Correcta puesta en escena

FERNANDO HERRERO

Esta interesante obra de Calderón de la Barca fue estrenada hace unos años por el teatro Corsario. Vuelve ahora de la mano de Eduardo Vasco y la Compañía de Teatro Clásico. Es un texto casi utópico en el que los moriscos son tratados de forma mucho más noble y honesta que en la realidad. Al tiempo que se plantea la contienda política y guerrera, una historia de amor tiene un final trágico. El verso difícil y hermético de Calderón, riquísimo conceptualmente, es la entraña de la obra en la que los diversos personajes, incluidos esos cómicos que tanto le gustaban, se expresan en esta doble tendencia que no es muy usual en la obra del autor de 'La vida es sueño'.

La puesta en escena de Eduardo Vasco es sobria, correcta y también poco imaginativa, con tonos muy oscuros, con una escenografía única, que por medio de paneles va cambiando levemente, los personajes se expresan en una frontalidad un tanto estática. Son mejores los momentos colectivos, en los que parecen surgir de un campo fantasmagórico, los moriscos y sus ritos frente a los militares españoles. Falta también una tensión en los intérpretes para que esta historia de multiculturalidad y de Eros y Tanatos toque la fibra del espectador. Diríamos que es un montaje excesivamente clásico, que hubiera necesitado una mayor capacidad de ruptura.

La interpretación es, asimismo, correcta y desigual. Incluso Joaquín Notario o Pepa Pedroche están mejor en algunos momentos que en otros. Se nota el trabajo realizado para captar el tremendo verso calderoniano entre la musicalidad o el sentido. Jordi Dauder, Toni Misó y Juan Meseguer, por ejemplo, cumplen de forma más ostensible, sin que el resto desmerezca, dentro de esa concepción, a mi juicio no demasiado convincente, del tratamiento de los clásicos.

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