Nitratos y despidos

V. M. V.VALLADOLID
Nitratos y despidos

La futura instalación de empresas en los terrenos de Nitratos de Castilla enterrará la historia de una empresa convertida en protagonista de muchas páginas de EL NORTE DE CASTILLA. El periódico ha seguido la evolución de la firma y sus trabajadores, desde que se fundó en el año 1940 hasta que, el 23 de junio de 1993, el Ministerio de Trabajo autorizó el cierre y el despido de 266 empleados. Después de 13 años, las luchas sindicales se han transformado en un acuerdo que permitirá acoger nuevas empresas en los terrenos antes ocupados por Nicas. El principio del fin -certificado ayer sin posibilidad de vuelta atrás- comenzó en el año 1985, cuando el Gobierno decidió reconvertir el sector de fertilizantes. Al año siguiente, explosivos Río Tinto entraba en Nicas como socio mayoritario y en 1988, Fesa Fertilizantes asumía ese paquete de acciones. En 1989 la empresa vivió de nuevo un plan de reconversión, lo que provocó un gran ajuste de plantilla a través de un sistema de bajas con prejubilaciones. Esto implicó la salida, hasta 1991, de 249 trabajadores (el 47,6% de la plantilla).

En junio de 1993 el Gobierno autorizó la conversión de Nicas en un centro de recepción, almacenamiento, ensacado y distribución de productos terminados para su zona de influencia. Necesitaría ocho trabajadores. Los otros 266 engrosarían las listas del paro o se acogerían al plan de jubilaciones anticipadas (solo los mayores de 55 años).

Los trabajadores se desvincularon de los sindicatos -aseguraron que no les representaban- y los tribunales entraron en acción. El Tribunal Superior de Justicia y posteriormente el Supremo declararon nulos los despidos por considerar que no existía una causa directa para el cierre de la factoría. La empresa, que encontró salidas legales, aseguró que la reestructuración nacional del sector de fertilizantes obligó a clausurar la fábrica vallisoletana. Las protestas laborales se prolongaron en el tiempo -con encierros en la consejería de Industria, manifestaciones ante la fábrica- y hubo esperanzas infundadas por declaraciones, como las de Tomás Villanueva en 1999, que advertían de una posible reapertura que nunca se llegó a producir.

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