Aquel viejo muelle

El Ayuntamiento estudia rehabilitar la Casa del Canal de Castilla y convertirla en albergue para los viajeros que pasean por el ramal de Campos

SORAYA DE LAS SÍASCAPILLAS

La luz hiriente y fría de los días invernales busca su reflejo en el agua, pero apenas se puede ver con nitidez. Escondido entre una espesa masa de juncos y contando al fondo con el fiel testigo de dos palomares de Tierra de Campos, se esconde el viejo muelle donde hace décadas llegaban a Capillas las barcazas que navegaban por el Canal de Castilla. Por entonces, esta arteria fluvial se había convertido en un verdadero oleoducto de energía, aquí llegaban madera y carbón de la zona norte, y de aquí salía con destino a otros confíneres el oro terracampino: los cereales.

No quedan rescoldos que hagan pervivir esta historia. Sin embargo, el Ayuntamiento piensa que aún le queda algo a lo que aferrarse para evitar que Capillas desaparezca en los libros o guías sobre el Canal de Castilla. El Consistorio ha solicitado a la Confederación Hidrográfica del Duero la cesión de la Casa del Canal, que fue utilizada por los vigilantes y cuidadores. «Hace años que está deshabitada y se está dejando estropear, sobre todo el tejado. Por eso hemos pensado que el Ayuntamiento, con la ayuda de las instituciones, podría asumir el coste de su rehabilitación y su reconversión en un albergue para los viajeros que pasean por este ramal», señala el alcalde de Capillas, Benito Usano.

No solo la actividad del Canal ha desaparecido. Con el paso de los años, Capillas ha ido perdiendo poco a poco muchos atractivos que le configuraban y presentaban al resto de los pueblos de la comarca como localidad original. De sus cinco iglesias, solo queda en pie la de San Agustín. Junto a ella tampoco queda nada de lo que en su día fue el Hospital de las Monjas, que se derribó en la década de los setenta. «Si no se hubiera tomado entonces esta decisión errónea, hoy tendríamos un local como centro cultural para el pueblo», comenta el regidor.

La nostalgia de los vecinos les hace revivir los tiempos en los que Capillas tenía casi un centenar de casas abiertas y las escuelas albergaban el bullicio de sesenta niños. El sobresalto de despertar de este grato sueño no les asusta, porque son conscientes de que hoy apenas cuentan con cuarenta casas abiertas y tres niños que a diario acuden en autobús al colegio de Villarramiel, además de los restos de muralla y del arco sobre el que se levantó el Ayuntamiento y que ahora sufre graves problemas en su estructura debido a la humedad.