«Modesto Lafuente depuró la historia de fabulaciones»

El historiador destaca la contribución del palentino Modesto Lafuente a la historiografía española a través de su magna obra de treinta tomos

FERNANDO CABALLEROPALENCIA
Sisinio Pérez, el pasado jueves en la Diputación. / MERCHE DE LA FUENTE/
Sisinio Pérez, el pasado jueves en la Diputación. / MERCHE DE LA FUENTE

Juan Sisinio Pérez Garzón (Gójar, Granada, 1949) es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Castilla-La Mancha. Especializado en historia social, ha sido el responsable de la edición de 'Historia General de España. Discurso preliminar', del historiador palentino Modesto Lafuente, del que la Diputación conmemoró el año pasado con esta publicación y otros actos el segundo centenario de su nacimiento. Modesto Lafuente fue el autor de los 30 volúmenes de la 'Historia General de España, desde sus tiempos más remotos hasta nuestros días' (1850-1858). Juan Sisinio Pérez ofreció el jueves un conferencia sobre el historiador palentino en el ciclo organizado por la Institución Tello Téllez.

-¿Qué aportó Modesto Lafuente a la Historia?

-Modesto Lafuente fue el artífice de la historia nacional española, el que vertebró el modo de organizar la historia de España concebida como una nación cuya existencia tenía un arraigo en un territorio peninsular que marcaba la personalidad como pueblo: ser tan plural y diferente como proclive a unirse políticamente frente a los de fuera. Hasta Lafuente sólo existía una historia de los reyes, realizada por el padre Mariana al filo del siglo XVII, llena de mitos, fábulas y versiones interesadas de los conflictos dinásticos. Lafuente, sin embargo, depuró la historia de falsificaciones y fabulaciones. Se propuso escribir y escribió una historia rigurosa, bien documentada, argumentando con fuentes contrastadas y construida sobre el hilo conductor de la vida no de los reyes sino del pueblo español, que pasa a ser el protagonista de la historia nacional.

-¿Qué concepto historiográfico novedoso practicó Modesto Lafuente?

-Su concepto aportaba tres novedades: hizo una historia nacional, una historia de rigor en fuentes y documentos y una historia para ser útil a la formación de ciudadanos españoles. En definitiva, con Lafuente se fraguó el nacionalismo historiográfico español, y sobre los raíles trazados por Modesto Lafuente se sigue enseñando la historia de España, en sus líneas básicas y generales, todavía hoy.

-¿Sigue vigente la obra de Modesto Lafuente y sus ideas sobre la historia?

-Efectivamente, no se dice explícitamente, pero la obra de Lafuente es el soporte no reconocido del modo de interpretar y organizar el pasado español, tanto en libros de texto como en obras de afamados especialistas o incluso en los programas de investigación más concretos de las distintas universidades españolas.

Punto de partida

-¿Cómo ha evolucionado en el siglo XX la visión que los historiadores tenían de Modesto Lafuente?

-Siempre se ha considerado a Modesto Lafuente el punto de partida, pero hay que reconocerle al profesor Jover Zamora, recientemente fallecido, que nos enseñara la importancia de la historiografía y, en concreto, que nos subrayara la importancia de la obra de Lafuente. En este sentido, Jover, como continuador de la 'Historia de España' iniciada por

Menéndez Pidal, supo transmitirnos la importancia de aquella magna obra que realizó en el siglo XIX Modesto Lafuente y que sirvió de precedente para la obra que impulsó en el XX Menéndez Pidal.

-Además de historiador, Lafuente fue político. ¿Se puede afirmar que fue objetivo en sus análisis?

-Claro que sí, la objetividad no está reñida con el compromiso ciudadano y político. Modesto Lafuente hizo una historia basada en documentos, pero interpretando el pasado desde las inquietudes del liberalismo del siglo XIX.

Eso es objetividad a la par que compromiso. No falseó el pasado, fue objetivo, pero tomó partido por las libertades, y eso es compromiso cívico, como buen liberal que fue.

-Como periodista, destacó en el periódico satírico 'Fray Gerundio'. ¿La ironía forma parte de la metodología histórica?

-La sátira es un género muy meritorio, necesario y loable, pero no forma parte de la metodología del historiador, que debe explicar los procesos del pasado, no hacer sátiras con ellos. El historiador tiene que explicar a los lectores lo que ocurrió, cómo pasó, por qué se desarrolló en una dirección o en otra, qué consecuencias tuvo, pero su oficio no es divertir con ironías, aunque la historia sí que nos enseña que todo es cambiante, que nada es eterno, que no se pueden hacer profecías, que, en definitiva, estamos construidos en el tiempo y no hay nada que no tenga un inicio y un fin, pero esto no es ironía sino saludable enseñanza.

-¿Es concebible hoy una Historia como la que escribió Lafuente?

-Hoy han avanzado los métodos de investigación, nos preocupa una interpretación más completa de todos los sujetos históricos (de las clases sociales, de las mujeres, de las voces no triunfantes en el pasado...) y, por tanto, la historia, como todas las ciencias, aunque tiene sus orígenes en el siglo XIX, hoy, afortunadamente, ha avanzado hacia mejores cotas de conocimiento, en general.

Memoria histórica

-¿Cómo cree que se está llevando a cabo la recuperación de la memoria histórica?

-Hay tantas memorias como personas como ideologías y como grupos sociales. Por eso, es importante que las personas y los grupos que durante cuarenta años no pudieron conmemorar a sus antepasados, a sus personas queridas,

tengan la ocasión justa de que éstas se reintegren con pleno derecho en la historia y en la memoria de toda la sociedad. Debemos tener en la memoria, como sociedad democrática, el recuerdo de cuantos lucharon por

organizar una España mejor, cada uno desde una ideología, pero ahora no podemos negarle ese derecho a una parte de la sociedad como si los vencedores de la guerra tuvieran el monopolio de ser los únicos con derecho a ser recordados o conmemorados. Todos deben caber, vencedores y vencidos, en nuestra memoria.

-¿Era necesario este movimiento?

-Lo era, porque había una injusticia de memoria con ciertos sectores de nuestra sociedad.

-¿No se cae en el defecto de ofrecer solo una visión sectaria de la

historia?

-Al contrario, durante cuarenta años hubo sólo la visión de unos, eso sí fue sectarismo, impuesto por la fuerza. Luego se recuperó, con la democracia, desde 1978, parte de la memoria de otros, de los vencidos, pero quedaba personas que no tenían ni el derecho a una tumba. Es humanitario, es cristiano, enterrar debidamente a todos, sin exclusión de ideologías o credos. No hay sectarismo. El sectarismo consiste en negarles el derecho a recordar. Mientras unos canonizan a los suyos, no se le puede negar a otros que recuerden a sus progenitores, o a sus antepasados ideológicos y políticos.

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