Una industria adicta a las tragaperras

Fotograma de 'Plan en Las Vegas'. / Archivo/
Fotograma de 'Plan en Las Vegas'. / Archivo

Robert De Niro, Michael Douglas, Morgan Freeman y Kevin Kline son los últimos en correrse una juerga en la 'ciudad del pecado', pero ni mucho menos los únicos

ÓSCAR BELLOTMADRID

El estilo de vida hollywoodiense no facilita precisamente el cumplimiento de los Diez Mandamientos. Fama, dinero y glamour incitan más a beber de la copa del diablo que a regar el gaznate con el vino procedente del cáliz que simboliza la sangre de Jesucristo derramada por todos los hombres para el perdón de los pecados. Cómo evitar tener pensamientos o deseos impuros cuando por la calle te cruzas con las curvas de Angelina Jolie. Cómo no codiciar los bienes ajenos cuando Leonardo DiCaprio se baja de un imponente deportivo. Más aún, cómo no decir falsos testimonios cuando el intérprete de turno pregunta a sus compañeros qué piensan de su actuación en un 'blockbuster' sin sustancia por el que se ha embolsado millones de dólares. Quizás sea ese el motivo por el que la industria del cine se empeña en pisar una y otra vez la 'ciudad del pecado'. Las Vegas es el escenario perfecto sobre el que desplegar las tramas más variopintas, desde complejas disecciones de la psique de seres sumidos en una espiral de autodestrucción a ambiciosos robos que tienen como víctimas a los magnates de los casinos pasando por descacharrantes comedias en las que los dardos y el alcohol entregan a sus incautos rehenes la alianza que acaban portando en una boda de la que apenas si recuerdan detalles mientras lidian con la resaca.

El último ejemplo de este fructífero hermanamiento entre la meca de los sueños y las cegadoras luces de neón que alumbran la urbe más popular de Nevada es 'Plan en Las Vegas', una cinta de Jon Turteltaub que junta por primera vez a Robert De Niro, Michael Douglas, Morgan Freeman y Kevin Kline para narrar las andanzas de cuatro amigos que deciden correrse la mayor juerga de sus vidas sin pensar en las consecuencias que pueden traer aparejadas sus acciones. Un filme que llega este viernes a la cartelera española para sumarse a esa vasta lista de largometrajes que han permitido a gente que jamás ha apostado un céntimo al rojo ni al negro imaginar las sensaciones que tienen aquellos otros acostumbrados a transitar sobre el fino alambre que separa la felicidad de la desolación cuando la bola echa a rodar sobre la ruleta. Y, al igual que los juegos a disposición de quienes ponen sus pies en esos templos de las tentaciones, los hay para todos los gustos.

Sexo y mafia

Por un lado tenemos los largometrajes centrados en el mundo de la Mafia, y en este apartado nadie puede hacer sombra a 'El Padrino'. Si la primera entrega de la trilogía rodada por Francis Ford Coppola a partir del libro de Mario Puzo se desarrollaba en la calles de Nueva York, la secuela dividía su atención entre lo que ocurría en la Gran Manzana, relatando tanto el ascenso de Vito Corleone como las dificultades de su hijo Michael para hacerse con el control del imperio a él legado, y lo que sucedía en Nevada, fértil territorio donde los hampones campaban a sus anchas mientras se tambaleaban sus negocios en Cuba a causa del triunfo de la revolución castrista. Los tejemanejes de nuevo padrino, la traición de que le hace objeto Hyman Roth sirviéndose de otro traidor, su propio hermano Fredo, y el posterior ajuste de cuentas por parte del capo constituyen el clímax de una saga que perdería algo de fuelle en su tercera entrega.

Ningún otro filme resiste la comparación con la obra maestra de Coppola. Pero las expediciones mafiosas a Las Vegas han proliferado en las salas de cine en las décadas posteriores. Uno de las más notables fue la realizada por el mejor conocedor de los bajos fondos con que cuenta Hollywood. Martin Scorsese envió a uno de sus actores fetiche, Robert De Niro, a la 'ciudad del pecado' en 'Casino'. El neoyorquino, otro asiduo del género, clavó el personaje de Sam 'Ace' Rothstein, un apostador profesional a quien los capos del medio oeste usan como 'hombre de paja' y que acaba siendo víctima tanto de las luchas de poder desatadas entre las diversas familias de la Cosa Nostra como de sus propias debilidades personales. Sobresale de igual modo 'Bugsy', una película de Barry Levinson en la que Warren Beatty se metía en la piel de Ben Siegel, el hombre que más empeño puso en levantar un imperio del juego en el por entonces desolado desierto de Nevada. Meyer Lansky, Mickey Cohen o Lucky Luciano eran algunos de los personajes que desfilaban por este biopic que sintetizaba a la perfección uno de los principales capítulos de la historia del hampa.

Pero no solo los mafiosos vieron en Las Vegas campo abonado para su enriquecimiento. También lo hicieron otros delincuentes de más bajos vuelos. Es lo que ocurría con los protagonistas de 'Los reyes del crimen' (Demian Lichtenstein, 2001). Kevin Costner y Kurt Russell se disfrazaban en esta cinta de imitadores de Elvis Presley al objeto de dar un golpe en el casino Riviera. Lástima que la ambición acabase devorándoles, dando lugar a una endemoniada persecución que no podría acabar sino hasta que únicamente uno de ellos siguiese en pie. Muy distinto a lo que ocurría en 'Ocean's Eleven' (Steven Soderbergh, 2001). Ahí todos tenían claro quién era el jefe. George Clooney capitaneaba la más glamourosa banda que se haya visto nunca en el cine -con permiso 'rat pack', la fuente de la que bebían directamente los soldados de Danny Ocean- y que habría de dar otro par de golpes más, añadiendo siempre una nueva estrella a esa ya de por sí deslumbrante constelación.

Dados, alcohol y psicoanálisis

Hay directores, por el contrario, que optan por Las Vegas como si fuera un diván donde psicoanalizar a su personajes. A esta corriente se adscriben cineastas como Mike Figgis, quien en 'Leaving Las Vegas' retrataba las miserias de un atormentado ser (Nicolas Cage) empeñado en beber hasta caer muerto, y de una prostituta (Elisabeth Sue), con la que establece una relación de mutua dependencia. El sobrino de Coppola ofreció su interpretación más magistral -recompensada con un merecido Oscar- antes de precipitarse a una vorágine de proyectos que han ido en menoscabo de su talento.

Y los hay también que prefieren sumirse en la faz más lúdica de la localidad a través de hilarantes comedias en las que el alcohol, los dados, las drogas y los malentendidos constituyen ingredientes esenciales para arrancar la sonrisa del espectador. Entre estas se lleva la palma 'Resacón en Las Vegas', una película dirigida por Todd Phillips que consagró a una nueva estrella, Bradley Cooper, y que dio el espaldarazo definitivo a Zach Galifianakis. Los más de 460 millones de dólares amasados en la taquilla provocaron que a los directivos de Warner Bros los ojos les hicieran chirivitas, sobre todo considerando que sólo habían tenido que invertir 35 millones en su realización. Las dos entregas siguientes no han hecho sino engordar los beneficios.

La juerga es de igual modo el 'leitmotiv' de 'Algo pasa en Las Vegas' (Tom Vaughan, 2008), cinta en la que Ashton Kutcher y Cameron Diaz acababan casándose tras una noche de juego y borrachera. Un enlace que se veían obligados a mantener, muy a su pesar, estos dos jóvenes de caracteres opuestos con el fin de conseguir su parte correspondiente de la millonada lograda en una máquina tragaperras. Claro que los polos opuestos se atraen, por lo que las discusiones siempre pueden tornarse en arrumacos en cualquier momento. Y es que no siempre lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas.

 

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