El comedor de los dioses

En el enigmático Monte Irago, al pie de la Ruta Jacobea, la Taberna de Gaia se ha convertido en un referente de la cocina de inspiración celta

JAVIER PÉREZ ANDRÉS
Enrique Notario y su equipo, en La Taberna de Gaia. / ARGI/
Enrique Notario y su equipo, en La Taberna de Gaia. / ARGI

La Taberna de Gaia es un restaurante insólito, un proyecto atrevido, una cocina original y un lugar donde el comensal se sumerge en un clima de resonancias celtas. El tipo de construcción y la decoración de las estancias arropan una comanda de platos tradicionales donde el verdadero lujo está en el planteamiento humano de quienes reciben, atienden y dan de comer. La palloza-tienda tiene teito de paja de centeno. Los troncos de los árboles que sujetan las techumbres de pizarra también hacen de pilares. La mampostería de piedra es el mejor aislante de un lugar mágico enclavado en plena Ruta Jacobea. No es fácil apostar por un proyecto como el de la Taberna de Gaia, situado en la histórica villa jacobea de Foncebadón, en la falda del Monte Irago y a corta distancia de la montaña de piedras que sujeta la Cruz del Ferro.

En Foncebadón el invierno es duro. La niebla, las lluvias y las tormentas se aplacan al penetrar en el interior de la taberna que Enrique Notario decidió construir para volcar en ella todo un caudal de filosofía con los pies en la tierra y la hospitalidad traducida en el servicio de uno de los restaurantes más originales de Castilla y León. Los cuadros, las velas, las esculturas talladas en madera, los muebles, la indumentaria del personal y, fundamentalmente, el trato, la conversación, la sonrisa de quienes son conscientes de que llegar hasta Foncebadón para comer es una aventura que no acaba, sino que empieza cuando el comensal se sienta en mesas amplias que se comparten con otros clientes.

La nomenclatura de las cartas no desentona. Los primeros platos -denominados lances- hacen un guiño a la cocina tradicional de la sopa de trucha, de los embutidos curados, los revueltos de verdura o unos langostinos a la plancha presentados en una teja árabe acompañados de salsa de eneldo. Para los segundos también utiliza nombres curiosos -'Señor de los Bosques' para el ciervo estofado o el churrasco de carne de ternera del Teleno, que denomina 'Hijos de Gaia', dejando el congrio y la lubina en las manos del 'dios Lir'-. Tartas de queso y pastel de chocolate y galletas con café de puchero. Toda la vajilla es de barro, desde el plato al vaso, la escudilla, la taza o el jarro donde se trasiega el vino leonés de calidad. Y todo entre 15 y 20 euros.

Lo más sorprendente es que quien tenga imaginación puede esperar cualquier cosa. Por la puerta de madera podría entrar desde el capitán Alatriste, Conan El Bárbaro, un peregrino medieval o un arriero maragato buscando cobijo en una noche de tormenta. Enrique y su mujer Pilar, la alemana Yuta y Begoña -que además es una artista de las marionetas- logran representar los personajes del mesón como si se tratase de un escenario propio de 'La Pícara Justina', que la afición literaria ubicó en otro lugar del Camino de Santiago, como es la localidad jacobea de Mansilla de las Mulas. La Taberna de Gaia, en Foncebadón, lanza varios mensajes: se puede diseñar una cocina de inspiración celta con un claro recetario tradicional, con gracia y seriedad. Las materias primas, -las de edificar y las de cocinar- se funden en la comanda del Monte Irago.