Brian Jones revive entre los tópicos del rock en 'Stoned'

O. L. B.

'Stoned' nace lastrada desde el primer fotograma. Muestra a unos iconos del rock todavía en activo: los Rolling Stones. Y la suspensión de la verosimilitud exigible a todo largometraje no funciona: tenemos tan presentes a los miembros del grupo que cuando aparecen los actores la cosa no funciona. Bien es cierto que el absoluto protagonista de este fallido 'biopic' es Brian Jones, el Stone ignoto. El componente más salvaje del combo apareció muerto en la piscina de su casa en 1969. Tenía 27 años, y se encontraba en una encrucijada vital y profesional. El resto del grupo no le aguantaba. Las drogas y su inagotable apetito sexual -se le atribuyen cinco paternidades- terminaron por hundir al Stone más atractivo.

El director Stephen Woolley se pasó diez años investigando a Jones. Una figura vital es Frank Thorogood, un constructor que entabló una relación de amor-odio con la estrella. Encargado de las reformas de su mansión, acabó viviendo allí y envidiando al hedonista Jones, del que le separaba la clase social. Según defiende el director, Thorogood confesó en su lecho de muerte que había asesinado al músico, a pesar de que la autopsia diagnosticó sobredosis. 'Stoned' ('colocado', en argot) desgrana todos los tópicos relativos a la estrellas del rock: éxito, fans, drogas Las risibles secuencias con el protagonista colgado de LSD parecen sacadas de 'Austin Powers' pero sin gracia. 'Stoned' no solo no arroja luz sobre la muerte de Brian Jones, sino que no consigue que sepamos quién diablos fue.