa Consistorial y el teatro municipal se pulieron en esta festividad, y así recibieron a la procesión del Santísimo bajo palio con paños y colchas bordadas colgando de sus fachadas dando, si cabe, mayor belleza a la Plaza Mayor, que en la jornada de ayer rebosaba con el arte fruto de las manos artesanas de las albercanas.

De esta forma, altares y calles por donde pasaba la procesión -tras la celebración de la eucaristía concelebrada por el párroco, Alfredo Fernández, junto a los sacerdotes Miguel Cilleros, Hermenegildo y José Antonio Hoyos- mostraban el trabajo artesanal realizado por diferentes generaciones de albercanas.

La procesión, como manda el protocolo, contó con la participación de los estandartes de todas las cofradías de La Alberca, así como de los cofrades del Santísimo, vistiendo capa española, y de los niños de Primera Comunión, además de cientos de fieles y visitantes, que acompañaron al séquito desde la iglesia en su recorrido por todo el pueblo, con parada en los distintos altares creados para la ocasión, donde tras los rezos realizados por el párroco, Alfredo Fernández, los niños de Primera Comunión cubrían de pétalos de rosa al Santísimo Sacramento.

El Solano (en la casa parroquial), la Plaza Mayor, la calle principal, la plaza de San Antonio, El Chorrito y Barrio Nuevo fueron los lugares donde, este año, se ubicaron los altares, en cuyo suelo se había esparcido tomillo, y donde se realizaron las paradas en una procesión acompañada por la música de los tamborileros Fernando Barés y Pedro Muñoz. Y que finalizó en el Solano Bajero donde tuvo lugar el ofertorio, iniciado por las autoridades (alcalde y juez de paz en primer lugar) y seguido por el abad, Marcelino Martín con su familia, y por los mayordomos, José Puerto y Vicente Puerto y familias.

Hay que señalar que en el momento en el que el grupo del abad realizó su ofrenda, el tamboril y la gaita se silenciaron en señal de duelo por el fallecimiento de dos de sus familiares en el último año.

El ofertorio finalizó, tras la entrega de donativos por parte de los cofrades y de los fieles, con los niños de Primera Comunión lanzando pétalos de rosa al Santísimo Sacramento en las escalinatas de la iglesia parroquial.