Ruffus

JOSÉ JAVIER ESPARZA

LA retirada del programa de Pepe Navarro en TVE 1 era inevitable desde sus primeros compases. A pesar del espejismo de su estreno -ya señalamos aquí que no había que fiarse del 'share' del primer día-, bastaba ver 'Ruffus & Navarro' para percibir un claro aroma a derribo y escombro. Ese aroma procedía de dos grietas. Una, el aire de expectación creado por el propio Navarro, que se había presentado a sí mismo como el salvador de la noche de TVE; crear unas expectativas así de altas era tanto como aumentar las posibilidades de frustración.

La otra grieta de 'Ruffus & Navarro' era el corte del programa: Pepe Navarro, que fue quien abrió la línea del 'late night' chabacano y faltón en España, no podía volver tantos años después como si no hubiera pasado el tiempo; era como tratar de resucitar el 'western' a base de episodios de 'Bonanza'. En estos 18 programas, Navarro solo ha demostrado que la televisión ha cambiado mucho, tanto en vicios como en virtudes, y que él ha quedado al margen de esos cambios.

Al final, el veredicto más ajustado es el de la imitación de Cruz y Raya: un gran 'showman' perdido en el laberinto de su propio espectáculo. Con todo, la defenestración de Pepe Navarro posee un valor suplementario porque su caída se añade a la de otros grandes nombres del pasado que TVE intentó recuperar y que han corrido la misma (mala) suerte. La era Caffarell ha arruinado el futuro televisivo (al menos, en las cadenas de ámbito estatal) de Julia Otero, otra regeneradora que defraudó todas las expectativas.

Ha hecho fosfatina, asimismo, el discutible prestigio de Wyoming, cuya 'Azotea' ha sido uno de los fracasos históricos de TVE. Del mismo modo ha roto la larga trayectoria de éxitos de Rosa María Sardá, cuyo arrogante papel en la 'Abuela' de Rosa Regás le granjeó la indiferencia del público.

Ahora, para sustituir a Navarro se nos anuncia un programa dedicado a la revista musical, con lentejuelas y esas cosas.

Lo mismo ocurre con esa extravagancia de echar a Garci y poner en su lugar a Jesús Quintero, otra vieja gloria. Respecto al programa de Quintero, y por lo que se va sabiendo, puede apostarse con toda seguridad a que obtendrá unas cuotas de pantalla levemente superiores a las de Garci, pero muy lejanas del mínimo apto para la competencia.

Será un paso más hacia el abismo en esta TVE que, bajo la batuta de Caffarell, encadena fracaso tras fracaso sin el menor descanso. Este equipo iba a regenerar la televisión pública. De momento, ya la ha sumergido en la peor crisis de su historia.