Los Fantasmas

ABÍA CMIGUEL VELASCOcierta expectación ante el estreno de la película 'Los fantasmas de Goya' de la que algunas escenas Milos Forman rodó en Segovia. En cierto modo ese interés era lógico dado el eco que su presencia aquí durante varios días tuvo en los medios de comunicación y, sobre todo, por la acogida de brazos abiertos que tuvo con él el Ayuntamiento y por las declaraciones de la concejala de Cultura, Clara Luquero, resaltando la gran difusión que tendría Segovia en la película y el «gran detalle» que Milos Forman la había prometido que tendría con la ciudad. Hasta tal punto se lo creyeron alcalde y concejala que incluso eximieron a la productora del abono de las tasas de rodaje establecidas en las correspondientes ordenanzas municipales y asumiendo (además del colapso que padeció la ciudad y sufrieron los segovianos) buenos gastos de reposición de elementos y de personal aplicado para la limpieza de calles y retirada constante de excrementos de los caballos. Sin embargo, tales expectativas han quedado defraudadas y lo que podía haber sido -como aseguraron a la concejala- una gran difusión de la ciudad se limita a tres o cuatro breves secuencias y en la parición de un modesto agradecimiento camuflado entre más de quinientos nombres en los créditos del final de la película. Eso ha sido todo

HSin entrar al enjuiciar el film, vuelve a producirse una habitual situación de ensoñamiento con el tema de las grandes producciones cinematográficas (y ésta, a juzgar por el elevadísimo presupuesto lo era) en que promesas de grandes vuelos para las localizaciones elegidas turban la mente de los responsables de autorizar el evento, pedir el sacrificio de los ciudadanos, asumir un buen número de gastos y encima eximirles de las correspondientes tasas en vigor. Es normal que estas grandes superproducciones reflejen al uso ciertas cantidades no pequeñas para estos fines: cantidades que a los ayuntamientos les viene muy bien para afrontar con ello gastos extras sin consignación presupuestaria o bien disponer en efectivo un remanente para apoyos a iniciativas privadas de segovianos más modestas que las de Milos Forman. Sin embargo la candidez de la concejala de Cultura, Clara Luquero, sin duda se habrá visto sorprendida por la escasa notoriedad de la ciudad en la película y por el «gran detalle» que tomando café la prometieron con Segovia y que ha quedado traducido (al menos que se sepa) en invitar al Ayuntamiento (como a otros cientos) al preestreno en Madrid, donde precisamente Movistar propiciaba el mismo día idéntico pase en otro cine de aquella capital para el que sobraron invitaciones.

En cualquier caso, no es hora de decepciones sino de asimilar lo acaecido y despabilar para otras ocasiones en que -como ahora- grandes superproducciones de notable notoriedad traten de invadir la ciudad apelando siempre al sacrificio de los ciudadanos y olvidarse de la aplicación de sustanciosas tasas legales que servirían para tapar muchos agujeros. Tasas que, por otra parte, en los grandes presupuestos de esas superproducciones constituyen el chocolate del loro. A aprender.