«No me gusta verme en el cine, no es bueno para la vanidad»

'Bienvenido a casa' rompe con los papeles de época para una actriz que sufre «siendo el centro de atención»

OSKAR L. BELATEGUIVALLADOLID
«No me gusta verme en el cine, no es bueno para la vanidad»/
«No me gusta verme en el cine, no es bueno para la vanidad»

Tiene nombre y porte de chica bien de Serrano, a pesar del corte de pelo con el que ha despedido a los personajes de época. Pilar López de Ayala rezuma tanta formalidad y contención como la maestra de 'Obaba'. El desgarro lo deja para heroínas de ficción tipo Juana la Loca, el papel que le puso en el mapa y le brindó un Goya con 24 años.

Fuera de la pantalla, la actriz madrileña no quiere existir. Rehuye cualquier pregunta que no se ajuste a los consabidos tópicos promocionales: personaje y película. Así que mejor despacharlos pronto. En 'Bienvenido a casa' -ya en los cines-, descubre que irse a vivir con su chico pone a prueba el amor, máxime si él tiene terror al compromiso y a la paternidad.

David Trueba viste con ropajes de comedia una aguda reflexión sobre el aprendizaje sentimental. Imposible averiguar si su protagonista ha experimentado en carne propia el gran salto del amor juvenil al amor adulto. «Ayer fue el estreno y solo he dormido dos horas. Me pillas en un momento bastante espeso».

-La pareja de 'Bienvenido a casa' resulta familiar. Ella con los pies en el suelo; él perplejo, aprendiendo a vivir espoleado por su chica.

-Hay una diferencia entre hombres y mujeres a estas edades. Nosotras estamos un poco más preparadas para asumir responsabilidades; vosotros tardáis un poco más. La película refleja lo que le puede pasar a una pareja en esas circunstancias. Hace pensar y no te da todo mascado. Habla de la vida.

-La mayoría de películas tratan del enamoramiento y la ruptura. Esta se detiene en lo que hay en medio: la rutina diaria, que es lo que pone a prueba a una pareja.

-Habla de la convivencia, del compromiso, de la preparación frente a las responsabilidades. Madurez, infidelidad Son temas muy profundos con los que todos nos podemos sentir identificados, pero David los aborda desde el humor. -Como actriz, un personaje de andar por casa resulta menos lucido que Juana la Loca.

-Eva es para mí una heroína, como tantas chicas preparadas para todo lo que les ha tocado vivir que llevan a cabo su proyecto vital trayendo un niño a este mundo frente a un novio que no asume sus responsabilidades. Una tía valiente que lucha por su pareja de una manera inteligente. Y en cuanto a la lucidez Yo creo que el mayor reto para un actor es representar la cotidianidad.

-David Trueba dice que usted es una actriz intensa y especial.

-No lo sé, intensa es un concepto tan amplio Supongo que me gusta trabajar los personajes a un nivel profundo. No me gusta el término obsesiva, pero creo que soy bastante concienzuda porque adoro este trabajo. Desde que leo un guión me engancho y me apetece descubrir más y más de ese personaje. Un análisis que dejas de hacer cuando te pone a actuar. En las películas vas descubriendo el personaje poco a poco, y en las primeras tomas ya puedes sentir la vibración de si está hecho a tu medida o vas a tener que buscarlo en diferentes lugares.

-¿Qué ha llegado a hacer por un personaje?

-He ido hasta el convento de Santa Clara, en Tordesillas, para Juana la Loca. Pero no me gusta hacer publicidad de mi método para preparar un personaje, se debe quedar en casa. Me divierto con el trabajo anterior a actuar.

Tensa ante la prensa

-Pero después prefiere no verse en pantalla.

-Cuando el trabajo ya está hecho no le doy más vueltas, me olvido para siempre. No me gusta verme, no creo que sea bueno para la vanidad. Procuro evitar mis películas, aunque antes me soportaba mucho menos, ahora me puedo ver sin criticarme. Sufro siendo el centro de atención.

-Qué contradicción siendo actriz, vanidosa por naturaleza.

-Es verdad. Siempre me acuerdo de una frase genial de Fernando Fernán-Gómez, que dice que no le gusta el teatro porque odia que le miren cuando trabaja. Le entiendo perfectamente. El trabajo de actor merece un respeto que muchas veces no se le concede, parece que es algo que cualquiera puede entorpecer en cualquier momento. Es un trabajo más, de acuerdo, pero estás más expuesta. Yo sigo poniéndome nerviosa cuando me miran.

-'Bienvenido a casa' homenajea con cariño la profesión de periodistas. ¿Qué percepción tiene de nosotros?

-Me viene a la cabeza una relación de trabajo, profesional. No pienso en un pesado que viene a la carrera con un micro, pero no lo asocio con algo relajado. Yo soy actriz para expresarme de alguna manera, pero prefiero hacerlo en las películas que contándolo. Siento respeto por vuestro oficio, y no he tenido experiencias muy terribles. Aunque, claro, hay muchas clases de periodistas

-¿Qué pregunta le suele incomodar?

-Todas las que se refieren a lo personal, ahí ya me pongo tensa, porque no tengo ninguna necesidad de explicarle a la gente cómo soy. Además, es contraproducente para ser actriz: lo mejor de este oficio es que se sepa de ti lo menos posible. No creo que sea bueno darte a conocer más allá de un cierto grado de exposición para promocionar la película o a ti mismo. Hay unos límites que me pertenecen.

-¿Qué está dispuesta a hacer para preservar esa intimidad?

-Nada. Pido respeto y espero que la gente lo entienda. Es mi elección no darme a conocer más de la cuenta. Ya hay mucha gente que habla de sus problemas en los medios y a nadie le interesa.

-Las audiencias no dicen eso

-Bueno, interesa porque no se dedican a este oficio.

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