Javier Valbuena: «Hay que valorar a las bibliotecas como cantera de buenos lectores y locomotora de la compra de libros»

Javier Valbuena, director del CDS peñarandino.  /
Javier Valbuena, director del CDS peñarandino.

Director del Centro de Desarrollo Sociocultural de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en Peñaranda de Bracamonte

CECILIA HERNÁNDEZ

El pasado mes de marzo se cumplieron 25 años desde que la Fundación Germán Sánchez Ruipérez abrió el Centro de Desarrollo Sociocultural de Peñaranda de Bracamonte, un centro que ha logrado con creces los objetivos que el fundador se marcó con respecto a su ciudad natal, convirtiéndose con el paso del tiempo en referencia, no sólo dentro de la propia Peñaranda, sino también, en los últimos años, fuera de ella gracias a los pioneros estudios e investigaciones en los que ha participado para tratar de averiguar qué futuro les espera a la lectura y a las bibliotecas tras la incursión de los nuevos formatos digitales. Javier Valbuena lidera un equipo de profesionales que, con el apoyo de otras instituciones, llevan cinco años de camino en lo que es una transición llena de retos e inseguridades entre la lectura tradicional, en papel, y el abanico de posibilidades y cambios que trae consigo el mundo digital

-¿Cuál es el objetivo de las jornadas de editores y libreros?

Peñaranda lleva tres años siendo centro de la reflexión sobre las transformaciones que las bibliotecas públicas van a experimentar con motivo del préstamo digital. Por eso, la alianza con los editores es aún más imprescindible ahora porque cambian las modalidades y las oportunidades que la tecnología ofrece. Este es un año crucial porque las Administraciones públicas, la Junta de Castilla y León en nuestro caso, lanzan por fin, de manera casi generalizada, el préstamo digital. En cuanto a las librerías, debemos recuperarlas como uno de los agentes culturales más activos en el territorio en colaboración con las bibliotecas y los centros culturales en su estrategia de promoción de la lectura. Ellos tienen que entender que tienen que variar también su oferta y su modo de actuar, y arriesgarse en el mundo digital. La Fundación va a trabajar con las cuatro librerías de Peñaranda para intentar abrir nuevas perspectivas de futuro, como la venta de libros electrónicos.

-¿Qué se consigue con estos encuentros?

Es esencial que en estos tiempos de cambios, se deje un espacio para la reflexión y el análisis, y también para las conversaciones de tú a tú entre los implicados, en este caso, editores, bibliotecarios e investigadores, y también libreros. Es importante que en Peñaranda se continúe con este camino y que se busquen nuevas fórmulas, porque no vale trasladar el préstamo en papel al préstamo digital.

-¿Cómo va a ser ese préstamo digital?

Nuestra propuesta, salida de las investigaciones de Territorio Ebook (programa de análisis sobre los cambios de la lectura digital), concluye que las bibliotecas no están para prestar dispositivos. Sí están para formar a la gente en el uso de los dispositivos. Hay que tener en cuenta la evolución que se ha dado en esos aparatos, tanto en su precio como en su fiabilidad, en los últimos años, por tanto la biblioteca no debe centrarse en ofrecer ese servicio que tiene una logística mucho más complicada- sino debe procurar formar a la gente en el uso de las tabletas o los e-reader, para que saquen el máximo provecho, iniciándolos también en las aplicaciones de lectura social. Esos serán los elementos centrales de la biblioteca en los próximos años.

-Se trata, siempre de potenciar la lectura social

Sí, hay que aprovechar la posibilidad que el lector tiene de interaccionar con el texto (compartiéndolo en redes sociales, por ejemplo) así como la posibilidad que las aplicaciones y lugares de lectura social ofrecen para conversar con otros en diferentes escenarios, tanto físicos como virtuales. Ese tiene que ser un lugar que la biblioteca ocupe en el futuro, a través del servicio de guía que puede ofrecer su personal y de las dinamizaciones que se realicen.

-¿Existen ya plataformas de lectura social en español?

Sí, de hecho la Fundación va a lanzar una en octubre en el marco del proyecto Nubeteca y complementaria al préstamo de libros digitales, que quiere aprovechar todo lo aprendido en este tiempo e incorporar el análisis comparado que hemos realizado sobre las diferentes plataformas de lectura social que había en el mercado, como Readmill. La Nubeteca en sus orígenes reunió a través de un ordenador y de una gran pantalla el acceso a los tradicionales servicios de la biblioteca en forma de plataformas o webs seleccionadas y contratadas por el centro. La experiencia fue una primera prueba para ver si tenía sentido ese servicio en el contexto de la sala y el análisis nos ha demostrado que el aprovechamiento en sala es muy limitado. Esto nos ha ayudado mucho a dar el siguiente paso: que la Nubeteca sea una estrategia en línea que esté al servicio de los lectores donde estén los lectores. Es decir, en vez de facilitar el acceso a plataformas de lectura través de las pantallas instaladas en la biblioteca, se proporcionará a los usuarios códigos de suscripción para que lean en casa.

-Es un modo de descentralizar los tradicionales servicios de la biblioteca

Sí, y los resultados que hemos obtenido en el último estudio sobre el modelo de suscripción en el préstamo de la biblioteca son bastante favorables, aunque quedan por determinar varios factores, como si es viable o a qué usuarios podría llegar. Pero sí, la fundación plantea que el modelo de suscripción es válido para el préstamo en bibliotecas públicas, algo que aún no se ha puesto en marcha en España.

-¿Cuál es, por tanto, el futuro de las bibliotecas?

Ese futuro pasa, primero, por el acceso por parte de los lectores desde cualquier punto a una oferta mucho más amplia que la existe ahora, sobre todo si no queremos que la gente se vaya a las redes de intercambio de archivos. El acceso tiene que ser grande en cuanto a títulos y fácil en cuanto al manejo y tiene que seguir siendo gratis. Si la biblioteca plantea esa estrategia se captarán muchos más lectores y se podrá tener una oferta legal, que le resulte viable a los editores. La lectura digital tiene en las bibliotecas públicas el apoyo fundamental para su expansión, si no, no tendrá futuro en el ámbito legal.

-Esto exige un cambio de planteamientos, de mentalidad

Totalmente, y eso es lo que nosotros queremos plantear. Hay que arriesgar en las modalidades de contratación, incorporar bolsas de descargas, además del modelo de licencias, el pago social, otras modalidades que permitan que los editores puedan incrementar el tráfico de títulos para el préstamo. Y no vale con comprar en propiedad. Nuestra apuesta es que lo que antes era una máxima, que las bibliotecas compraban en propiedad y definían las políticas de colección, ya no puede ser así. En el mundo al que vamos nuestros títulos serán todos en alquiler, porque es la mejor manera de adaptarnos a los ritmos de intereses de los lectores. No tiene sentido comprar en propiedad para que el 80% de los títulos estén paralizados, sin que nadie se interese por ellos. Mucho más cuando en el mundo digital los títulos de clásicos están liberados y son de dominio público.

-¿Cómo evitar la piratería entonces?

Está claro que no puede haber mucha demora entre la salida al mercado de una novedad literaria y su disponibilidad en las plataformas en línea. Ahora mismo los editores evitan esa llegada inmediata porque dicen que se canibaliza la venta en librerías. Desde la biblioteca podríamos entender que hubiera que esperar un tiempo prudencial, pero tampoco mucho porque si no los lectores se van a buscar el libro a otros lugares.

-¿El precio de los libros electrónicos va a bajar?

Tienen que hacerlo, pero los editores plantean que ese mercado es muy pequeño, según su opinión, y no les sale rentable bajar los precios si solo crecen un 1% anual. Pero desde luego no s sostiene que cuesten un 70% del libro en papel, tienen que reducirse por debajo de cinco euros, al mismo tiempo que la oferta ha de ampliarse. Volvemos a lo mismo: el problema es entender este mundo digital, cómo funciona, cómo se mueve la información, las diferencias con la oferta en papel. Se tienen que buscar fórmulas de equilibrio.

-De nuevo el cambio de mentalidad

Sí, hay que arriesgar. Hay que valorar las bibliotecas como cantera de buenos lectores y como locomotora para la compra de libros porque los lectores una vez que han leído gratis, compran libros, así lo demuestran los estudios. Los editores tienen que entender que el riesgo pasa por bajar los precios y no encorsetar modalidades de contratación. En la conferencia que pronunciaré el día 25 lo diré claramente: hay que fijarse en las redes de intercambio de archivos -p2p- que existen en internet para entender por qué los lectores están allí y no en nuestras bibliotecas. Hay que analizar qué ofrecen esas redes y qué ofrecen las bibliotecas y ver la distancia. De ahí se deduce que las bibliotecas deben ofrecer acceso total, que la descarga de los libros sea muy fácil, que sea gratis y que genere comunidad. Y además para los editores y para el gobierno puede suponer economía, porque trasladaremos lectores desde la piratería a un ámbito legal. Se trata de crear redes bibliotecarias que den la batalla en la oferta de lectura pública en España. No demonicemos, aprendamos.

-Si se lee en digital, ¿qué será del espacio físico de la biblioteca?

Algo curioso que nos ha sucedido aquí en Peñaranda es que han bajado nuestros números de préstamos de libros, pero han aumentado las asistencias, porque estamos proponiendo nuevas actividades, la utilización del espacio del centro para dinamizaciones, propuestas de encuentro por la noche, la biblioteca humana, encuentros con autor Todo eso hace que tenga sentido que la gente vuelva a este espacio, porque son encuentros que emocionan, que sorprenden y que sirven para que luego se genere conversación. Hay que huir de la rutina.

-¿Se puede decir que los 25 años del centro han llegado en un momento crucial?

Es bueno haber podido vivir esta experiencia y hacerlo con tiempo. Desde el año 2009 que empezamos con Territorio Ebook a estudiar los cambios que se avecinaban, nos ha dado la posibilidad de tener ahora una propuesta, que recoge la experiencia de más de 300 lectores. Es un modelo basado en la práctica, no en la teoría. Quiero decir que estos años de la FGSR en Peñaranda han sido una gran oportunidad para reivindicar la cultura como elemento central en una ciudad con la complicidad del Ayuntamiento y de otras instituciones y la implicación imprescindible de los ciudadanos. Por eso queremos dar las gracias a todos y estamos empeñados en seguir buscando nuevos lugares, como lo que sucederá a partir de septiembre con la Nubeteca o Casas Lectoras.

-¿Qué serán las Casas Lectoras?

Casas Lectoras es un programa innovador, dirigido especialmente al ámbito del hogar, que se desarrollará, además de en Peñaranda, en Madrid, Salamanca, Badajoz y varias ciudades portuguesas. Este proyecto quiere reforzar el espacio familiar como lugar privilegiado para forjar los hábitos lectores y conectar ese espacio con la biblioteca y la escuela que conforman el triángulo imprescindible para la promoción de la lectura. La biblioteca debe buscar a los lectores allá donde estén, eso es, en parte, el resumen de la idea general que tiene la Fundación sobre este tema.