Galaxia Gutenberg recupera tres libros esenciales del poeta Francis Ponge

La edición, a cargo del crítico vallisoletano Miguel Casado, revela la pasión por las palabras del autor de 'Tomar partido por las cosas'

ANGÉLICA TANARROVALLADOLID
El poeta y crítico vallisoletano Miguel Casado. / FOTOPRENSA/
El poeta y crítico vallisoletano Miguel Casado. / FOTOPRENSA

A pesar de estar considerado como una de las voces fundamentales de la poesía del siglo XX en Francia, Francis Ponge (Montpellier 1899, Le Bar-sur-Loup, 1988) ha tenido mucha menos resonancia pública que otros grandes contemporáneos en lengua francesa como Michaux o Rene Char. Quizá la explicación se deba al rumbo que tras su primer y más conocido libro, 'Tomar partido por las cosas', adoptó su escritura, inaugurando lo que el crítico Miguel Casado considera un nuevo género, en el que el proceso del poema se convirtió en algo tan importante para el autor que incluso llegaba a sustituir al poema mismo.

Un libro recientemente editado por Galaxia Gutenberg viene a paliar ese desconocimiento y a llenar una laguna en el panorama editorial español. Se trata de 'La soñadora materia', un volumen que reúne tres libros importantes en la trayectoria de Ponge: 'Tomar partido por las cosas', 'La rabia de la expresión' y 'La fábrica del prado' y cuya edición se debe al citado crítico vallisoletano.

La relación literaria entre Ponge y Miguel Casado viene ya de lejos. «A pesar de que 'Tomar partido por las cosas' estaba traducido al español por Monte Ávila, una editorial venezolana que lo sacó en 1971, muchos en España lo conocimos en la desaparecida colección de Tusquets Cuadernos mínimos que publicó 'El cuaderno del bosque de pinos', que yo traduzco como 'El cuaderno del pinar', un título con más claras referencias vallisoletanas. Fue un libro que llamó bastante la atención por su original expresión y eso me llevó a interesarme por el resto de su obra. Se trata de un poeta muy especial. Por una parte, por la relación insólita que plantea con la Naturaleza, con el mundo de los objetos y, por otra, por su profunda reflexión de la relación entre los nombres y las cosas. Su afán por nombrar es un afán por darles la palabra a las cosas. Él dice que los poetas son los 'embajadores del mundo mudo'».

Como recuerda Casado en el prólogo del libro, Sartre dijo de Ponge: «No creo que se haya llegado nunca más lejos en la aprehensión del ser de las cosas».

Esa búsqueda, esa investigación rigurosa en torno a la palabra y su relación con los objetos le hizo tomar un camino que se muestra ya en el segundo de los libros que componen 'La soñadora materia'. «En 'La rabia de la expresión' no distingue ya entre el poema y los materiales que conducen al poema. Se inicia así un género que en Francia denominan 'borrador' y que yo prefiero traducir como 'cuaderno'. Consiste en dar a los lectores todos los apuntes, los intentos, todo el proceso, el diario de la escritura, lo que resulta interesantísimo, porque se puede hacer un seguimiento de cómo se van formando las imágenes, las distintas fuentes que intervienen en la formación de un texto. Para Ponge, lo que merecía la pena de la escritura era ese proceso de búsqueda. Que al final diera como resultado un texto o no era una cuestión azarosa».

Exigencia

Es, por tanto, desde el punto de vista del lector un poeta que responde a una exigencia fuerte. «Te obliga a participar en su proceso de reflexión, a mantener una postura activa. Su obra no tiene en ocasiones esa gratificación estética de un poema convencional. La primera edición francesa de 'La fábrica del prado' fue un facsímil del manuscrito cuya finalidad era que se vieran todas las tachaduras y las anotaciones que iba haciendo durante la escritura. Y en él está por una parte el prado, su experiencia física, y por otro la palabra prado que en francés es 'pré', un prefijo, que él llama prefijo de prefijos».

Poeta de las cosas... Poeta de las palabras... La recepción de la obra de Ponge ha sido tan abierta como las lecturas de sus textos. «Me parece importante cómo ha sido la historia de la recepción de sus poemas. A Francis Ponge le costó publicar, pero una vez que su obra empezó a ser reconocida, todas las corrientes filosóficas lo reivindicaron como su representante. El existencialismo, la fenomenología, el estructuralismo... Todos se reconocían en su obra. E incluso en debates públicos que se hicieron contando con su presencia se decían las cosas más opuestas. Las lecturas que de él se hacen son variadas y contradictorias. Realmente en su sensibilidad tan especial confluyen los dos intereses, el de los objetos y el de la textura del lenguaje».

El título del libro, 'La soñadora materia', alude a un hecho un tanto paradójico que Casado refiere en el prólogo. A pesar del declarado objetivismo de la obra de Ponge las primeras reseñas de peso aludían a su aspecto mágico. «Los primeros lectores no parecían percibir una objetividad seca, de calado filosófico, sino que más bien sentían abrirse en el texto formas de lo fantástico».

En cuanto a la elección de los tres libros que recoge el volumen, Casado comenta que de 'Tomar partido por las cosas' no se había vuelto a hacer una traducción al español desde la edición venezolana, hoy inencontrable. «En cuanto a 'La rabia de la expresión', que yo ya había traducido para Icaria, me parece importante porque inaugura esa práctica del 'cuaderno', que mantendría toda su vida y 'La fábrica del prado' nunca se había traducido al español y en él la lleva al extremo, hasta el punto de que es un cuaderno sin poema final».

Un libro necesario de un autor al que se deben imágenes como «Las patrullas de la vegetación se detuvieron antaño sobre la estupefacción de las rocas» para hablar del musgo.