El vuelo 'low cost' de una palentina que acabó con un inesperado sobrecoste

Silueta de un avión comercial recortada contra el sol. /TIM SHAFFER
Silueta de un avión comercial recortada contra el sol. / TIM SHAFFER

Una joven denuncia la pérdida del móvil en un avión y la investigación determina que un piloto se apropió de él

Ricardo Sánchez Rico
RICARDO SÁNCHEZ RICOPalencia

A muchas madres les gustaría uno como yerno, con ese tipín y ese uniforme y esa gorra de 'heartbreaker', con ese donaire por los pasillos del aeropuerto y con las nóminas que deben 'meterse' cada mes. María Jiménez quería un príncipe o un dentista, pero seguro que con un piloto también se apañaba. Incluso aunque fuera poco agraciado físicamente. Si ya lo decía Manolo García, que aunque muy chico y muy feo, era piloto de aeroplano. Piloto es sinónimo de 'partido', aunque parece que no tanto. Será que en las compañías 'low cost' no pagan como creemos, o que alguno desarrolla 'hábitos' en absoluto recomendables, como el de la apropiación indebida.

De esos 'hábitos' fue víctima una joven palentina que el pasado mes de marzo se dejó su móvil en el asiento de un avión y que cuando hace muy escasas fechas recibió la llamada de los investigadores, se quedó perpleja. Su teléfono, un celular de menos de 200 euros que tenía ya menos batería que un triciclo, se lo había 'agenciado' un piloto.

«Me ocurrió en un vuelo entre Nuremberg y Madrid, viajaba con una aerolínea de bajo coste y al aterrizar en Barajas, antes de que pudiéramos bajar del avión, puse un 'whatsapp' a mis familiares para decirles que ya había llegado. Debí guardar mal el móvil y me lo dejé en el asiento del avión. Cuando llegué al parking, me di cuenta de que no lo tenía. Me fui a 'objetos perdidos' de la compañía y esperé a ver si el equipo de limpieza había encontrado algo, pero nada. Seguí llamando a mi teléfono a ver si me contestaban, pero a la media hora estaba ya apagado», hace hincapié la joven palentina, que presentó la denuncia en Palencia y decidió no bloquear su teléfono por si la compañía podía saber si alguien lo estaba utilizando.

«Me llamaron y me dijeron que lo había comprado una persona de Zaragoza a través de Internet, pero que el que lo había vendido era un piloto», añade la joven.