¿Es el enemigo? Que se ponga
Partido de vuelta ·
El fútbol no es la guerra, pero el Pucela va al frente con una pistola de goma y balas de papel cebollaMe imagino la escena. Guillermo Almada interpreta a Miguel Gila. «¿Es el enemigo?, que se ponga». Le falta la trinchera, la bandera blanca y el ... teléfono de manivela. «¿Ustedes van a avanzar mañana? ¿El domingo? ¿Y a qué hora? A las siete de la mañana estamos todos acostados ¿Y no puede ser por la tarde, después del fútbol? ¿Van a venir muchos? No sé si tendremos balas para tantos. Bueno, nosotros las disparamos y ustedes se las reparten». Entiéndame la hipérbole. El fútbol no es la guerra, pero el Pucela va al frente con una pistola de goma y balas de papel cebolla. Por eso no solo no marca, sino que le cuesta una eternidad generar oportunidades aseadas. Es más de recibir. Por eso Guilherme se ha convertido en uno de los futbolistas más destacados del equipo.
Ni con Latasa ni sin Latasa. El madrileño no es un nueve. Eso ya lo analizamos en este mismo rincón hace algunas semanas, pero es que el resto también ve la portería como si fuera hockey sobre patines. El problema no solo se acomoda en la pericia de los protagonistas, que también, sino que tiene mucho que ver con el planteamiento y la filosofía de fútbol que imprime Almada a su vestuario. El trabajo es innegociable y correr más que el rival figura como piedra angular de su ideario balompédico. El tema es que el Real Valladolid no es un club de atletismo, ni a la guerra se puede ir solo con chaleco antibalas. O tienes buena munición o lo más fácil es que termines abatido. Como mucho, bandera blanca si la retaguardia consigue esquivar el fuego. Tampoco se puede fiar todo al físico porque sabemos que hay ciclos y que los depósitos no son infinitos. Salvo que sean superhéroes, es imposible que los blanquivioleta vivan todo el curso en la cresta de la ola.
El cero en el arco propio representa la primera nota, pero sin fútbol, creatividad, movimientos ofensivos para fabricar ocasiones y, sobre todo, gol la partitura se traduce en una obra muda. En este punto, y con el equipo deambulando por la zona templada de la tabla, empate va y empate viene, es urgente que Orta tenga preparada la chequera para fichar gol en diciembre y que Almada eleve la exigencia futbolística más allá del esfuerzo y los kilómetros. Es lo mínimo. Si además de no generar buen juego, anotar con cuentagotas y transitar por los partidos con más tesón que brillo, no corriesen, estaríamos como el Zaragoza. Por eso, es importante que el técnico comience a demandar que, además del físico, hay que destilar más lucidez ofensiva, que los ataques afilen el despliegue y dejen de ser previsibles. No sé si la clave está en que los extremos dejen de jugar a contrapié, que Marcos André no se lesione o que Chuki abandone la intermitencia. Desconozco si hay que cambiar el sistema o darle el nueve a Delgado. No me pagan para ello. Los que cobran por encontrar soluciones son Almada en el césped y Orta en el despacho. Lo que no tiene sentido es seguir viviendo de Guilherme, porque algún día resultará que el reparto de balas de Gila se da la vuelta y en vez de abatir al contrario terminará acribillando al ejército blanquivioleta.
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