Periodistas

MIGUEL VELASCO

AÚN están recientes los ecos de la gala de los premios Cirilo Rodríguez. Su creciente prestigio en reconocimiento a la labor de los corresponsales o enviados en el extranjero supone una obligada cita de buena parte de la sociedad que, inteligentemente, valora esa delicada misión de informar y la trascendencia del mensaje. Eso hace que el apoyo de las instituciones no sea baldío sino que, por el contrario, se prestigie al tiempo el nombre de Segovia. Como espaldarazo a la importancia de la labor de los periodistas, la presencia de los príncipes de España siendo Doña Leticia presidenta de honor del premio. Eso viene a significar una clara apuesta de la Familia Real por la dignificación de la profesión periodística y un reconocimiento al esfuerzo de su ejercicio; más aún desde posiciones de conflicto, incluso bélico, de claro riesgo personal. En ese sentido Segovia tiene que agradecer esa disposición de los Príncipes que, además, dejaron constancia del cariño y la vinculación de la Familia con nuestra ciudad, de lo que ya han dado numerosas muestras inequívocas como la del otro día departiendo durante casi dos horas con los segovianos.

Pero por encima de esa sintonía con la profesión periodística, habrá que resaltar un reconocimiento de mayor calado en cuanto a la misión y al ejercicio de la libre práctica del periodismo. Se ha reflexionado mucho -nunca lo suficiente- sobre la dimensión de la tarea de los periodistas. Lo comentaba el Príncipe, aunque no sea nueva la apreciación: los periodistas constituyen en puridad el nexo de unión entre la sociedad y el poder. La ciudadanía no dispone de medios ni de recursos suficientes para dejar oir su voz desde el poder si no es a través de los medios de comunicación. Y aquel se apoya en estos para trasladar su mensaje político. De ahí la auténtica responsabilidad del ejercicio periodístico. Hablamos de un periodismo libre, independiente, honesto, riguroso, ético, moral y despojado de otras conexiones que frecuentemente le amenazan. Son numerosos los tentáculos que pretenden ahogar esa independencia y esa libertad. Pero por encima de ellos está la dignidad y la conciencia del periodista libre capaz de superarlos. El ejercicio del periodismo exige a veces una entrega ejemplar y desgarrada. Incluso de enfrentamiento con los poderes fácticos ante la denuncia de agresiones a los recursos y a las libertades individuales o colectivas. De transgresiones de la racionalidad y de la justicia. De conculcación de derechos y de atropellos al legado histórico. De un sinfín de situaciones que la sociedad no tiene otros medios para resaltarlas que mediante los periodistas. Por eso es bueno que, de vez en cuando, surja un motivo que invite a la reflexión de la verdadera esencia de su tarea: la de informar valiente y honestamente y crear un estado de opinión libre. La indefensión crítica a veces induce a la ciudadanía a posicionarse en un lamentable estado de letargo frente a la injusticia. El hecho de que haya profesionales íntegros que ejercen su profesión con la dignidad requerida supone que la sociedad estará más protegida y los gobiernos serán más cautos en el ejercicio de su poder y sus recursos.