Entre agujas y alfileres se confecciona la ropa que lucirán la Virgen y su cortejo

Rosalía García y Asunción Gómez, junto al manto y varias tunicelas, en la sede de Avesal./ANTORAZ
Rosalía García y Asunción Gómez, junto al manto y varias tunicelas, en la sede de Avesal. / ANTORAZ

En el taller de costura de la Hermandad de Jesús Despojado, cuatro mujeres dedican innumerables horas a crear diversa vestimenta

EVA CAÑAS / WORD

Con aguja en mano Asunción Gómez y Rosalía García repasan en trabajo realizado desde el pasado verano para la primera estación de penitencia de la Virgen de su hermandad, la de la Caridad y del Consuelo. Además, son sus camareras, lo que las permiten estar siempre muy cerca de ella. Forman el equipo del taller de costura junto a Mª Nieves Mulas y María Jesús Criado, a las que se une en ocasiones Ana, que sin ser de la hermandad se ha volcado en la labor de costurera desde el primer día.

Ya han perdido la cuenta del número de horas que han hechado en la sede de Avesal (su cuartel general para este cometido), del número de alfileres utilizado o los metros de terciopelo que han metido el dobladillo, entre otro sinfín de tareas que hacen con la misma devoción que cuando rezan a su imagen. Es su forma de vivir la hermandad y demostrar conexión tanto con la Virgen como con el Cristo. En estos últimos meses han estado más centradas en la vestimenta que necesita la imagen de Caridad y del Consuelo tanto para ella como para su palio o su cuerpo de acólitos, sin descuidar otras tareas que les han ido encomendando para la imagen de JesúsDespojado.

Del ‘sueño azul’, su primer trabajo fue ponerse a elaborar las tunicelas, para los acólitos que preceden el paso de palio. «Su confección tiene muchas partes, lo primero la entretela, después, colocar la dalmática celeste y el terciopelo azul, con galón de plata», enumeran Ascensión y Rosalía. Sin olvidar el forro, que es su último paso. Otra de las sus tareas y que llevan su firma a través de su puntada, ha sido tanto los faldones del palio, que llevan 13 metros de terciopelo, como los del manto, de unos 15.

«Es como una terapia para nosotras, porque también nos contamos nuestras cosas y nos tomamos un cafetito», relata Rosalía. Pero sin duda, el momento más especial será cuando vean todo lo que han confeccionado el próximo Domingo de Ramos:«Qué orgullosas nos sentimos cuando lo vemos en la calle, nos emocionamos todos los años, y decimos, ¡esa túnica la hemos hecho nosotros! ¡o esa dalmática!», confiesan. Además, están pendientes de cómo lucen en la calle, «que si queda más largo, que si la tenemos que meter un poco, somos exigentes». Las costureras del Señor y su Madre tienen entre 60 y 74 años, y son conscientes de que la hermandad siempre contará con ellas, para crear nuevos diseños o restaurar los que el paso del tiempo pase factura. Nada las detiene, y el ‘sueño azul’ se ha complicado en gran parte ha sido por ellas.

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