Oficinas y salas de estética acusan más dificultades para prescindir del cigarro

Trabajadores y clientes están ya acostumbrados a evitar el cigarrillo en tiendas de textil, piel y alimentación La entrada en vigor de la norma y el comienzo del año ha motivado a numerosos zamoranos a dejar el hábito

ASUN GARCÍAZAMORA

«Llevo aquí desde las nueve de la mañana y no salgo hasta las dos y media; estoy deseando tener que hacer algún recado para fumar». Quien a media mañana empieza ya a sufrir la ansiedad de la falta del habitual pitillo es Esther Juanes, trabajadora de una peluquería en la primera jornada laboral sin humo. En este tipo de establecimientos y en los de estética es donde se han acusado más dificultades entre trabajadores y clientes para la implantación de la ley. Y es que, precisamente, este lunes era un día de escasa actividad en el negocio, lo que le dejaba más tiempo para pensar en el tabaco. En el otro lado, la dificultad para los clientes es el tiempo de espera sin encender un cigarro, hasta el punto de que una usuaria de una peluquería amenazó con no volver si no le dejaban fumar.

Esther no se ha planteado abandonar el tabaco, pero quien sí piensa aprovechar la prohibición para dejar de fumar definitivamente es su compañera, Belén García. Aunque en ese momento no hay clientes esperando, ambas evitan salir a la calle, «porque, seguramente, al jefe no le gustaría».

Noelia Seisdedos trabaja en un salón de estética. Ella dejó de fumar hace dos años «y con el dinero que ahorré me fui una semana a Suiza». En el local, al igual que en el anterior y en la mayoría de los de este tipo de la ciudad, aún no se ha colocado el cartel de prohibición, pero, de momento, no se ha visto obligada a pedir a nadie que tire el cigarro, «es poco habitual, incluso cuando se podía fumar ya era mucha la gente que salía a fumar fuera».

Precursores

Donde tampoco se ha colocado el cartel, y la totalidad de los consultados afirman que no es necesario, es en tiendas de textil -tanto de vestir como del hogar- y calzado. En una céntrica zapatería de la calle Santa Clara todavía conservan los ceniceros, «pero no hemos tenido que decir a ni un solo cliente que apague el pitillo; ya desde hace mucho se quedaban fuera a terminarlo antes de entrar», explican los dueños.

Lo mismo afirma Concepción Vallina, propietaria de una tienda de ropa: «En 24 años no he permitido fumar ni he fumado en la tienda. No he puesto el cartel ni pienso ponerlo, aunque tenga que pedir a alguien que deje fuera el cigarro. Pero la gente cada vez es más respetuosa y no entra con él». Tampoco en el resto del comercios del sector se han detectado casos en los que entraran clientes fumando, y menos en los de alimentación, donde ya era mínimo el número de personas que fumaban dentro del local. Y hay negocios en los que por convicción de sus dueños no se fuma desde hace tiempo. Es el caso de una tienda de saneamientos que exhibe en diversos lugares la advertencia; o un quiosco de golosinas, donde ni se vende tabaco ni se permite fumar.

Aguantar el tirón

Con leyendas como «Gracias por no fumar», «Espacio sin humos», o el conocido anagrama rojo en diversidad de tamaños y formas, es más habitual ver ya en las oficinas el cartel de prohibición. Es en estos puesto de trabajo, de entidades bancarias, despachos profesionales, de agencias de seguros o de inmobiliarias, donde también admiten que les cuesta «aguantar tantas horas sin el cigarro». Alguna salida para el café o por cuestiones de trabajo ayuda a romper la abstinencia, si bien la postura más extendida es la de «aguantar el tirón» de la jornada.

También en este sector hay quien se ha adelantado. Aurelio Alonso, propietario de una inmobiliaria tiene ya desde hace tiempo el cartel de «espacio sin humos», y ha decidido aprovechar el comienzo del año para dejar definitivamente el tabaco.