«La moral está en crisis en un mundo difícil y enconado»

A. T.VALLADOLID

Miguel Delibes recibió la noticia de la concesión del premio Vocento a los Valores Humanos en su casa de Valladolid, un refugio que solo abandona para dar sus cotidianos paseos y desde donde está al tanto de lo que pasa en el mundo. El que se trate de un reconocimiento a los valores humanos le da pie para reflexionar sobre una cuestión que considera que está a la baja, situación que, a su juicio, se refleja en los medios.

-Aunque sea un tópico hay que preguntarle por la sensación que le produce recibir un premio así.

-Se trata en verdad de una bonita distinción esta de premiar los valores humanos. Antaño el mero hecho de nacer de mujer ya nos hacía portadores de estos valores. ¿Ocurre hoy lo mismo? Desgraciadamente creo que no. El hombre se empequeñece y porta hoy muy pocos valores, a veces, ninguno. La moral está en crisis y los diarios nos dan cuenta puntual de que vivimos en un mundo difícil y enconado. Esta falta de valores se exhibe como un mérito porque el hecho de tenerlos no sólo obedece ya a nacer de mujer sino a llevar a lo largo de la vida una conducta noble y digna. Hoy existen muchos seres cuyas manifestaciones no son precisamente edificantes. Premiar a sus contrarios me parece un deber, si no queremos que el hombre desaparezca como rey de la creación.

-Los protagonistas de sus historias han tenido siempre una dimensión ética y la crítica ha puesto de relieve su amor por los perdedores. ¿Fue algo premeditado desde el principio?

-Claro, esto no se improvisa. Cuando uno se siente reflejo de la humanidad, debe empezar por exaltar lo justo, es decir, porque nadie en este mundo se sienta perdedor y que todos puedan alcanzar lo suficiente para no serlo.

-Usted ha vivido la mayor parte de su trayectoria vinculado al periodismo. ¿Cree que los medios de comunicación son hoy un ámbito donde los valores humanos encuentran el debido eco y promoción?

-Naturalmente el periodismo es una actividad íntimamente relacionada con la vida del hombre. El juicio del narrador subyace en el fondo de toda noticia. Debemos tener cuidado. Los que hacemos los periódicos somos responsables de repartir censuras y aplausos. La redacción de un periódico viene a ser una especie de tribunal que enjuicia la vida humana, para bien o para mal, a través de unos principios morales. El periodista tiene en la mano el halago y la maledicencia, pero hay que utilizar ambos con mesura. El periodista vendrá a ser, pues, un hombre formado y sensible que censure por un lado las actitudes necias con conocimiento de causa y preste, por otro su pluma para facilitar un desarrollo equilibrado del hombre. Para cualquiera de las dos cosas no es aconsejable la literatura. Un silencio oportuno puede ser, a veces, suficiente y eficaz.