Interior aisló durante año y medio en Topas al criminal más sanguinario de la masacre del 11-M

Jamal Zougan, durante el juicio del 11-M. /
Jamal Zougan, durante el juicio del 11-M.

El marroquí Jamal Zougam, condenado a 42.922 años como autor de 191 asesinatos, pasó desapercibido en la cárcel salmantina tras su llegada en marzo de 2013

RICARDO RÁBADE

Los dramáticos coletazos del que ha sido el atentado terrorista más brutal y despiadado de la reciente historia de España el criminal asesinato de 191 personas con el triste acompañamiento de 1.856 personas heridas por obra y gracia de una odiosa y fanática banda yihadista en los trenes de cercanías de Madrid el 11 de marzo de 2004 han extendido sus tentáculos, con el paso de los años, a la realidad castellano y leonesa. Y no solo por las víctimas mortales originarias de nuestra Comunidad que perecieron en aquella monstruosa matanza, sino también por la reclusión en el centro penitenciario de Topas, pese a haber sido silenciada por las autoridades y haber pasado desapercibida entre la opinión pública castellano y leonesa, del principal autor que queda vivo de los mortíferos y madrugadores atentados en aquella mañana del ya lejano, pero tristemente inolvidable, 11-M.

El funesto sujeto, que durmió a la sombra durante aproximadamente un año y medio sometido a un férreo y riguroso régimen de aislamiento en la prisión salmantina de Topas, es el ciudadano marroquí Jamal Zougam, nacido en el año 1973 en Tánger. Su perfil criminal se resume como el autor de 191 asesinatos y dos abortos, 1.856 asesinatos en grado de tentativa, cuatro delitos de estragos terroristas y pertenencia o integración en organización terrorista, por su participación en los atentados del 11 de marzo de 2004 en la capital de España. Jamal Zougam fue el primer detenido en relación con los odiosos atentados y más tarde fue acusado y condenado por participar directamente en la colocación de las asesinas bombas en los trenes que volaron por los aires en la mañana de aquel fatídico 11 de marzo. Era el socio y gerente de la tienda de telefonía móvil Jawal Telecom, del populoso barrio madrileño de Lavapiés, desde la que se suministró la tarjeta localizada en el teléfono móvil de la mochila de Vallecas, que condujo hasta los autores del atentado más feroz cometido en España.

El 10 de julio de 2001, dos meses antes de los atentados del 11-S, Zougam fue investigado, a raíz de una comisión rogatoria francesa, en el curso de las actuaciones del juez Baltasar Garzón contra la célula española de Al Qaeda. Su domicilio fue registrado encontrándose en él anotaciones de los teléfonos móviles de Abdulrahman Alarnaot Abualjer, Amer Azizi y Said Chedadi, miembros de la célula de Abu Dahdah, condenados en 2006 por integración en organización terrorista por su vinculación con Al Qaeda. También se le intervinieron cintas de vídeo sobre la lucha islamista en Daguestán, otro con una entrevista a Osama Bin Laden, y vídeos en los que aparecían los hermanos Abedelaziz y Salaheddin Benyaich, procesado el primero y absuelto por el Tribunal Supremo al no considerar probado que fuese muyahidín, y detenido el segundo en Marruecos por su relación con los atentados de Casablanca. No fue procesado entonces, ante la insuficiencia de las pruebas, pero el 13 de marzo de 2004, justo dos días después del mastodóntico atentado en los trenes de cercanías de la capital de España, fue detenido por su vinculación con la criminal sucesión de explosiones del 11 de marzo.

El fiscal solicitó para él una pena de 38.654 años de prisión. El juicio de la Audiencia Nacional acabó el 2 de julio de 2007 y quedó visto para sentencia. Ésta se hizo pública el 31 de octubre de 2007 y se le impuso una condena como autor material del atentado y pertenencia a banda terrorista de 42.922 años de prisión. Fue declarado culpable de 191 asesinatos y dos abortos, de 1.856 asesinatos en grado de tentativa (delitos de asesinato frustrado), de cuatro delitos de estragos terroristas y de pertenencia a banda terrorista. La sentencia condenatoria de la Audiencia Nacional fue ratificada posteriormente por el Tribunal Supremo el 17 de julio de 2008, que declaró probada la participación material de Zougam en la colocación de la bomba que hizo explosión en el cuarto vagón del tren 21713 estacionado en la estación de Santa Eugenia. Pese a la contundencia de los fallos judiciales de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo, Jamal Zougam siempre defendió su inocencia y alegó que, justo cuando explotaron las bombas en la trágica mañana del 11 de marzo, él se encontraba durmiendo en su domicilio, sosteniendo que jamás se acercó ni se subió a los trenes.

Tras permanecer ingresado en la cárcel madrileña de Soto del Real, Jamal Zougam fue trasladado el 1 de noviembre de 2004 a la prisión alicantina de Villena, donde permaneció en una celda individual de aislamiento sujeto al restrictivo artículo 75.1 del reglamento penitenciario. La Secretaría General de Instituciones Penitenciarias procedió en marzo de 2013 a enviarlo a la cárcel salmantina de Topas. Todas sus comunicaciones estuvieron intervenidas, desde su correo hasta las visitas que recibió, a lo largo de su periplo carcelario salmantino. En el otoño de 2014 y conforme a los datos recopilados por este diario, Jamal Zougam fue objeto de un nuevo traslado, tras más de un año y medio durmiendo a la sombra en una celda individual del módulo de aislamiento de Topas, y acabó con sus huesos en la prisión coruñesa de Teixeiro, donde permanece ingresado en la actualidad. Precisamente, el infame y deleznable décimo aniversario del trágico 11-M lo vivió y rememoró, tras las rejas de su celda de aislamiento, en marzo de 2014 en el centro penitenciario de Topas.

Pese a que sobre sus hombros recae una descomunal y astronómica condena de 42.922 años, todo apunta a que Zougam dejará atrás los muros de la prisión en 2044. Tendrá entonces 71 años y saldrá en libertad tras haber agotado el máximo de 40 años de cumplimiento efectivo.

 

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