El amor de Simeone

El entrenador y la afición del Atlético intercambian grandes muestras de devoción mutua en la primera sesión de trabajo del argentino en el Calderón

J. BRAGADOMadrid
El amor de Simeone

Salió al campo, se acercó al círculo de los jugadores y decidió atravearlo por la tangente. Diego Pablo Simeone prefirió dirigirse a los 4.000 aficionados presentes antes que a sus futbolistas porque vio al gran amor al que renunció con la promesa de reintentarlo de otra manera. En su vena más populista y cercana a los seguidores orbitó el primer entrenamiento del argentino. Se lo debía porque eran ellos los que le habían traído con sus gritos en los últimos encuentros y ellos correspondieron con la única muestra de ilusión del siempre atribulado seguidor colchonero.

Simeone demostró que está más cercano al campo que a la pizarra. Volvió a pisar el césped del Vicente Calderón y se vistió de chándal, como su cuerpo técnico. Pero derivó en su tropa de argentinos las instruccones, en su núcleo duro en su experiencia técnica. Próximamente se unirá Juan Vizcaíno, excompañero en le doblete y el único ayudante de Manzano que permanecerá en el club tras la marcha de Rubén Baraja. Pero el entrenamiento poco mostró de sus directrices -algo de presión defensiva- porque sus gestos se dirigieron más a la grada que a los futbolistas.

Ni siquiera los peticiones a Reyes para permanecer en el club enfrentados con los pitos al utrerano le restaron su protagonismo. De hecho, una vez que abandonaron los jugadores el campo sin ningún detalle hacia los aficionados, Simeone exhibió su imagen de ídolo. Se dirigió a las vallas y firmó durante más de 20 minutos a los presentes que habían aguantado casi dos horas a 5 grados en la ribera del río Manzanares. Compartieron ánimos y volvieron a abrazarse como aquel amor de juventud. "Sin palabras" confesó el bonaerense a sus hijos cuando regresó del baño de masas.