La huella de Machado

Soria celebra el centenario de la llegada del poeta sevillano a la ciudad con más interés del público que oferta por parte de las instituciones

V. M. NIÑOVALLADOLID
Un grupo de escolares visitan el aula             donde dio clase el poeta en el Instituto que lleva hoy su nombre. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO HENAR SASTRE/
Un grupo de escolares visitan el aula donde dio clase el poeta en el Instituto que lleva hoy su nombre. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO HENAR SASTRE

Aprobó una oposición como catedrático de francés, quedó el quinto de 125 candidatos a siete plazas en toda España. Entre Orense y Soria, Antonio Machado eligió la segunda, porque estaba más cerca de Madrid, donde residía su familia. Aquella circunstancia marcó en 1907 la vida del poeta y el devenir de la ciudad castellana. Soria celebra este año el centenario de la llegada del sevillano que la colocó en el mapa con su historia de amor y el libro 'Campos de Castilla'.

La estela de Machado en la ciudad más oriental de Castilla y León es a día de hoy un camino de trampantojos, que, amén de explicar la historia del poeta, oculta la rehabilitación de algunos edificios céntricos. Los lugares más citados en su obra también merecen un peregrinaje atento, aunque son hitos de su memoria indiferentes a la redondez de la fechas. Y será por estas que el Ayuntamiento está esperando a mayo -cuando el escritor desembarca en la estación de San Francisco- para gastar sus salvas con el soriano adoptivo más ilustre de su historia. Porque eventos de fuste, de esos que logran sumar pernoctaciones -la medida de las instituciones que equiparan cultura y turismo-, no habrá hasta dicho mes.

El duermevela administrativo contrasta sin embargo con la iniciativa ciudadana, docente, comercial, de ilusión más despierta. La encabeza sin duda el Instituto Antonio Machado, al que se acercan cada semana algún centenar de escolares y varias decenas de maestros de toda la geografía. «Empezamos a trabajar en el centenario en noviembre del 2005», explica su director Ángel Sebastián López. Un dvd para el aula, una reedición del libro 'Antonio Machado en Soria', de otro profesor, José María Martínez Laseca, una exposición, conferencias, conforman el programa del centro. Y el alma de todo ello es el aula donde impartió sus cuatro años de docencia en Soria el autor de 'La tierra de Alvargonzález'. Este 'altar' machadiano ayuda a evocar fácilmente la figura en aquel entonces esbelta y juvenil, si es que Machado admite este adjetivo, de un ilusionado profesor. Una tarima, dos armarios, una vitrina, varios pupitres y mesas delante de un banco corrido y dos ventanas de cristal centenario, que dejan pasar una luz clara pero no deslumbrante, conforman el inventario del lugar de trabajo de aquel hombre formado en la Institución Libre de Enseñanza, maestro de ánimo renovador y detractor del autodidactismo soberbio.

De París al medievo

«Cuando Machado llega en 1907, Soria es una ciudad medieval de apenas 7.000 habitantes. Él ha nacido en Sevilla, ha estudiado en Madrid y París, es amigo de pintores y escritores del momento, todo eso contrasta con la dimensión rural soriana», explica Sebastián López quien logra enseguida el tono para raptar la atención del joven auditorio. Desmenuza los avatares de la biografía del poeta y les toca la fibra cuando les señala que Leonor Izquierdo, la muchacha de la que se enamora Machado en la pensión regentada por su tía, tenía 13 años «como vosotros ahora», y como sus alumnos, bachilleres entre los 13 y los 15 años.

Sobre la mesa hay un libro de firmas en el que dejan testimonio de su paso maestros y visitantes nacionales y foráneos. Mensajes de admiración, reproducción de versos en dubitativas caligrafías adolescentes, odas al «embrujo poético» del lugar. Aquel que imaginó cómo iba a ser su muerte, «ligero de equipaje...», no se atrevió a soñar con la pervivencia de su poesía y su entronización como el «hombre bueno», el santo laico. A la salida del Instituto, un busto del escritor del 98, conocida popularmente como 'el cabezón' pone cara al profesor para estos que ya no son sus alumnos sino sus lectores.

De vuelta a la calle Collado, se ubica la librería 'Las heras'. Uno de sus dos escaparates está dedicado en exclusiva al autor que más vende en Soria. El best-seller local es de nuevo el andaluz, por encima de otro sevillano que hizo de la sierra lugareña el escenario de sus leyendas, Gustavo Adolfo Bécquer. «Lo que más se vende es 'Campos de Castilla' y 'Poesía completa'. Se nota que hay un interés por recuperar su obra este año. En cuanto a la celebración, estamos a la expectativa, todo está por llegar, supongo que será a partir de la exposición que ahora está en Segovia», dice César Millán Díez, responsable de la librería.

Collado muere en la Plaza Mayor. Allí está la Audiencia, con el reloj «verdugo del tiempo», y la Iglesia de Santa María la Mayor, donde se casó con Leonor. «La prensa local recogió algunos insultos y recriminaciones que se le hicieron al poeta, por la diferencia de edad con la muchacha», apunta Sebastián López. En esos periódicos colaboró asiduamente Machado. La pluma periodística del poeta se había entrenado en revistas madrileñas como 'Electra', 'Helios', 'El país' o 'La república de las letras'. Luego en la ciudad castellana se extendió en 'La prensa soriana', 'Tierra soriana', 'El porvenir castellano' y 'La voz de Soria', como glosa Martínez Laseca. Hombre de hondas preocupaciones sociales, consideró esta como una ventana para sus convicciones políticas. En su siguiente destino, Baeza, lamentaría el poco predicamento periodístico del lugar, algo que le entristecía doblemente al ser su tierra de origen. En Segovia y, posteriormente, en Madrid retomaría la prosa de los diarios.

Esperando a mayo

De la Plaza Mayor sale la Calle Pósito, que sube a la Iglesia de Nuestra Señora del Espino, frente a la que toma el sol el olmo seco, embalsamado contra la grafiosis. El «milagro de la primavera», que podía hacer reverdecer al árbol, era la metáfora con la que expresaba su esperanza en la recuperación de una agónica Leonor. Cuando ella enferma, -estaban en París con una beca que le conceden al poeta-, vuelven a Soria y Machado alquila una casa colindante al Paseo del Mirón. Mandó construir un carro en el que la sacaba a tomar el aire. Desde esa parte elevada de la ciudad se tiene una privilegiada visión del Duero que ahora aprovechan los que se alojen en el Hotel Leonor. Por cierto el Parador Nacional lleva el nombre del esposo.

El recorrido por los pasos sorianos de Machado muere en el cementerio. La rutinaria señalización numérica de calles se rompe con un cartel que convierte a Leonor en la excepción del lugar. Deben ser tantos los visitantes que su tumba es el hito machadiano mejor indicado. La modestia de la lápida resulte sorprendente. Flores de plástico, un par de rosas rojas y media docena de claveles marchitos miden la devoción de los amantes del amor.

Machado dejó el escenario de su pena en pos de la cátedra jienense, volviendo a Soria en 1932 para ser nombrado hijo adoptivo, evento que tuvo lugar en el 'Rincón del poeta', a la sombra de la Ermita de San Saturio.

El Ayuntamiento, enfrascado en concursos escolares, ha afrontado la celebración de este año con el lema 'Sigue la huella de Machado. Sueña Soria'. Una exposición de fotografías de César Sanz Marcos ilustra 'los universos machadianos' desde la sala de Caja España aneja al Instituto. La ciudad despertará a las conmemoraciones el día 22 con la inauguración de la muestra 'Antonio Machado en Castilla y León', que ahora está en Segovia. En la jornada anterior, el 21, el casco antiguo revivirá la llegada del poeta con una recreación de la época.

Los comerciantes han querido rendir su homenaje con la creación de los premios Caminante, que otorgarán en mayo. Los galardonados son Ian Gibson, autor de 'Ligero de equipaje, la biografía de Machado', y Serrat, quien ha popularizado algunos poemas de Machado gracias a su música. Sea por falta de audacia o por desidia, la huella de Machado en Soria es un activo sin explotar para goce del viajero que la busque.

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