Maestros artesanosEl futuro en manos de las ferias, la promoción y los sellos de calidad

Los empresarios del cuero y la cecina buscan sellos de calidad que garanticen sus producciones

SORAYA DE LAS SÍAS S. S.VILLARRAMIEL<br> <br>VILLARRAMIEL
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Maestros artesanosEl futuro en manos de las ferias, la promoción y los sellos de calidad

Es una de las cabeceras de Tierra de Campos que siempre ha contado con más actividad fabril. No en vano, son famosos los curtidos y las cecinas de equino de Villarramiel, pero años antes también lo fueron los maestros cardadores de lana, los tejedores e hiladores de estameñas y los pellejeros. Este predominio de la actividad industrial frente a la agricultura y la ganadería, al contrario que en otras localidades de la comarca, ha imprimido a los villarramelienses un caracter especial, emprendedor y comunicativo.

Hace años más de medio centenar de familias se dedicaba al curtido de la piel. Hoy apenas son siete las empresas que se dedican a esta labor, pero algunas han logrado con el paso de los años y de las generaciones sobrepasar el ámito familiar, introducir nueva maquinaria, ampliar sus instalaciones y contar con una plantilla de diez trabajadores. Es el caso de Curtidos Atienza, que ahora regenta José Ramón Atienza, quien por el recorrido de sus tres naves explica el proceso de curtición del cuero, desde que entra en las intalaciones, procedente de diferentes rincones de España, Francia o Estados Unidos, hasta que está listo para venderse en Andalucía o en el extranjero, en los mercados italianos.

El proceso comienza con la limpieza del cuero, para lo que se le introduce en bombos con agua para remojarlo y facilitar así la tarea posterior de pelado. A continuación se le elimina la grasa y la carne y se le introduce en otro bombo para proceder primero al piquelado o curtición en blanco y, después, a la curtición vegetal con el empleo de cortezas de árboles exóticos, como el quebracho o la mimosa, que se importan de Argentina. La labor siguiente es imprimir color al cuero, para lo que hay una amplia gama de colores que van más allá de los negros y marrones. Después se engrasan las pieles con una mezcla amarillenta elaborada con sebo de vaca y cerdo y con aceites vegetales. Una vez untadas, las piezas se colgarán un período mínimo de seis días para que se sequen. Se las estira, engrasa y vuelve a colgar y, finalmente, se las calibra. Si la pieza es gruesa se destinará para elaborar guarnicerías, correas para caballos, fundas de escopetas o botas camperas. Si es más fina servirá para la marroquinería, bolsos y cinturones. La otra gran tradición de Villarramiel es la cecina de equino. El proceso de elaboración es más sencilllo y menos laborioso, aunque no por ello menos artesanal. Comienza con el despiece de las paletillas, para proceder después al salado y adobado de cada una de las piezas. A continuación se las cuelga en salas y cámaras con una temperatura adecuada, donde pueden permanecer desde tres meses como mínimo hasta los ocho como máximo, dependiendo del tamaño y el grosor de cada paleta.

A pesar de tratarse de un producto gastronómico de gran calidad, la profesión se ha visto muy aminorada, ya que solo hay cuatro empresas dedicadas a elaborar cecinas. Para evitar un freno mayor de la producción, hace años decidieron formalizar la Asocición de Productores de Cecina de Equino de Villarramiel, ahora presidida por Emeterio Sánchez. «Era la única salida que nos quedaba para luchar por nuestros intereses. El sector está abocado a desaparecer, porque la gente no demanda carne de caballo. La única salida que nos queda son las ferias y la obtención de un sello de calidad que nos garantice la producción», señala Sánchez.

Los curtidores también basan su proyecto de futuro en conseguir para los maestros artesanos del cuero un sello de calidad que mejore sus expectativas. «Además puede contribuir a unir a la los pocos que nos dedicamos a la profesión, que vive momentos delicados por la competencia desleal entre compañeros», señala Atienza.

Dos tradiciones de Villaramiel que siguen llevando el nombre de esta localidad terracampina por muchos rincones del país. Sin embargo, ávidas de un mayor impulso a la profesión y a la propia producción, buscan nuevas alternativas que las mantengan al frente de la economía villarrameliense. Próximo pueblo: Boada