Blanco, escudero de un solo señor

Aunque en el año 2000 llevaba ya a sus espaldas una larga trayectoria política, se aupó a la primera línea con el ahora presidente del Gobierno en funciones

EFEMADRID
Pepe Blaco y Antonio Camacho. / Efe/
Pepe Blaco y Antonio Camacho. / Efe

En el momento actual, con todo abierto en el PSOE, sin conocer siquiera quiénes optarán a liderar el partido desde el Congreso Federal de Sevilla, nadie podía garantizar a José Blanco que seguiría como número dos socialista. Pero él asegura que no quería ni tener esa opción. Su fidelidad era con Zapatero y no ha querido jugar a tener la oportunidad de demostrársela a otro líder. Aunque en el año 2000 llevaba ya a sus espaldas una larga trayectoria política, se aupó a la primera línea con el ahora presidente del Gobierno en funciones, tejiendo los entresijos de un puñado de jóvenes dirigentes que se agruparon en torno a lo que se denominó Nueva Vía y que tomaron los mandos en el 35 Congreso Federal del PSOE.

Aquella fue una cita con un halo romántico y en la que Blanco, Jesús Caldera, Trinidad Jiménez, Jordi Sevilla, Juan Fernando López Aguilar y muchos otros sintieron que abrían una nueva etapa en el PSOE. Una etapa cuyo hito fue la victoria en las elecciones de 2004. Desde entonces, la vida de este gallego nacido en la localidad lucense de Palas de Rei y que se acerca a cumplir medio siglo (nació en 1962) ha estado ligada a Zapatero, primero en el partido y luego en el partido y en el Gobierno.

Ha sido el número dos, la persona a la que Zapatero eligió para recuperar un cargo que había desaparecido cuando Alfonso Guerra abandono la cúpula del partido: el de vicesecretario general. Antes, hasta 2008 era el secretario de Organización. En la práctica, también la mano derecha. Con esos cargos, podría parecer que estaba colmada su auténtica pasión, la política. Una pasión que, tras estudiar bachillerato, le hizo abandonar los estudios de derecho que había iniciado en la UNED. Vivía por y para el partido desde que en 1978 ingresó en el PSOE. Fue secretario general de la Juventudes Socialista de Galicia, secretario general del PSdeG-PSOE de Lugo y miembro del Comité Nacional gallego.

Elegido en 1989 senador por Lugo (el más joven de esa legislatura) y concejal de Palas de Rei en las municipales de 1991, el salto al Congreso lo dio en los comicios de 1996. Casado y padre de dos hijos, esquiador esporádico y amante de la música de Serrat, Sabina y Carlos Núñez, a este cristiano sin complejos pero crítico con la jerarquía eclesiástica, le llegó su hora en el Gobierno en 2009.

Zapatero decidió que había llegado el momento de contar con él como titular de Fomento, un Ministerio para el que había trabajado su padre. Aún eran tiempos de muchos proyectos porque los duros recortes parecían estar lejanos.

Y quién le iba a decir que una de las primeras que elogió su gestión al frente de ese departamento fuera nada menos que un azote del Gobierno: Esperanza Aguirre. La presidenta madrileña ponía en la balanza al recién llegado ministro y a la persona a la que había sustituido, Magdalena Álvarez, y sacaba una conclusión: no hay color.

La crisis de los controladores

No fueron precisamente dulces palabras las que dedicaron a Blanco los controladores aéreos a los que plantó cara en 2010 por un conflicto que provocó que Zapatero decretara el primer estado de alarma de toda la etapa democrática. Con la crisis ya haciendo de las suyas tuvo que asumir también en 2010 las competencias de Vivienda tras la supresión del Ministerio correspondiente, y en julio pasado le llegó la hora de ser la voz del Gobierno.

Lo hizo sustituyendo a Alfredo Pérez Rubalcaba después de que éste diera un paso atrás para dedicarse totalmente a sus tareas como candidato socialista. Un candidato al que no dirigió la campaña electoral. Era la primera vez que no lo hacía desde que Zapatero le había dado esa responsabilidad, y hoy ha asegurado que cuando le dijo que no a Rubalcaba, ya le comentó que abandonaría la primera línea de la vida política.

Poco tiempo después, da el paso. Lo hace con un regusto amargo por las acusaciones vertidas contra él en las investigaciones de la "Operación Campeón", pero convencido de que se demostrará que todo son falsedades. Y se marcha sin explicitar su apoyo a alguien para que dirija el partido. Su favorito ya ha decidido no estar. No podría votar a Zapatero.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos