Una manifestación sin líderes

Cientos de palentinos acudieron ayer a la Plaza Mayor para presenciar la matanza del cerdo y degustar una merienda con productos porcinos

R. S. R.PALENCIA
Una manifestación sin líderes/
Una manifestación sin líderes

Preguntaba por la mañana una señora un tanto despistada que qué manifestación era aquélla que había logrado concitar a tantas personas en la Plaza Mayor, y bien podía habérsele contestado que una concentración en defensa de la tradición, de las costumbres, de los hábitos ancestrales, y también de exaltación de la gastronomía, del 'marisco' de Castilla, del peso de alimentos que tanta hambre han quitado. Habría que haberle contestado también que el acto era de carácter silencioso, solo interrumpida la falta de ruido por unos chillidos tan reconocibles al oído de cientos, miles de personas que, por lo menos una vez al año, se han reunido en tantas y tantas ocasiones en torno al banco de un corral para cumplir con el rito de la matanza del cerdo. Y lo era por la expectación que se acertaba a ver entre los niños, que lo mismo son capaces de alarmarse por un simple rasguño en un dedo que se quedan tan campantes viendo hendir el cuchillo en la garganta y sangrar al animal, y por gratos recuerdos que volvían a la mente de los mayores al rememorar lo que en otras épocas era motivo de fiesta. Obviamente, también era silencioso, porque uno no puede hablar mientras llena la boca con pastas, chichurro, orujo de café de Lantadilla o morcilla, y ayer había provisiones y ganas como para quedarse todos mudos.

Los líderes de la manifestación fueron los dos cerdos a los que el matarife Demetrio Villada dejó poco margen para regocijarse en loor de multitudes. Ellos coparon todo el protagonismo en el Día de la Matanza, una actividad que ha venido a revitalizar la festividad de Las Candelas y evitar el éxodo de muchos palentinos que aprovechaban el día de descanso para hacer excursiones fuera de la ciudad o efectuar compras en la vecina Valladolid. Si en años anteriores, la iniciativa tuvo buena acogida, ayer la Plaza Mayor se convirtió en un hervidero de personas que, sin más carné ni afiliación de por medio que el gusto por el yantar, participaron activamente de la fiesta.

A las 12.30 horas se iniciaron los actos lúdicos con la matanza de los dos cerdos. Primero uno, de unos 115 kilos, al que se aturdió con una descarga eléctrica -o las farolas necesitan poca corriente, o el gorrino era de armas tomar, porque los matarifes se las vieron y se las desearon al principio para que el animal recibiese la dosis necesaria- antes de que el filo del cuchillo entrase en su garganta. Se procedió después al sangrado -unos cinco o seis litros de sangre se recogieron del animal, que se removieron en un recipiente por la mano de uno de los matarifes para que la sangre no cuajase- y al chamuscado con paja de cebada -lo ideal, según los entendidos, es paja de trigo, que tarda más en arder-. Tras extraer las vísceras, se colgó la canal del cerdo en una escalera para que el frío orease la carne. Y acto seguido, el otro gorrino, al patíbulo.

Mientras, orujos iban y pastas venían. Por un solo euro, todos los presentes volvieron a desayunar, tomaron el aperitivo, renovaron vajilla -se regalaba el cuenco con la sopa de chichurro- y más de alguno casi se echa un sueñecito al sol en un banco de la plaza. Y a hacer hueco en el estómago para la merienda, programada a las 18 horas, aunque ya un rato antes había 'clientes' en la plaza. Con puntualidad británica comenzó a servirse el pan con chorizo, lomo, torreznos y morcilla, y los más mayores fueron los primeros en saltarse a la torera el colesterol, dando buena cuenta de los casi 300 kilos de comida. Así terminó la manifestación, con los líderes en horas bajas y un mitin que caló muy hondo en los estómagos de los palentinos.