Un ganadero denuncia la muerte de ocho de sus ovejas tras el ataque de una manada de lobos

C. B. E.SEGOVIA

Por desgracia no es la primera vez ni la última en la que se denuncia un caso similar. Un ganadero de la localidad de Otones de Benjumea ha presentado la consiguiente denuncia ante la Guardia Civil por el ataque sufrido por su rebaño. Al parecer, el pastor indica que han sido los lobos los culpables.

Los daños no son una cuestión baladí, señala el afectado. El ataque se ha saldado con ocho ovejas muertas. El suceso tuvo lugar durante la madrugada del jueves al viernes, en el término municipal de Otones de Benjumea.

Por la mañana del viernes, cuando el ganadero se despertó, se encontró con la desagradable sorpresa de que ocho de sus reses estaban muertas. Otras veinte estaban malheridas, sangrando, con mordiscos evidentes y restos del ataque sufrido.

El pastor llamó inmediatamente a la Guardia Civil, que acudió al lugar de los hechos para verificar las pérdidas y las causas. «Sacaron unas fotos y se fueron para hacer el informe», comenta el ganadero afectado por este nuevo asalto de los lobos. Después, dio parte al Servicio de Protección de la naturaleza (Seprona).

Mientras observaba el panorama, tuvo que extender un cerco alrededor del corral para proteger los cadáveres de la entrada de los numerosos buitres que se amontonaban en busca de la carroña y de los restos.

Las otras pérdidas

El ganadero culpa a los lobos de la muerte y de las heridas causadas a las ovejas del rebaño. Y es que ya tiene experiencia en este tipo de agresiones contra su cabaña, que la forman más de seiscientas unidades. Por eso diferencia entre el asalto de un lobo de cualquier otro cánido. En otras ocasiones sus reses ya han sufrido al menos dos ataques, pero fueron de perros por la forma de los mordiscos y de las dentelladas que dejaron marcadas en los cuellos y cuerpos de los animales.

Además de las pérdidas económicas, el pastor se refiere a otro tipo de problemas. En este sentido, el afectado explica el miedo paralizante y «el berrinche» que sufre el resto del rebaño, lo que le impide la explotación adecuada y completa de las ovejas. Por eso pide más medidas de control.