Los entresijos de nuestro idioma

Alberto Buitrago es un profesor de español en la Universidad de Salamanca que analiza expresiones españolas en su libro ‘Diccionario de dichos y frases hechas’

Alberto Buitrago Jiménez, autor del ‘Diccionario de dichos y frases hechas’, y responsable del Área de I+D+i de los Cursos Internacionales./
Alberto Buitrago Jiménez, autor del ‘Diccionario de dichos y frases hechas’, y responsable del Área de I+D+i de los Cursos Internacionales.
ISABEL GARCÍA / ICALSALAMANCA

La lengua española está llena de variopintas expresiones que aparecen en el discurso diario, incluso, en muchas ocasiones, sin darse cuenta el hablante y rara vez conociendo el origen de éstas. Así, por ejemplo, una de las más utilizadas es Salvarse por los pelos sin embargo, pese a que el sentido común lleve a pensar que la construcción se hizo en base a librarse por poco, la verdad es que el dicho tiene que ver con el lenguaje de los marineros. Éstos, antiguamente, se dejaban el pelo largo para que si caían al agua pudieran ser fácilmente rescatados por sus cabellos. Hasta tal punto estaba instaurada esta tradición que cuando en el siglo XIX se prohibió lucir melena en la marina, hubo todo un motín que logró parar la ley.

Ésta y muchas más expresiones se pueden encontrar en el libro Diccionario de dichos y frases hechas del profesor de español para extranjeros en los Cursos Internacionales de la Universidad de Salamanca, Alberto Buitrago. No obstante, el citado educador no se ha dedicado en su manuscrito a recoger expresiones sino que va un paso más allá y trata de cubrir todos los campos de la cultura aportando, no solamente su significado, sino su origen. «Hay una parte de investigación y otra de intuición en el libro ya que a la hora de elaborarlo me he encontrado con muchas dificultades debido a la escasa bibliografía. Hoy es más fácil por Internet pero cuando empecé no había nada», apunta.

Y es que la primera edición del libro salió en 1994 gracias el encargo del que hoy es el director del Instituto Cervantes. «Había sido mi profesor durante la carrera y un día se puso en contacto conmigo para hacerme este encargo. No quería un diccionario al uso, sino un libro que se pudiera leer, que indagara en las historias y las contara, que ofreciera un trabajo filológico pero además investigara de donde nacen las expresiones», apunta, antes de reconocer que la propuesta le acabó gustando y envolviendo. Desde entonces y hasta la fecha se han publicado diferentes ediciones y cada año se suele adaptar y revitalizar.

No se encuentran en el libro refranes ya que, según explica Buitrago, hay confusión en la terminología y tienen una carga moral que aplicas a una situación y los dichos no la tienen, éstos se usan en un momento determinado sin ánimo de dar ningún tipo de consejo y simplemente con el objetivo de explicar una situación. El autor también trató de evitar las expresiones raras y ofensivas sin embargo, Buitrago destaca que la lengua coloquial no entiende de machismo o racismo y que es el que las utiliza el que adquiere el título.

El lenguaje está en continua evolución y las expresiones por tanto, también están sujetas a cambios e incorporaciones. «Los medios de comunicación generan dichos que acabamos utilizando. Por ejemplo, hasta hace unos años nunca habíamos oído decir un poquito de por favor y actualmente todos sabemos a qué se refiere. Otra de estas nuevas expresiones es A mi plin, fruto de un famoso anuncio y que también ha logrado colarse en el lenguaje. No obstante, hay muchas otras que hemos acabado desterrando», señala Alberto Buitrago.

Hay expresiones que vienen de los toros, de la comida, de la mitología, personajes históricos de otros países y cada región cuenta con sus propias expresiones o variantes, que tienen otros protagonistas y se han adaptado a la cultura o la historia típica de cada comunidad o país. En España utilizamos la expresión Donde Cristo perdió el mechero y su variante en Perú es Donde el diablo perdió el poncho.

Curiosidades

Buitrago reconoce que ha aprendido mucho con la elaboración de este libro y que ha descubierto personajes que si existían y no eran fruto del imaginario colectivo. La expresión Más feo que Picio se construyó a partir de una historia real ya que proviene de un zapatero granadino que fue condenado injustamente a muerte y ante el desasosiego de verse ante el garrote se llenó de pústulas y perdió todo el pelo. Finalmente le llegó el indulto cuando se dieron cuenta de que no era culpable pero ya había quedado estigmatizado y se retiró a un pueblo olvidado de todo el mundo.

«Hay otros personajes que ha creado la rima y que en realidad nunca existieron como Abundio y en otras ocasiones tienes que olvidarte de la explicación tradicional o incluso cambiar la ortografía para buscar su verdadero origen», señala Buitrago. Así, por ejemplo, A voleo vendría de vuelo, de tirar semillas y lanzarlas al aire para sembrar y no de hacer algo de manera arbitraria. De esta manera, Diccionario de dichos y frases hechas deshechas mitos populares y aporta esa parte de intriga ante el desconocimiento de los tantos entresijos del idioma.

 

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