La elección del Día de Castilla y León

Creado como una sociedad anónima en 1976, el Instituto Regional eligió Villalar de los Comuneros como lugar para celebrar la fiesta autonomista

J. MORENOVALLADOLID
La elección del Día  de Castilla y León/
La elección del Día de Castilla y León

Como si fuera una sociedad anónima y con la intención de sortear la restrictiva ley de Asociaciones, un grupo de personas inquietas por la 'cuestión regionalista' puso en marcha en 1976 el Instituto Regional, la segunda asociación, que junto con la Alianza Regional, intentó tras la muerte de Franco incentivar el sentimiento autonomista en Castilla y León.

El Instituto fue el primer colectivo que convocó, hace ahora 30 años, la primera cita en la campa de Villalar de los Comuneros, que acabó con más de cuatrocientas personas dispersas que no lograron convencer a la Guardia Civil que el acto era más que una «comida campestre».

Su salida a la luz llevaba tiempo gestándose de la mano del abogado segoviano Carlos Carrasco, que estaba vinculado a reivindicaciones ecologistas a través de la Asociación Española para la Ordenación del Medio Ambiente, fundada en 1971. «Hice una convocatoria en mi casa a comienzos de 1975 con gente que trabajaba políticamente por Castilla y León. Eran personas que no militaban en partidos políticos, pero que luego muchos de ellos se integraron en la llamada Junta Democrática», recuerda Carrasco.

Allí se dieron cita Carlos Saénz de Santamaría, un economista que trabaja en el despacho de Ramón Tamames, o José Manuel García-Verdugo, que fue luego presidente del Ente Preautonómico de Castilla y León y del Consejo Económico y Social (CES). Entre las personas que se sumaron posteriormente estaban también militantes del Movimiento Comunista, entre los que figuraba Aurelio Quintanilla, convertido en fotógrafo de este primer Villalar político, el de 1976, cuyos participantes fueron disueltos por la Fuerza Pública. El catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Salamanca, José Luis Martín, también fue uno de los que se sumaron al Instituto Regional. «Para evitar el control de las asociaciones constituimos una sociedad a partir de la suscripción de 1.500 acciones de mil pesetas cada una», comenta Carrasco, que recuerda que durante la primera comida, a la que asistieron unas cuarenta personas, y que se celebró en la localidad burgalesa de Lerma, fue donde se acordó la creación.

Que la preocupación por el futuro de Castilla y León existía a la muerte del dictador lo demuestra que entre los presentes se encontraba el escritor Miguel Delibes y el historiador Julio Valdeón. «Fue la mayor concentración de regionalistas de peso que se dio en ese momento. Allí fue cuando se decidió que la fecha del 23 de abril era la que más representaba lo que fue Castilla y León y a lo que había llegado en esos años», dice Carrasco, que propuso el nombre para la nueva asociación.

La comunidad veía como el despertar autonómico nacional era palpable en Cataluña o el País Vasco y no quería dejar pasar el tren. A principios de abril de 1976, la localidad palentina de Paredes de Nava acogía un segundo encuentro del Instituto Regional, al que se sumaron representantes de los partidos, todavía en la clandestinidad. El escritor Andrés Sorel, profundo conocedor de la situación de Castilla y León, también acudió.

«Miguel Delibes se excusó y ya no volvió a participar en el Instituto, porque observó que los partidos políticos trataban de instrumentalizar al grupo. Ese quizás fue el origen del fracaso del Instituto Regional, ya que se permitió participar a los representantes de las formaciones que trataron de controlarlo», comenta Carlos Carrasco.

Esa apreciación se percibe también en algunos de los que vivieron en esos meses la incertidumbre política, y que trataban de adscribirse a los dos grupos autonomistas creados. La Alianza Regional, que promovió el jesuita Gonzalo Martínez, que era considerada más centrista, y el Instituto Regional, a la que se sumaron socialistas y partidos de extrema izquierda. Sobre quién fue la primera de las dos, Carlos Carrasco afirma que la «Alianza surgió como una respuesta al Instituto Regional».

La convocatoria

Como presidente del nuevo colectivo, Carrasco formalizó oficialmente la primera convocatoria para conmemorar la derrota de Bravo, Padilla y Maldonado en Villalar de los Comuneros.

Los cerca de doscientos socios que desembolsaron cada uno mil pesetas tenían claro que el camino hasta la villa comunera no iba a ser fácil. El programa previsto para el domingo 25 de abril incluía la intervención de oradores y la participación del Nuevo Mester de Juglaría, que ese mismo año puso música al poema de Los Comuneros, editado en 1972 por el leonés Luis López Álvarez, y el folclorista Agapito Marazuela, que durante años sufrió cárcel por su relación con la II República. El escritor Rafael Sánchez Ferlosio, también había comprometido su asistencia.

En un escrito remitido por el gobernador civil de Valladolid se decidió prohibir el acto amparándose en que «aún no había sido aprobada la nueva ordenación legal para el ejercicio del derecho de reunión y manifestación». Se argumentaba también que los actos del Instituto Regional «no eran los propios de las finalidades de una sociedad anónima» que decían ejercitar sus socios.

«Pese a que no se nos autorizó, nosotros optamos por acudir. Y fuimos con la idea que celebrar una comida campestre. El alcalde de Villalar, Félix Calvo Casasola, jugo un papel importante ya que convenció a la Guardia Civil que al menos teníamos derecho a comernos la tortilla en una era de su propiedad», dice Carrasco, que recuerda cómo tuvieron que pasar dos controles de los agentes que iban anotando las matrículas.

La exhibición de una bandera republicana en un árbol estuvo en el origen de la carga policial que disolvió a los 400 concentrados. «Los guardias salieron con caballos de unos corrales y sable en mano golpeaban a todo el que se cruzaba», comenta Carrasco, que añade que emprendieron una marcha haciendo sonar las bocinas hasta Tordesillas.

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