Aramayo, el amigo de todos y una vida de película
'El Pibe' recibe el reconocimiento de veteranos y amigos vinculados a la familia del Real Valladolid por su trayectoria intachable junto a Julio Losco, a título póstumo, en el año del centenario de su nacimiento
José Anselmo Moreno
Jueves, 20 de noviembre 2025
Lo bueno empieza cerca del final y la charla con 'El Pibe' acaba con un verso argentino que me recita emocionado: «Muéstrese siempre sencillo sin gritar ni hacer alarde. La humildad no es ser cobarde, es muestra de educación Y no espere una ocasión para sacar trapos al aire». Así es, en ese verso se resume la personalidad de José Antonio Aramayo. Cierras los ojos y no cuesta imaginarlo tocando la batería en un barco de viaje a España, con telarañas en los bolsillos y das aún más valor al personaje. Con su cuerpo recogido para lo que son los porteros actuales, al habla con Pérez García o Ramón Martínez te dicen que era un guardameta ágil y fiable. El final en el fútbol siempre es el gol y el cometido de un portero solo es evitarlo, pero en el caso de Aramayo trascendió a todo eso.
Esta mezcla de baterista, guardameta y masajista a partes iguales dejó muchas huellas en el camino. Si a los guitarristas y a los baterías les duelen las manos tras un largo concierto, a Aramayo le dolían las derrotas del Pucela, pero tenía la virtud de aunar a todos los ámbitos del club en los malos momentos. A los unos y a los otros. Empezamos hablando de algo evidente, que ningún socio es igual a otro y que ningún aficionado ve el mismo partido. Le comento que cuando te das cuenta de eso, entiendes que una crónica de fútbol pide algo más analítico y conmovedor. La gente quiere emocionarse o «discutir» sobre lo que ya vio, no que se lo cuentes. Por eso le digo a Aramayo que su personaje es un filón, ya que sus vivencias emocionan y no han estado a la vista, así que merecen ser desenvueltas. Y esta vez hay coartada, un homenaje que se le otorga.
Como no hay nada que mezcle batería, balón y vendas, Aramayo ha sufrido a veces una especie de «trastorno bipolar» y se ha comido demasiadas uñas en Zorrilla. Sufriendo por su Pucela. Le pido que cuente sus tres mejores anécdotas en cada una de sus facetas.
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Entre su catalogo de historias como portero cuenta una buenísima. Héctor Martín, entonces entrenador del Valladolid, le dijo: «el día que haya un penalti, cuando el contrario se perfile, adelántese usted también para ponerle nervioso» (en esa época se permitía). Así lo hizo El Pibe en un partido en Mallorca y entonces casi se juntó con el lanzador cerca del punto de penalti. Era Pereda. «El árbitro nos mandó cada uno a nuestro sitio, yo me di la vuelta y en ese momento Pereda chutó y marcó». El gol subió al marcador. Insólito.
Su anécdota como masajista es un poco «híbrida», ya que El Pibe es tan discreto que algunas confesiones en su camilla de masajes son privadas y quedan ahí. Te las puede contar ante un café, pero no para publicarlas. La historieta en esta segunda faceta suya data de 1993 cuando un programa de Canal Plus grabó unas imágenes con Aramayo y varios jugadores haciendo música con elementos propios del trabajo de masajista. Aquel vídeo dio la vuelta al mundo porque por allí andaban Nilson o Matosas. Primero iban a ensayar, pero salió tan bien el ensayo que Aramayo dijo al equipo de filmación: «No nos va a quedar igual aunque lo repitamos cien veces, así se queda».
Y su anécdota como baterista es que una vez tocó con el mismísimo Antonio Machín. «En el barco de Argentina a España venía un conjunto que iba a tocar a Mallorca. Toqué con ellos durante el viaje. Llevaba ensayando desde niño con tenedores, entre otros muchos artilugios, y como en Madrid les faltaba el baterista, yo hice las veces y estuve tocando con ellos dos meses. Conocí a Machín y estuvimos tocando con él en una sala de fiestas».
Dice que siempre procuró ser servicial y no crear problemas y sorprende al afirmar que hubo tiempos en que tenía más destreza con la música que con un balón. En este contexto, relata una anécdota cuando Di Stefano fue su entrenador en el Rayo de Felines, Alvarito, Potele, Fermín o Uceda: «No me gustaba pegar de puños al balón. Siempre salía y la agarraba, pero a veces se me escapaba. Un día me dijo don Alfredo: «No es cuestión de agarrarla siempre, hay que dar un puñetazo de vez en cuando. Entonces empecé a dar puñetazos a todos los balones y me replicó: Hombre, tampoco es eso».
Sobre su etapa en Pucela dice que había un equipazo, con Astrain, Lizarralde, Fede, Cardeñosa, Endériz, Lorenzo y de goleador, Álvarez. Aramayo jugó en las dos temporadas que estuvo, más en la primera porque en la segunda asomó un emergente Llacer. «El primer año, que jugaba yo, no subimos porque fallaba el portero», ironiza.
Para su transición a masajista empezó en Almería en plan autodidacta y después hizo un curso de masaje vital corporal y, más tarde, de masaje deportivo y terapéutico. En 32 años como masajista en Pucela, dice que es imposible quedarse con media docena de jugadores pero destaca a algunos que aman al club como Gail, Llacer, Moré, Javi Torres, Yáñez... «Me vienen a la memoria muchos, no quiero seguir porque sería injusto». No duda, sin embargo, al afirmar que el mejor presidente que tuvo fue Gonzalo Alonso que «sacaba el dinero de las piedras».
Sobre los cambios del fútbol dice que «ahora hay mejor preparación física y atención médica, los campos son mejores, cuando yo era portero caía siempre en tierra pero no me gusta del fútbol actual lo que se tiran. Antes éramos más nobles aunque el fútbol, en general, ha cambiado mucho».
El otro homenajeado en el mismo acto es Julio Losco, jugador del Pucela de los 50 que, en realidad, se llamaba Alfonso,y que coincidió con 'Fiú' Valdés, que a sus 96 años no pudo acudir al acto pero envió un audio de felicitación. Lo mismo que el ciclista Martín Bahamontes no era Federico sino Alejandro. Losco llegó a jugar 150 partidos consecutivos con el Pucela y hubiera cumplido 100 años en 2025. Como anécdota hay que reseñar que una biznieta suya (Carlota) juega en el Real Valladolid femenino.
Ambos personajes han sido homenajeados este jueves en el restaurante Can Patas, del Paseo de Zorrilla con la presencia de varios veteranos del Real Valladolid.
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