Mujeres de película

JESÚS MAZARIEGOS

EL teatro siempre ha sido un buen lugar para el cine. Y para la pintura. Durante estas Navidades los segovianos hemos podido disfrutar de los mitos femeninos de la pantalla pero con la calidez y la cercanía de la pintura. La pintura de José Luis López Saura.

Son como diosas de carne y hueso pero tan inaccesibles que suele ocurrir que pasamos por la vida sin haberlas visto jamás de verdad y de cerca. Por esa razón, para los efectos, son imágenes, imágenes mágicas, iconos sagrados de nuestro tiempo, fetiches hechos foto, cartel o cuadro. Me refiero a algunas actrices de cine que han alcanzado la gloria y están en los paganos altares de la fama.

José Luis López Saura es un hombre que conoce bien las imágenes indelebles que deja el cine. Cuando vemos una película no nos damos cuenta de que pasan ante nosotros miles de imágenes fijas ni de que estamos la mitad del tiempo a oscuras. Es igual. Nuestra memoria, hace unos años, se quedaba con la imagen pintada en una inmensa lona que cubría una fachada entera de la Gran Vía madrileña. Ahora podemos ver más veces esa imagen, gracias a Internet y podemos ver a las diosas convertidas en icono mágico por obra de las mágicas manos de este pintor que ya lleva unos pocos años entre nosotros y empieza a ser conocido por la indudable calidad de su pintura. A José Luis López Saura pronto lo veremos con temas completamente distintos en las salas del Torreón.

Por su temática y su formato, los cuadros de esta exposición son buenos para cinéfilos empedernidos, establecimientos hosteleros y mitómanos irrecuperables. Tengo algunas dudas sobre si me gustaría comer teniendo enfrente a Lola Gaos y su copa de orujo, pero no dudo que sería delicioso hacerlo con Marilyn Monroe, con Elizabeth Taylor, con Audrey Hepburn, con Ana Belén o con Penélope Cruz. Y también con Alaska, con Nuria Espert o con Lola Flores.

Por la originalidad con la que están resueltos, me han llamado especialmente la atención dos de los tres cuadros de Marilyn, el del cartel rasgado y el del tren de 'Con faldas y a lo loco', así como el terrible de Irene Gutiérrez Cava, rodeado de frases tremendas sacadas de 'La Casa de Bernarda Alba'. Son verdaderamente admirables los dibujos de Boris Karloff y La Argentinita.

Esta exposición está impregnada de glamour y cosmopolitismo pero también hay un tributo a lo local en la imagen que homenajea y recuerda a la fugaz actriz segoviana Blanca de Silos. Como ésta no deja de ser una exposición de retratos, no es mala ocasión para reflexionar sobre la vinculación entre retrato y realismo, a consecuencia de la exigencia del parecido, pero también para considerar la aportación del hiperrealismo o fotorrealismo a este género, pues no hay que olvidar que lo que López Saura retrata no son mujeres sino fotogramas de mujeres, imágenes de mujeres. Por eso y por su temática urbana y mediática, esta pintura hay que situarla en la estela del Pop Art, del que el fororrealismo no deja de ser una parcela aneja e importante. En estas coordenadas encaja perfecta-mente el retrato de Penélope Cruz, por su gran formato y por el arrollador realismo que le da vida.

José Luis cuidó los detalles y ambientó la sala con música de películas y con una enorme cámara de proyección, una sala magnífica que no tiene otros problemas que los de horario.