Regular la convivencia

Regular la convivencia/
Regular la convivencia

MENUDO jardín en el que se ha metido el Ayuntamiento con la Ordenanza de Convivencia Ciudadana. Esta es la madre de todas las regulaciones municipales, cuyo interés está incluso muy por encima de los miniapartamentos, o debería. Si es difícil administrar los hábitos en una comunidad de vecinos, imagínense lo ímprobo y fatigoso de esta tarea que se extiende a toda una ciudad. Según lo que ha sido publicado, la ordenanza baja al terreno de lo concreto y esta es la novedad, porque en realidad el Ayuntamiento no hace otra cosa que invocar a la convivencia cuando regula la instalación de terrazas hosteleras, vigila el ruido, aplica la ley antitabaco...

POR LOS SUELOS

No solo ceniceros

Un primer bloque de prohibiciones se dirige a desterrar la costumbre de tirar objetos a la vía pública. Los que fumamos cada vez lo hacemos más al aire libre tal y como se ha puesto el patio en este asunto, y el 90% dejamos caer la colilla al adoquín entre otras cosas porque no hay mobiliario urbano adecuado para evitarlo. Los no fumadores protestan ya por la petición de ceniceros públicos, por el gasto que supone, pero se callan cuando sus hijos se desprenden graciosamente del plástico del 'bollycao'. ¿Se prohibirá también arrojar migas de pan a las palomas? Estos actos, que parecen tan solidarios, son igualmente incívicos.

Y LOS PERROS

Tuteo

Similares metas persigue la campaña municipal sobre el papel de los perros en la sociedad civilizada. A ellos se les permite hacer sus necesidades en la vía siempre y cuando el dueño recoja el recuerdo; a sus amos, sin embargo, no se les permite bajo ningún concepto. Lo llamativo del caso es, más que el fondo con el que casi todos estamos de acuerdo, la forma con la que se ha llevado a cabo la campaña. Las cartas se las dirige la concejala de Medio Ambiente a los propios perros (una originalidad que ya ha sido motivo de chanza hasta en programas nacionales) a los que se llama de tú aunque no medie conocimiento mutuo. Pues sí, una gracia.

POR LOS CIELOS

Bombonas y carteles

La ordenanza quiere también erradicar la españolísima imagen de la ropa tendida a la vista del respetable, y es de suponer que los encargados de velar por su cumplimiento serán los agentes de la patrulla de intervención rápida. Tampoco se quiere seguir permitiendo la imagen de las bombonas de butano en los balcones, otro tipismo. Todo está muy bien, aunque desde luego hay mucho trabajo por delante.

Sin embargo, otros elementos igualmente molestos para la contemplación del entramado urbano que no dependen de los ciudadanos no son tratados con el mismo rigor.

Ahí está el cableado urbano, con toda la pinta de quedarse, y ahí están también esos cartelones desproporcionados en los que las instituciones dan publicidad a sus obras de adecuación de tramos urbanos, rehabilitaciones o renovación de canalizaciones.Por ALFONSO ARRIBAS