Delanteros y voleas

Destaca el autor el innecesario sufrimiento del Pucela tras la remontada, que pudo haber sido fatal en los minutos finales, a pesar de la Inferioridad numérica del Levante

Toni trata de salvar a Postigo. /RAMÓN GÓMEZ
Toni trata de salvar a Postigo. / RAMÓN GÓMEZ
JAVIER YEPES

La primera victoria en Zorrilla vino a coincidir con la aparición de los viejos fantasmas del pasado en forma de apuros finales innecesarios.

La alegría por los tres puntos con la que desfilamos todos en busca de la calle iba acompañada del inevitable comentario acerca de lo poco que faltó para haber estropeado un resultado merecido, trabajado y, a ratos, brillante.

Y es que tras haber hecho méritos para aumentar el resultado, ese miedo a perder lo que ya tienes conseguido, tan genuino de quien aún no está afirmado, a punto estuvo de consumarse.

Hubiese sido una pena, pero lo cierto es que nos faltó inteligencia y tranquilidad para gestionar esos minutos postreros, máxime encontrándonos en superioridad numérica y tras haber realizado la proeza de revertir un marcador adverso en cinco brillantes minutos.

En ese corto espacio de tiempo, el Pucela le dio la vuelta al gol levantino y fraguó su victoria final con dos tantos de una ejecución técnica extraordinaria.

Si el remate de Ünal con la cabeza, y que supuso el empate, fue un gesto técnico magnífico del jugador turco, el gol de Nacho, a la salida de un córner golpeado magistralmente por Míchel Herrero, es de esos que deberían figurar en los manuales del golpeo de la pelota a pie vuelto y que en la jerga futbolística se denominan voleas.

Expuestas las virtudes técnicas que adornaron ambos goles y en espera que el de Nacho alcance el del mejor de la jornada, lo cierto es que ayer no fue el día que mejor jugó el equipo, a pesar de haberlo hecho bien y hasta brillante a ratitos. Sin embargo, faltaba la continuidad deseada.

Si la figura de los dos nueves dio resultado en Balaídos, lo cierto es que ayer no funcionó en la misma medida. Mientras el Celta se iba hacia adelante obligado por la circunstancia de ejercer de local, los espacios para moverse ambos iban creciendo y sus opciones aumentaban de forma clara.

Ayer, el local era el Pucela y el Levante se defendía por repliegue posicional, amontonamiento de hombres y disposición clara de defender a ultranza la ventaja obtenida. Es decir, justo lo contrario.

Con Plano en la derecha para que se recuerde la diferencia entre estar en una u otra banda, y Toni en la izquierda, yo echaba de menos esa solución final que llegó a falta de un cuarto de hora.

Con un Alcaraz importante de divisoria hacia atrás y como fiel escudero de Herrero, el equipo solo necesitaba ese peldaño intermedio para no tropezar al embocar el último tramo del campo. Y ahí, cuando aparece Toni, al que todavía no le salen bien del todo las cosas, se hace la luz y el recorrido se torna sencillo.

Tan fácil como dejar dos jugadores fuera del movimiento defensivo del córner. Sin ellos, ni rechace ni contraataque.