«Si el público piensa al ver un cuadro, es que es bueno»

SORAYA DE LAS SÍASPALENCIA

David Urbón es un joven palentino de 24 años que estudia el doctorado de Dibujo en la Universidad de Barcelona y que aprovecha sus ratos libres para dedicarse a su mayor afición: la pintura. Además con el anhelo de que los trazados de los bocetos y las posteriores pinceladas vayan adquiriendo sentido propio a lo largo del proceso creativo, presentado así un significado y una sensación visual siempre únicas y originales. Durante sus vacaciones navideñas en Palencia ha decidido mostrar al público algunas de sus obras y ha organizado una exposición en El Cafetín, en la calle Padre Claret, 8, que se puede visitar todos los días en horario de tarde y noche.

-¿Qué se puede ver en su exposición?

-Son 16 obras que se dividen en dos bloques. El primero son dibujos y acrílicos de figuración o ilustración con un cierto aire surrealista. El resto son acuarelas que recogen imágenes de los típicos palomares que hay repartidos por toda la provincia, especialmente en Tierra de Campos y en la comarca del Cerrato.

-¿No son los palomares un tema demasiado manido para las exposiciones?

-Comencé a dibujar palomares hace tiempo, la mayoría por encargo, y sí es verdad que al principio puede ser algo muy socorrido o presente en las exposiciones, pero he tratado de otorgarles un significado y un punto de vista diferentes, lo que les confiere un sentido y una personalidad propios y que les hacen distintos del resto.

-Organiza la exposición en un bar, ¿es que es necesaria una copa para entender el arte?

-Elegí El Cafetín para mostrar allí los cuadros porque es el primer lugar donde expuse por primera vez mis obras, hace ya seis años. Es otra forma de ver e interactuar con el arte, no es una sala de exposiciones silenciosa o fría, y te permite disfrutar de un cuadro conversando con los amigos y tratando de darle algún significado.

-Entonces, las obras valen para mandar mensajes...

-Sí, claramente. Para atraer al público a una exposición hay que llamar su atención, y esto se consigue, desde mi punto de vista, con obras surrealistas y reivindicativas, y no con productos masticados. Los cuadros que sugieren mil significados a la vez, que son un puzzle de sensaciones, son los que hacen que el público tenga que parase a pensar y a rumiar qué es lo que está viendo y cuál es el mensaje que se transmite, y eso es otra forma de reivindicar.