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Pedro Pérez Duque, en una imagen actual y durante su etapa como futbolista del Real Valladolid. El Norte
Protagonista en las dos orillas

Un Duque que hubo de mutar a 'vasallo'

Pedro Duque estuvo siete años en Valladolid y dos en Málaga, donde le entrenó Kubala y jugó junto al exmadridista Juanito. Su fútbol evolucionó desde el toque al trabajo en beneficio del equipo

José Anselmo Moreno

Viernes, 28 de noviembre 2025, 06:59

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Pedro Pérez Duque era un fino estilista de la cantera que se convirtió en duro fajador cuando promocionó al primer equipo. Fue un centrocampista de toque y notable goleador hasta que subió y tuvo que currar para los demás. «En el Promesas y el juvenil metía goles, pero llegué arriba y con Yáñez y Polilla tenías que ir al medio campo a trabajar», subraya. Entonces se marcaba al hombre y te decían: «sigue a este por donde vaya y eso no cambió mucho hasta que llegó Cantatore», agrega.

Lamenta que el servicio militar interfiriese bastante en su carrera. Le afectó tres temporadas. «Venía de jugar mucho con Paquito y nos mandaron a Juan Manuel y a mí al Ferral. Ya esa temporada no la terminamos, la siguiente me pilló entera y la tercera, hasta Navidades. Recuerdo que estaba Mesones de entrenador y yo chupando cuartel porque para quedarte en Valladolid la hacías voluntario y eran 20 meses», agrega un jugador que nunca tuvo un cochazo pero, a cambio, supo invertir «en el ladrillo». En ese contexto, el militar, vivió una curiosa experiencia. El 22 de febrero del 81 jugó con el Pucela en Valencia y se quedaron unos días más para participar en un homenaje en Castellón a Gilé, un argentino de corazón blanquivioleta que ya asomó por esta sección. Con los tanques recorriendo Valencia el 23F, varios jugadores pucelanos que hacían la mili recibieron la orden de regresar inmediatamente a Valladolid.

Tras el fútbol, sacó los cursos de entrenador y, en esta faceta, es el técnico más laureado del Trofeo Diputación. «Primero empecé en una escuela de fútbol y luego me llamó el Valladolid, estuve tres años con el juvenil. Luego marché al Betis y lo ascendí a Tercera». Tras ese año, fue a la Medinense e hizo magníficas campañas en Tercera, casi jugando play off. Más tarde le llamó el Íscar, donde también completó un buen trabajo. «Volví otra vez al Betis y luego estuve mucho tiempo en escuelas de fútbol, muy vinculado al colegio San Agustín». Ahora, a sus 63 años, ya lo dejó todo. Su vida actual está entre Piña de Esgueva y el sur de Valladolid. En 2023 murió su padre, le dejó la casa y alguna tierra y va bastante al pueblo, aunque está perdiendo población. «La gente que hay se hace mayor, como es ley de vida», subraya. Le tira tanto la tierra que para tener más cerca unos surcos para sus tomates, alquiló recientemente una parcelita al lado del PRAE. En sus paseos por Covaresa, donde vive, mira con envidia los campos de césped artificial y recuerda los de barro y tierra donde jugaba en juveniles, concretamente en San Pedro Regalado. Al ver las instalaciones Hermanos Lesmes, cerca de su casa, cae en la cuenta de que el fútbol actual no es ni comparable al suyo. «Hay más medios, aunque deberían mantenerse los partidillos de los jueves, ahí se competía mucho».

Lo dice alguien que a los 18 años estudiaba pero quería ser futbolista. Del Pucela se fue al Málaga dentro de la operación Manolo Hierro. Jugó en el Camp Nou, en el Bernabéu y, sobre todo, en su estadio Zorrilla. Guarda fotos jugando contra Maradona, Schuster o Butragueño, pero conserva ese perfil sencillo de la gente de pueblo. Sobre su estancia en Málaga, donde estuvo dos temporadas y ascendió en la segunda, asegura que el primer año lo jugó todo. «Estaba Antonio Benítez de entrenador y el mayor de los hermanos Hierro (Antonio), allí le llamaban Hierro I. Fonseca estaba cedido y también jugó bastante pese a que arriba había un argentino goleador: Mario Husillos». Recuerda también que el segundo año lo entrenó Kubala. «Llegaron Juanito y Esteban, exjugadores de Real Madrid y Barça. Dimos un enorme salto de calidad».

Volviendo al Pucela, Duque formó parte activa de la Copa de la Liga, aunque no jugó la final. Que no apareciera ahí tras ser importante en las semifinales parece injusto, pero es que aquella plantilla exigió escoger entre lo bueno y lo mejor. «Ese año nos salvamos al final, llegó Redondo y reaccionamos. En la primera eliminatoria de la Copa de la Liga nos tocó el Zaragoza y aquí ganamos 1-0. No valían doble los goles fuera y, como nos ganaron en la vuelta 2-1, tuvimos que jugar una prórroga en la que Moré se salió, estuvo impresionante, y ganamos 2-4». La memoria de Duque es prodigiosa, omito detalles porque lo cuenta como si el partido hubiera sido ayer. Rememora también que en la siguiente eliminatoria quedaron exentos y después tocó el Sevilla. «Allí perdimos 2-0 y en la vuelta pasamos a penaltis», evoca el jugador, que enlaza ya con la semifinal, donde el rival fue el Betis. «Perdimos allí y fue la única vez que me expulsaron en mi vida, pero como eran dos amarillas pude jugar la vuelta. Ese día Redondo me mandó marcar a Cardeñosa, cuando me echaron íbamos 0-0 y estaba duchándome cuando me dijeron que habíamos perdido 2-0. Jugué en Zorrilla y remontamos 3-0 en una segunda parte increíble», agrega. Evoca ya la final ante el Atlético. «Ese sí era un hueso duro porque se cargó a los favoritos: Barcelona, Athletic, Real Madrid o Espanyol. No fui convocado para la final pero es que había un equipazo. La verdad es que me habría venido bien, entonces ganábamos 65.000 pesetas de sueldo y la prima de la final eran 200.000. Había comprado una casa y esa prima resolvía la hipoteca», ironiza.

Al pedirle fotos, Pedro me manda una joya. Una imagen de la lotería que les hacía vender Gonzalo Alonso en Navidad. «Nos daban un lote, como a los niños en el colegio con las papeletas». Estamos hablando de un jugador que fue internacional juvenil con Chus Pereda, pero no se le caían los anillos ofreciendo lotería a puerta fría ¿Se imaginan ahora tal cosa?

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