Un paseo entre los petroglifos

Un paseo entre los petroglifos

El primer catálogo encargado al arqueólogo berciano Rodrigo Garnelo señala 16 yacimientos arqueológicos con estos grabados

VANESA SILVÁN león

Patrimonio elabora el primer catálogo de petroglifos de la provincia de León, encargado al arqueólogo berciano Rodrigo Garnelo y que recoge los 16 yacimientos arqueológicos, la mayoría ubicados en la Maragatería. Un trabajo que ha supuesto la catalogación, caracterización y delimitación geográfica de estos hallazgo y que revela que, de todos los petroglifos documentados, únicamente los de Peña Fadiel parecen ser «sin ninguna duda» prehistóricos.

El estudio 'Trabajos de prospección de sitios con diferentes hallazgos de petroglifos en la provincia de León' tuvo como objetivo, según informan desde la Dirección General de Patrimonio Cultural de la Junta de Castilla y León, la realización de las fichas del inventario del patrimonio arqueológico del amplio conjunto de estas muestras de arte rupestre en León. Así, el arqueólogo Rodrigo Garnelo señala cuatro tipologías diferentes de grabados como son los laberintos, las herraduras, los cruciformes y las cazoletas y canalillos.

Unas representaciones presentes en los petroglifos documentados en Peña Fadiel (Filiel) y Peña Martín y el Vasico (Chana de Somoza), en el municipio de Lucillo; Peña Furada y Valdecorrales (Andiñuela), en Santa Colomba de Somoza; la Chanada (Quintanilla de Somoza) y la Degollada (Tabuyo del Monte), en Luyego; Peña Fincada 1 y 2 (El Ganso), en Brazuelo; la Pisada del moro y la mora, en Castrillo de la Valduerna; el Castro Encarnado, entre Piedralba (Santiago Millas) y Cuevas (Valderrey); el Arca y el Escaño, en Quintana y Congosto; Peña Mortero y la Raposera, en Alija del Infantado; Cazoletas (Santa Marina de Torre), en Torre del Bierzo; y el Tueiro (Villasimpliz), en la Pola de Gordón.

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Garnelo cuenta que algunos de estos yacimientos ya han sido documentados por la Universidad de León (ULE) como son los de Peña Fadiel, Peña Martín y Peña Furada, al tiempo que destaca la labor realizada por el aficionado Juan Carlos Campos, que ha realizado varios descubrimientos. «Campos ha notificado todos sus hallazgos y la Junta ha hecho caso y los ha incluido en la carta arqueológica, de algunos no había coordenadas exactas y la Junta quería poner en orden todos esos descubrimientos con su documentación y localización», cuenta. Así, pide que cualquier persona que localice alguno de estos afloramientos, que sea cuidadoso y evite una excesiva publicidad que pudiera ponerlos en peligro antes de que se adopten medidas de protección.

Este estudio localiza y documenta todos los petroglifos descubiertos, junto a su análisis cronológico. «La mayoría no eran prehistóricos, ni tan siquiera medievales, correspondientes el mayor número a época moderna o contemporánea», precisa Garnelo. En líneas generales, resume, sólo los laberintos de Peña Fadiel parecen ser «sin ninguna duda» prehistóricos, mientras que los cruciformes con la posible excepción del Tueiro- y las herraduras pertenecen a época histórica (edades Moderna y Contemporánea) y del resto de conjuntos con cazoletas y canalillos «no se puede aportar una adscripción cronológica certera».

De laberintos a cazoletas

El arqueólogo explica que los laberintos sólo se documentan en Peña Fadiel, acompañados por algunas pequeñas cazoletas. Ese tipo de grabados son un elemento típico en las representaciones de la época prehistórica y permiten relacionar este yacimiento con los petroglifos gallegos. «Los petroglifos de Peña Fadiel son prehistóricos», confirma Garnelo, al tiempo que reseña el informe llevado a cabo por la ULE y que los data entre el tercer milenio antes de Cristo o el inicio del segundo milenio antes de Cristo, es decir, al comienzo de la Edad de Bronce.

En cuanto a las cazoletas -ya sean solas o conectadas mediante canalillos-, como las que fueron halladas en el pueblo de Santa Marina de Torre, en el Bierzo, «pudieron ser hechas hace 20 años o hace dos mil». «Es un grabado muy sencillo que, si aparecen de forma aislada, es imposible situarlas cronológicamente de una forma concreta», indica Garnelo, que puntualiza que sólo se pueden fechar por su asociación con otros grabados, como es el caso de Peña Fadiel, o por otras referencias, como en aquellos en que los pastores recuerdan que cuando estaban al cuidado del rebaño hacían esos grabados en la roca para entretenerse.

«Pueden haber sido hechos en muy diferentes épocas, se considera que la mayoría son modernos, pero no se puede saber a ciencia cierta si no están asociados a otras figuras, como en Peña Fadiel con las espirales prehistóricas, o a pastores, que serían ya contemporáneas», insiste. A este respecto, resalta también el ídolo de Tabuyo del Monte, una estela funeraria datada del 1.800 antes de Cristo que se exhibe en el Museo de León y en la que, entre otros grabados, se representan también varias cazoletas. «Así que las cazoletas pueden ser muy antiguas o no serlo», apostilla.

Cruces de calvario o antropomorfos

Otro de los grabados más frecuentes son los cruciformes, que pueden corresponderse con las llamadas cruces de monte o de calvario o, incluso, confundirse con antropomorfos prehistóricos. En el caso de los petroglifos leoneses, la mayoría se corresponden con la época moderna o contemporánea y hay dudas sobre el Tueiro. «Es un grabado que está aislado, sin otros alrededor, con un trazo que le hace parecer un antropomorfo y le asemeja a otros ejemplos de pinturas prehistóricas de la provincia como Sésamo, Librán o Morla de la Valdería. Son pinturas esquemáticas que representan los brazos, el tronco, las piernas y el pene», explica Garnelo, que puntualiza que él se inclina más por que sea un cruciforme porque «no tiene la cabeza engrosada» y el trazo de los brazos es recto, mientras que en las pinturas su trazo es curvado.

Por su parte, las cruces de monte o calvario son un grabado que muestra una cruz encima de un triángulo que simboliza a Jesús crucificado en el monte Gólgota. Es una imagen que se promueve desde el Concilio de Trento en el siglo XV y cuyo uso se generaliza en en la época moderna. «Las representaciones de estas cruces se asocian a las firmas de pastoes de los siglos XIX y XX», explica el arqueólogo, que alude también a los grabados de herradura como modernos porque generalmente están unidos a los cruciformes, aunque «hay investigadores en Galicia que dice que pueden estar relacionados con la Edad de Bronce». «Como las cazoletas, es un grabado muy sencillo que podría pertenecer a épocas muy distintas», matiza.

Como curiosidad, Rodrigo Garnelo resalta que, en varios de los petroglifos de la Maragatería, su ubicación coincidía exactamente con el límite de término de los pueblos. «Es algo interesante, son varios casos de la comarca maragata, donde el grabado está situado marcando el término del pueblo, señalando el vértice de la linde», insiste el arqueólogo, que se pregunta si esos grabados fueron hechos para marcar la piedra que marcaba la linde o, al revés, que utilizarán esas rocas ya grabadas y que todo el mundo podía reconocer para hacer pasar la linde por ese lugar.

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