¿Y el purito de Pepe?

La nueva ley supone un trauma en los bares de los pequeños pueblos, en los que se vende el tabaco suelto y que suelen tener las cajetillas en el mostrador

TEXTO DEC. B. E.

HA empezado ya otra cuenta atrás. Es la de las discotecas, salas de fiestas, restaurantes, mesones y figones para adaptar sus negocios a la norma. Ocho meses, hasta el 31 de agosto, para habilitar espacios sin humos en las instalaciones.

Pero además la nueva ley antitabaco plantea otro problema dentro del sector hostelero. Se trata de los pueblos pequeños acostumbrados a dispensar cigarros, puros y puritos sueltos en lugar de disponer de una máquina expendedora.

El presidente de los hosteleros de Castilla y León, Ángel Velasco, señala que hay más catorce mil establecimientos, entre bares, restaurantes, cafeterías y hoteles. Este sector genera más de sesenta y cinco mil puestos de trabajo directos, «pero además venden lo que otros producen y fabrican, por lo que hay miles de puestos indirectos».

El problema de los bares de algunos pueblos pequeños, con con cuarenta o cincuenta habitantes, es que no van a poder vender «ni el Farias para la partida de cartas o el paquete de tabaco, porque les obligan a tener una máquina expendedora», que solo suministra cigarrillos, explica el presidente del sector.

«Si queremos ganar la primera batalla, que es la de evitar las multas, tiene que desaparecer en primer lugar la publicidad del tabaco o los paquetes que pueden estar sueltos por detrás del mostrador», añade Velasco.

Muchas costumbres, por nocivas para la salud que sean, van a cambiar. Y sino, basta con pensar un domingo oyendo los partidos de fútbol en la radio sin el famoso: «¿Pepe, un purito!».

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