Intriga intimista

V. M. NIÑO

Escribir para no olvidar lo vivido, construir un dique de papel en el que se estrellen las fantasiosas olas de la memoria, sometida siempre a las mareas humorosas del narrador. Ese es uno de los motivos que llevan a Lucas y Victoria, los protagonistas de la novela de Fernando García Calderón, a escribir a cuatro manos 'La noticia'. A partir de una cita de Koestler, este ingeniero, que hace partícipe a su personaje de su condición, plantea al lector una narración-puzzle cuya visión no se completa hasta la última pieza. Y por el camino, nada de narrador omnisciente que le lleve de la mano, ni un índice guía por el que avanzar seguro, ni siquiera nombres que indiquen quién toma la palabra. García Calderón aplica la intriga policíaca a un relato intimista que recorre la vida de un grupo de amigos nacido en la Universidad de finales de los setenta y que veinte años después, por una muerte, se reencuentran. Pero no hay que fiarse de una síntesis tan fácil. El autor juega con el lector, como parece que han jugado sus personajes y su memoria con él. Logra enganchar la atención desde el primer momento sin mitigar el desconcierto. Hay dos voces masculinas, relacionadas con Victoria, que hablan con una joven, el hilo entre ambas casas. La interlocutora es un oído mercenario pagado por uno para escuchar al otro, y el lector asiste a esas conversaciones en las que conoce por dos miradas los mismos hechos. En ese trasiego, García Calderón habla de la 'generación perdida' tras la intensidad de la que hizo la Transición y las nacidas ya en democracia, de la dignidad, de la coexistencia poco pacífica del éxito social y el fracaso personal, del posibilismo.

Los protagonistas comparten con el autor una primera juventud vivida en la incertidumbre alegre tras la muerte del Caudillo y un final de etapa universitaria con el susto de Tejero. La literatura ha sustuido a la política como pasión dialéctica. Solo un personaje esboza simpatía por la causa etarra. García Calderón sitúa a sus criaturas en la cresta de la ola profesional y resistiéndose a coger el tren piso-familia-ascenso. Un poco 'peter panes' pero no tanto cuando el envés del papel nos muestra que la posibilidad, la narración de Victoria y Lucas, era más romántica que la realidad. Por otro lado, la ambición de Victoria, capaz de administrar vida y muerte, está lejos de la ingenuidad de quien se niega a crecer. Entretenida y audaz, con momentos de gran lirismo, la novela Fernando García Calderón es artificiosa a posteriori, cuando se recompone el puzzle, pero no mientras se disfruta. Quizá un poco de piedad por el lector debiera haberle dictado un lenguaje más diferenciado entre los dos hombres, aunque el esfuerzo merece la pena. Ganador del premio Ateneo de Valladolid, es uno de los casos en los que un galardón sirvió para impulsar una buena pluma.

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