«Los niños ya no saben jugar en espacios abiertos»

J. OLANOPALENCIA

Amante de la naturaleza y apasionado del deporte, Francisco Caballero, de 30 años, es monitor de ocio y tiempo libre, y entrena atletas de categorías de promoción. La escalada y las actividades acuáticas son sus favoritas, pero el programa que sigue con los niños en los campamentos no tiene fin. Nunca se aburren, ni los monitores ni los participantes. Además, Fran Caballero ha publicado una guía didáctica de construcciones lúdicas con cuerdas, dirigida fundamentalmente a docentes y monitores, que se ha presentado en el marco del IV Congreso Internacional del Aula Naturaleza en la Educación Física, que se cierra hoy y en el que participan 170 profesionales.

-¿Se necesita aprender a jugar?

-Por supuesto, nacemos con algo innato, pero se está perdiendo el saber jugar. A los niños hay que enseñarles, porque les dejas en un espacio abierto y sin ningún juego y parece que no saben jugar. Y para enseñarles, la naturaleza es el espacio idóneo. Lo que ocurre es que les gustan las cosas que les diviertan pero que no les suponga demasiado esfuerzo físico.

-¿También hay que instruirles a los profesores?

-Hay que dotarles de material y yo me decidí a hacer la guía de las construcciones lúdicas con cuerdas porque no había nada publicado sobre este tema. El objetivo de esta guía es que la pueda seguir cualquiera, porque está planteada desde una perspectiva sencilla.

-¿El riesgo en las actividades relacionadas con la naturaleza siempre está presente?

-Todo tiene su riesgo, pero hay que saber asumirlo y controlarlo. Se trata de aprender a prevenirlo, y de que en caso de que se dé una situación arriesgada, saber solucionarla. Casi nunca ocurre nada, pero cuando hay un accidente con una tirolina tiene tanta repercusión que parece que es algo más arriesgado de lo que es. Además cualquier actividad de éstas se puede hacer a cincuenta metros del suelo, pero también a dos metros.

-Tienen más miedo los padres que los niños que participan en estas actividades...

-Sí, los padres son muy proteccionistas. Además, hoy en día tenemos tanta información acerca de todo que lo evaluamos demasiado, y de ahí surge el miedo. Los monitores debemos trabajar con cautela y con medidas de seguridad, que cada vez son más adecuadas, pero los padres siempre ponen los límites.