Los expertos tienen pocos datos para el estudio de los mayores de 80 años

Álvaro García, durante su intervención en el encuentro de investigadores sobre el envejecimiento. /
Álvaro García, durante su intervención en el encuentro de investigadores sobre el envejecimiento.

Los investigadores del envejecimiento admiten que hay divergencia de criterios sobre la edad en la que una persona se convierte en un anciano

RICARDO RÁBADE

Los estudiosos del envejecimiento se enfrentan a una gran escasez de datos en el momento de elaborar sus investigaciones sobre las personas mayores de 80 años, que constituyen el grupo poblacional que más esta creciendo. Así lo puso de manifiesto ayer María Dolores Puga, investigadora del CSIC, durante su participación en el Encuentro sobre Investigación y Envejecimiento: Respuestas para dar una calidad de vida, celebrado en la Hospedería Fonseca bajo la organización de la Fundación General de la Universidad. Puga subrayó que la mayoría de las muestras hacen referencia a los mayores de 65 años en general, pero faltan datos más específicos sobre los ancianos con edades más avanzadas. «En este aspecto estamos ciegos», enfatizó.

Otro de los especialistas que intervino en el encuentro fue el profesor jubilado del IESE y miembro del Harvard Business School, Leopoldo Abadía, conocido por libros tan emblemáticos como La crisis ninja y Cómo hacerse mayor sin volverse un gruñón. En sus profundas y agudas reflexiones, Abadía consideró que «los viejos no son una raza especial» y estimó que el hecho de llevar audífono o bastón entra dentro «de la normalidad», al tiempo que abogó por vivir una vejez activa, practicando todo tipo de actividades, desde desarrollar aficiones hasta cursar, incluso, una carrera universitaria. A su juicio, los ancianos pueden escapar del estereotipo que los identifica como seres gruñones «si no se amargan la vida y procuran endulzársela a los demás».

Respecto a cuándo una persona debe ser considerada como anciana, los investigadores señalaron que algunas teorías la vinculan a la fragilidad o la percepción propia, aunque la tesis dominante es engarzar el concepto con la esperanza de vida de cada país. La vejez, en este sentido, comenzaría 15 años antes.

Por su parte, Álvaro García, investigador de la Fundación Matia, centró su intervención en los estudios que viene desarrollando en el ámbito del alzheimer. En este sentido, se congratuló de que el clásico modelo «hostelero y hospitalario» de atención a las personas mayores en las residencias esté siendo sustituido por una nueva y renovadora concepción, que se fundamenta en atender a las personas mayores «según sus necesidades, intereses, historia y proyectos de vida», y no centrada solo en las necesidades básicas y de salud.

El director de la Fundación General de la Usal, Óscar González Benito, recalcó que la investigación en envejecimiento se caracteriza por ser multidisciplinar y, además, es una prioridad de la institución académica salmantina, contando para ello con la estrecha colaboración de entidades portuguesas.