Los 110 años de un ilustre vecino

Edificio del Mercado Central de Salamanca. /LAYA
Edificio del Mercado Central de Salamanca. / LAYA

El Mercado Central fue recibido como «algo europeo» y beneficioso para la ciudad

D. BAJO / WORDSALAMANCA

No es la célebre Universidad, que acaba de cumplir ocho siglos, ni la grandiosa Plaza Mayor, que está cerca de las 265 primaveras, ni el eterno Puente Romano, que cuenta su vida por milenios, pero hay otro elemento del patrimonio local que también conmemora esté 2019 un cumpleaños 'redondo': el Mercado Central, que celebra 110 años desde su inauguración. Las obras comenzaron en 1899 y concluyeron 10 años después.

En una ciudad que presume de piedras doradas, un edificio de hierro forjado, colocado a la sombra de la Plaza Mayor y usado para algo tan 'mundano' como la compra de productos de primera necesidad podría pasar desapercibido, pero el Mercado Central también ha sabido hacerse un hueco en la historia cotidiana de la capital.

La web de este emplazamiento recoge su historia y sus peculiaridades. Antes de la Plaza Mayor y de la plaza del Mercado, el centro de la ciudad estaba ocupado por una inmensa explanada abierta en la que se compraban y vendían productos y en la que discurría la vida cotidiana. La Plaza Mayor ocupó parte de esa gran superficie y 'empujó' a los vendedores hacia lo que hoy es la plaza del Mercado. Ya en el siglo XVIII «se pensó en construir un edificio en el que los vendedores y los puestos estuvieran protegidos de las inclemencias del tiempo». Dicho edificio aún tardaría unas cuentas décadas en estar a punto.

«La evolución social y la necesidad de un comercio especializado, en el que se vendieran exclusivamente productos de alimentación, fueron la causa de que el Ayuntamiento empezara a levantar, a finales del siglo XIX, el edificio del Mercado Central», recoge la web de éste. El Consistorio «quería reunir en un gran centro comercial las diferentes actividades del ramo de la alimentación diseminadas por entonces en distintos lugares de la ciudad».

Joaquín de Vargas diseñó tanto la Casa Lis como el Mercado Central

Pero del dicho al hecho... el proyecto final no se dio a conocer hasta 1899, con un plazo de construcción de dos años. Finamente serían casi 11, pero apenas tres de trabajo efectivo. «Las grandes lagunas de tiempo inactivo correspondieron a la falta de dinero en el Ayuntamiento para hacer frente a las certificaciones del contratista y no faltaron meses de inactividad motivada por las demandas de mayor salario de los trabajadores».

433.000 pesetas

El proyecto corrió a cargo de Joaquín de Vargas, el mismo que diseñó la Casa Lis. El Mercado Central costó 433.000 pesetas de las de hace más de un siglo. Tiene una planta rectangular de 40 x 44 metros y ocupa 1.760 metros cuadrados, forjados a base de hierro, ladrillo y cristal. Con estos materiales se construyó el siglo XX.

Los trabajos se prolongaron durante más de una década por la falta de fondos ya mencionada y por los inconvenientes de cualquier obra (expropiaciones de fincas, quejas vecinales, retrasos en los materiales... Un ejemplo: «en las columnas de fundición de las fachadas se lee, junto a la inscripción de la casa constructora madrileña, el año 1905; en la portada trasera, en el montante de la puerta, el año 1907; por último el Mercado se inaugura el 15 de abril de 1909». Al día siguiente, la prensa local reivindicó el Mercado como «algo europeo, que alienta a conseguir una Salamanca mejor». Es un inmueble funcional, abierto, bien ventilado y que cumple perfectamente con aquello para lo que se diseñó. Se omitieron algunos detalles del proyecto inicial, como azulejos de varios colores o una fuente en el centro, pero la ciudad no dudó en darle la bienvenida y en hacer buen uso de sus instalaciones.

Hoy en día se hace difícil imaginar esta ciudad sin su Mercado Central, aunque a mediados del siglo pasado no faltaron quienes propusieron echarlo abajo. (En su día también se habló de construir un aparcamiento bajo la Plaza Mayor o de derruir parte de San Esteban para ampliar la Gran Vía. La historia esta llena de 'iluminados'). Aquellas voces cayeron en el olvido y el Mercado sigue cumpliendo con su labor cotidiana.

Los nuevos tiempos han traído aires renovado para el Mercado, pero sin perder su esencia. La planta inferior podrá emplearse para abrir gastrobares y otros negocios vinculados con la restauración, el Ayuntamiento ha cambiado la iluminación y está instalando vidrieras, cada día más turistas echan un vistazo y picotean aquí y allá e incluso acoge demostraciones culinarias de tanto en tanto. 110 añazos y está en plena forma.