Tres mil palentinos inician el año con el Bautizo del Niño

La Cofradía Dulce Nombre de Jesús premia con una medalla la labor de Rafael Palmero al frente de la diócesis palentina Políticos y devotos volvieron a sacar a hombros la imagen del Niño Jesús al compás del popular villancico 'Ea'

SORAYA DE LAS SÍASPALENCIA
Tres mil palentinos inician el año con el Bautizo del Niño

Alrededor de 3.000 palentinos volvieron a entonar ayer, como cada Año Nuevo, el tradicional villancico 'Ea' congregados en la iglesia de San Miguel con motivo de la tradicional fiesta del Bautizo del Niño, reconocida como de interés turístico regional desde finales de 1999. El acto, organizado por la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, comenzó a las 16.45 horas con el rosario y continuó con la renovación de las promesas del bautismo y la procesión dentro del templo, encabezada por el estandarte y seguida por los cofrades, que abrieron paso al niño, que este año lucía un vestido nuevo de color blanco confeccionado por las monjas clarisas de Astudillo. Seguidamente, la procesión salió a la calle para dar la vuelta al templo. El alcalde de la capital, el socialista Heliodoro Gallego, el presidente del PP y consejero de Medio Ambiente, Carlos Fernández Carriedo, el subdelegado del Gobierno, Gabriel Castañeda, y el director territorial de Caja España, Florencio Herrero, abrieron el desfile procesional portando a hombros las andas con el pequeño Niño Jesús. A continuación le seguían el obispo de Palencia, Rafael Palmero, y el recién nombrado obispo de Mondoñedo-Ferrol, el palentino Manuel Sánchez Monge, a los que la cofradía organizadora ha decidido entregar una medalla en consideración por la labor que ha realizado el primero al frente de la diócesis palentina y el segundo, por su reciente cargo en Galicia.

El hermano mayor de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús, José María Casas Inclán, consideró que la decisión tomada en años anteriores de retrasar el comienzo del rosario y la procesión ha sido un acierto, a la vez que reseñó que la fiesta es tan popular que consigue arrastrar a miles de personas a pesar de celebrarse en la sobremesa de la comida de Año Nuevo. «Creo que cada año aumenta la participación de palentinos. Aún recuerdo cuando hace diez años que en la procesión alrededor del templo apenas se congregaban vecinos y estaba medio vacía».

José María Casas, hermano mayor de la cofradía desde el 2003, mostró ayer de nuevo su satisfacción por ostentar este cargo y destacó que el carácter religioso de la fiesta se mezcla con el sentir popular, de forma que es una celebración de la que disfrutan los palentinos. «Hay muchas familias y devotos que de alguna manera habían dejado anclada y olvidada la celebración de esta tradición. Ahora con la llegada de los niños a sus casas han vuelto a recuperar una fiesta que tiene más de 150 años de historia y trayectoria», señaló.

Interés nacional

José María Casas Inclán, anunció que la cofradía Dulce Nombre de Jesús ha evaluado positivamente el incremento de participación ciudadana «hasta el punto de considerar que es el momento idóneo para solicitar que esta celebración popular, familiar y religiosa obtenga la declaración de fiesta de interés turístico nacional», concluyó.

La procesión continuó por los alrededores del templo con una multitud agolpada entorno a la talla del Niño Jesús, que fue llevada a hombros posteriormente por varios concejales del Consistorio de la capital, a los que cogieron el relevo los cofrades, los propios obispos y los devotos, que se esforzaron por llevar la imagen alrededor de la iglesia de San Miguel, bailando al compás del villancico 'Ea', del siglo XIV. Ya fue en la salida de la plaza de San Miguel hacia la calle Obispo Lozano cuando la posibilidad de portar las andas se abrió a todos los palentinos. Sin embargo, los más fieles a la tradición permanecían junto a la iglesia de San Miguel, debajo de la Casa Rectoral, desde cuyos balcones se lanzaron 400 kilos de caramelos y confites, bajo los acordes de la Banda Municipal de Música de Palencia y del grupo de dulzaineros Hermanos Blanco.

Con la pedrea de los caramelos acababa casi una hora después el tradicional Bautizo del Niño, una fiesta ya arraigada en el calendario de actividades del Año Nuevo de la capital palentina y en la que se juntan mayores y pequeños, políticos y religiosos.

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