Bruce Springsteen ofrece un apoteósico concierto en Gijón

'El Jefe' advirtió a los 30.000 seguidores que llenaban el estadio de El Molinón: "Corren malos tiempos en América, en España y en Gijón. Ojalá vengan tiempos mejores"

ALEJANDRO CARANTOÑAGIJÓN
Springsteen, durante su concierto en Gijón. / Efe/
Springsteen, durante su concierto en Gijón. / Efe

Había magia, como dice Thunder Road, en una noche todavía por cuajar. En cuanto El Molinón, aún de día, intuyó que Bruce Springsteen iba a asomarse al escenario, saludó con un rugido lo que quisiera que el Jefe se guardase en la manga para un concierto único en todos los sentidos: un aforo relativamente pequeño, una sola fecha en España y, lo que suele ser más indicativo de un repertorio para el recuerdo, un Springsteen relajado, descansado, con días más que suficientes por delante y por detrás del concierto para exprimir su estado de forma.

Pasaban dos minutos de las nueve y media cuando el Boss irrumpió sobre el escenario con su banda. Al máximo. Antes, el público ya había ovacionado a su mismísima madre, acomodada con sus 90 años en la Tribunona. «¡Buenas noches, Gijón!» fue el saludadísimo hola y ya, sin más, sin concesiones: My Love Will Not Let you Down, una habitual de sus últimos conciertos pese a que no ha llegado a incluirla nunca en un disco. Out in the Street, de The River, fue el segundo plato de una noche que siguió, potente, con la popular Better Days, la primera de muchas, muchísimas, a petición del público. Aint Good Enough For You, de The Promise, dio paso al también primer préstamo: Travellin Band, de la Creedence Clearwater Revival.

Solventó tras ella el trámite imprescindible de Wrecking Ball, la canción que da título al disco y la gira. Carne de directo estrenó la canción en su gira anterior, mucho antes de llevarla al estudio, sirvió asimismo para descubrir a ese Bruce que, según había adelantado, ya está trabajando en algo nuevo, y que se ha propuesto sacarle todo el partido a su sección de vientos. Sonaron un puñado de canciones más y el Boss siguió, in crescendo, con los guiños al público. Otro «¡Buenas noches Gijón», esta vez acompañado de un «¡ya estáis aquí otra vez!», todo en español, desató pasiones, tantas como su interpelación directa, ya en su idioma: «Tenemos una misión que cumplir esta noche, que no podemos conseguir por nosotros mismos. ¡Os necesitamos!». Y hasta una alusión directa a la crisis, leída de una nota a pie de escenario: «Corren malos tiempos en América, en España y en Gijón. Esta canción se la dedicamos a la esperanza en tiempos mejores. Y a los pobres. Y a Proyecto Hombre». Así arrancó Jake of all Trades. Y poco después llegaba la mismísima The River; para entonces no quedaba una garganta en El Molinón que no estuviese cantando con su Jefe.

Llegó Atlantic City y Gijón volvió a disfrutar después con el You Can Look (But you Better not Touch) en su encarnación rockera, tras haberle dado varias vueltas de tuerca en la gira que hizo con su macrobanda de folk en 2006. Llegó Darlinton County, de Born in the USA. Y llegó Because the Night, con un espectacular solo de más de tres minutos cortesía de Nils Lofgren y su guitarra.

El de ayer fue un concierto por y para el público, siempre lo son los de Springsteen, pero en ocasiones se entrega incluso más. Anoche sucedió. Lo demostró subiendo al escenario carteles y más carteles con peticiones del público. Y lo demostró con Spirit in the Night, una de las canciones estrella; con Shes the One, y hasta con Rosalita (Come Out Tonight), uno de esos temas de sus comienzos que toca muy poco en directo, entre otras cosas porque la historia de Rosie y su noche se extiende más que muchas otras. Rocanrolero hasta la extenuación.

Waitin on a Sunny Day fue otro de los momentos estelares, y eso que prácticamente no la cantó, porque dejó que lo hiciera el público. El mismo de entre el que sacó hasta a dos niños, uno de siete años y otro de cinco, y a otras tantas chicas, a una para bailar y a otra para ofrecerle una guitarra, en distintos momentos de la noche. Y mientras, la emocionante Drive all Night otra vez de The River, una de sus grandes baladas o Badlands la canción que le inspiró la película deTerrence Malick allá por el Darkness on the Edge of Town de 1978 precedían al Light of Day con el que cerró el cuerpo principal de un directo de 22 canciones encadenadas. Pero quedaba más. Mucho más. De hecho en ese momento solo el pequeño de siete años había subido al escenario.

Tras los saludos de la banda y sin siquiera apearse la guitarra, Springsteen volvió al público y se hizo con el enésimo cartel: y empezó a sonar Radio Nowhere. Por si no había sido suficiente, Born in the USA se enganchó con Born to Run. En ese momento, pasada muy larga la medianoche, El Molinón parecía a punto de caer. Y muy a punto estuvo de hacerlo con el Twist and Shout de los Beatles y hasta con La Bamba, el guiño al que fue y será su único concierto en España de la gira.

Con el titánico esfuerzo a las espaldas, y la noche ya completamente cerrada sobre un Molinón sudoroso, extenuado, pero siempre pidiendo más, Springsteen parecía haber puesto final a un concierto memorable. La E Street se iba, pero su Jefe, no. Con su guitarra acústica en ristre dio las gracias, confesó que su mujer le había contado maravillas de Gijón, donde estuvo este verano acompañando a su hija en el Hípico, y se embarcó en Thunder Road, la canción con la que puso punto y final a una noche que bien podría haber sido una celebración de diez años en diez años entre viejos amigos. Siempre con la sospecha de que esta puede ser la última, con la pregunta de dónde estaremos en 2023. Pero con la certeza, eso sí, de que lo ocurrido anoche llegó para quedarse. Memorable Bruce

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