Un mensaje de paz con oro, incienso y mirra

La cabalgata de Reyes finalizó en la Plaza Mayor con los mensajes de paz de los tres Magos de Oriente y con una representación teatral de la adoración del Niño Jesús

SORAYA DE LAS SÍASPALENCIA
Un mensaje  de paz con oro, incienso y mirra

Pasaban pocos minutos de las ocho de la tarde cuando un heraldo real anunciaba en las escalinatas del Ayuntamiento de Palencia la llegada a la Plaza Mayor de los Reyes Magos de Oriente y todo el séquito que les habían acompañado en el desfile por las calles de la capital. Así las fanfarrias y tambores precedían a los soldados romanos, a los pastores y a los tres primeros protagonistas: San José, la Virgen María y el Niño Jesús. A continuación, entre la mirada atónita y la agitación de los más pequeños, hacían acto de presencia Melchor, Gaspar y Baltasar, recibidos por el alcalde de la ciudad, Heliodoro Gallego.

Mientras sus Majestades se reunían con el regidor, todos los asistentes entonaban el tradicional villancico del Ea, el mismo con el que los palentinos dieron la bienvenida al 2006 el pasado domingo en la iglesia de San Miguel, acompañado de un grupo de danzas.

Posteriormente, y ya asomado en el balcón del Ayuntamiento, Heliodoro Gallego daba la bienvenida a los vecinos congregados en la plaza y lanzaba un mensaje de paz para todos. «Esperemos que el 2006 sea el año en el que se consiga la paz en todos los rincones del mundo, se colme de maravillas y de armonía y brille la tolerancia y el respeto», señaló Heliodoro Gallego.

Los Magos de Oriente continuaron con los buenos propósitos y deseos de paz para el nuevo año durante su intervención, antes de dirigirse al pesebre y participar en una representación teatral acerca de la adoración al Niño Jesús y la entrega de las tradicionales ofrendas: el oro, el incienso y la mirra, en tributo a la realeza, la divinidad y el dolor del nuevo rey de los judíos.

Una colección de fuegos artificiales y la suelta de tres palomas simbolizando la paz ponía fin a una tarde de ilusión. Seguidamente, sus Majestades abandonaban la plaza, ya que tenían una larga noche de trabajo para entregar los regalos. A los niños solo les quedaba dejar los zapatos colocados y acostarse pronto para madrugar rodeados de juguetes.