La catedral acoge una exposición de pasos como preludio del futuro museo de la Semana Santa

La muestra incluye obras que se exhiben por primera vez fuera de su iglesia de origen La iniciativa coincide con la declaración de fiesta nacional

FERNANDO CABALLEROPALENCIA

Un pequeño recorrido por la Semana Santa de la capital y de la provincia. Un recorrido selectivo pero muy significativo del arte penitencial que poseen las cofradías de Palencia y algunas parroquias y conventos de la provincia. Son casi medio centenar de manifestaciones iconográficas que ilustran la Pasión, la muerte y la resurrección. Un preludio del Museo de la Semana Santa que se proyecta, coincidiendo con el primer año en que esta celebración ha tenido la declaración de fiesta de interés turístico nacional.

Una pequeña introducción permite reflexionar sobre esa dualidad de la muerte y de la vida. La primera está representada en el 'Cristo Crucificado', de Alejo de Vahia, titular de la cofradía de Jesús Crucificado y Nuestra Madre Dolorosa, uno de los más importantes de la Semana Santa de Palencia. La vida se representa en un 'Cristo Resucitado', atribuido a Juan de Ávila (siglo XVIII) y procedente de la iglesia museo de San Francisco de Ampudia.

Con este prefacio, que anuncia la belleza artística que seguirá la exposición, se inicia el primer capítulo, dedicado a la Pasión vivida por Cristo, con obras conocidas de la Semana Santa palentina, como la popular 'Borriquilla', de Víctor de los Ríos, de la cofradía del Santo Sepulcro. En este capítulo aparecen dos manifestaciones de la imaginería contemporánea: 'El Lavatorio', de Melchor Gutiérrez, y la 'Traición de Judas', de Carlos Guerra del Moral, este último paso estrenado en la pasada Semana Santa. Son dos formas diferentes de concebir la iconografía penitencial. Melchor Gutiérrez se muestra más preocupado por los pliegues de unos paños vistosos y preciosistas y las formas barrocas de los cuerpos, mientras que Carlos Guerra intenta captar el momento de la felonía a través de unos rostros muy bien conseguidos, especialmente el de Jesucristo. Obras menos conocidas pero muy interesantes son el 'Cristo del Perdón' (siglo XVIII), de la Orden Francisca Seglar, y la 'Oración del Huerto, de finales del XVI y procedente de las Claras de Carrión, donde desfila en el interior del convento.

El segundo capítulo está dedicado a las escenas de la Pasión y en él aparecen pasos muy significativos de Palencia, como 'Las Lágrimas de San Pedro', 'La Coronación de Espinas', 'Cristo de Medinaceli' 'Jesús Nazareno El Viejo', 'Cristo del Perdón', 'Longinos' y el 'Cristo de la Misericordia'. Pero el capítulo se enriquece con piezas como 'Los azotes', de Melchor García (1739), de la cofradía de la Vera Cruz de Carrión de los Condes; dos magníficas representaciones del 'Ecce Homo', de Aguilar de Campoo y Dueñas; la 'Virgen de los Dolores', de Osorno, de composición elegante, y 'María Magdalena', de Tomás de la Sierra (1724), una bella imagen de la cofradía de Jesús Nazareno de Palencia que no sale en procesión.

La imagen de la Virgen centra el tercer capítulo, donde además de pasos ya conocidos, como la 'Quinta Angustia', de la cofradía del Santo Sepulcro, el 'Cristo Yacente' de San Pablo; el Cristo del Desenclavo, de Miguel Ángel Rojo (2003) o la 'Piedad', de Arte Martínez (2004), se pueden ver piezas de un valor extraordinario, como el 'Cristo Yacente', de Antonio de Amusco, una obra que perteneció a la cofradía del Santo Sepulcro y fue vendida en 1935 a la parroquia de Cervatos. La cofradía de la Soledad posee un interesante busto femenino para vestir que podría corresponder a una Dolorosa, y de Paredes de Nava llega una 'Piedad' de 1500.

El cuarto capítulo, denominado 'Esperanza nuestra', acoge obras magníficas que no habían estado expuestas anteriormente al público, como el excelente 'Sagrario', de Quintanilla de Onsoña, del siglo XVI: o el hermoso 'Niño Jesús', del XVIII, procedente de la iglesia de San Millán de Baltanás. Un florido palio de Paredes de Nava, del XVIII; una custodia del convento de San Pablo de Palencia; y una 'Virgen del Rosario la Antigua', de Carrión de los Condes.