«Teníamos nuestra vida en Palencia y nos la han arrebatado»

Varias de las niñas posan de espaldas en la residencia de Melilla tras escribir al Defensor del Pueblo./El Norte
Varias de las niñas posan de espaldas en la residencia de Melilla tras escribir al Defensor del Pueblo. / El Norte

Una de las trece marroquíes devueltas a Melilla relata el «infierno» vivido en los últimos días

Álvaro Muñoz
ÁLVARO MUÑOZPalencia

«Teníamos nuestra vida en Palencia y nos la han arrebatado». Ese es el desgarrador testimonio de una de las trece jóvenes afincadas en Palencia desde hace tres años y devueltas a Melilla el pasado viernes, después de que el encargado de su tutela, el Gobierno de la ciudad autónoma, no pagase sus gastos. «No sabemos todavía por qué nos han trasladado a Melilla. Solo nos dicen que no hay dinero, pero en las noticias vemos que el Gobierno está dando mucho dinero a este tipo de centros», continuó esta joven, que no quiere desvelar su nombre, pero que habla en representación de sus doce compañeras.

La vida de esta marroquí cambió sustancialmente hace tres años, cuando llegó al mismo centro Eladio Alonso, donde reside en la actualidad. «Cuando entré en esta residencia esperé mucho tiempo hasta enseñar mi pasaporte. Transcurridas unas semanas me llevaron a hacer una prueba médica para determinar mi edad. En ese estudio llegaron a la conclusión de que tenía más de 17 años y que dentro de poco me iban a echar del centro. Menos mal que portaba el pasaporte para demostrar los 15 años que tenía en ese momento. En este centro, al igual que antes, solo buscan echar a la gente, por eso falsean esas pruebas», relató la joven, quien vio un hilo de esperanza al trasladarse a la residencia María Inmaculada de Palencia. «Estábamos genial, ya que estábamos las trece juntas (actualmente conviven con cerca de 80 personas) y las inquietudes de las educadoras eran los estudios y la integración. Eso en el centro de Melilla no existe. A las personas no les importa que hayamos dejado nuestra vida en Palencia, solo piensan en el dinero», continuó desolada con su relato.

La tranquilidad palentina contrasta con la angustia en la ciudad autónoma. Los temores han vuelto al seno de las trece niñas y ahora solo piensan en cómo volver a Palencia. «Dentro de un mes cumpliré 18 años. Tengo miedo de que me pase algo cuando esté fuera del centro. En Palencia solo me centraba en cómo enfocar mi futuro y ahora vivo con miedo de que me pase algo o me busquen. Por eso, cuando pase este mes, tengo claro que volveré a Palencia para terminar mis estudios en La Salle Managua y los cursos que empecé de catering con la empresa Eulen y Cruz Roja y el de geriatría en la propia residencia. Dejamos nuestra vida en Palencia y estaríamos encantadas de recuperarla», afirmó ayer esta marroquí.

«Estamos en una cárcel»

Esa ilusión por volver a su antigua vida se incrementa cada vez que recuerdan el hecho del pasado del sábado, cuando desvalijaron todos sus armarios. «El segundo día nos robaron la ropa los compañeros del centro. Nos abrieron los armarios, a pesar de que contamos con candado. Estamos como en una especie de cárcel para menores y no en un centro de educación», se lamentó la joven, quien critica el trato recibido por sus nuevos educadores. «No nos tratan bien y cuando lo comentamos con otros responsables, nos quitan la razón. Estamos muy jodidas porque el respeto no existe», continuó.

Pero los recientes problemas de estas marroquíes se agravan cuando analizan su situación familiar. En el caso de la menor de 17 años es más crudo, ya que tiene a los miembros de sus familias repartidos por el globo terráqueo. «Mi padre y mi hermana están en Francia y mi madre sigue en Marruecos, aunque no tengo contacto con ellos. Solo pienso en volver a Palencia para seguir estudiando», concluyó esta joven, que ha visto como en 24 horas su vida cambiaba. La esperanza de volver sigue instalada en el interior de estas chicas, que continúan añorando el calor de la ciudad palentina.

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